Opinión |12 Oct 2009 - 7:57 pm
Mentira analfabeta
Por: Rafael Orduz
YA LLEVA MÁS DE UN AÑO AL AIRE. La mentira viene envuelta en la vocecita de una niña, que pareciera estar recitando Rinrín Renacuajo. Se la puede imaginar haciendo semicírculos con los antebrazos, con la mirada puesta en lontananza, como la adiestraron los adultos, en este caso los creativos contratados por la Dirección Nacional de Estupefacientes y su agencia de medios. Fue lanzada en agosto de 2008 como piedra angular de una estrategia de comunicación educativa contra la producción y el tráfico de drogas ilícitas en Colombia.
¿Se habrán conmovido algunos actores del comercio de drogas? Es poco probable que la pieza pedagógica tenga efecto sobre los capos que organizan los eslabones de la cadena de las drogas, los líderes de las (¿nuevas?) Bacrim, los señores de las Farc, los bancos que reciclan el billete ilícito y los políticos financiados por algunos de los anteriores.
Lo que resulta indignante es la ignorancia. La caña de azúcar no es aguardiente, ni la vid vino, ni la papa vodka, ni la hoja de coca cocaína.
En los cinco mil kilómetros de cordillera andina, en la Sierra Nevada de Santa Marta, la hoja de coca ha estado, por siglos, vinculada a prácticas culturales, rituales y terapéuticas. La hoja de coca no mata. Lejos de ser destructoras, las indígenas son culturas de respeto por la vida. Al contrario, sus líderes son asesinados a diario por los apropiadores de territorios, entre ellos los organizadores de la cadena de las drogas.
La OMS ha abierto ya una puerta hacia el reconocimiento de la contribución del uso de la hoja de coca a la salud pública (Dic. 2006).
¿Para qué sirve hoy la hoja de coca? Un ejemplo lo da la peruana Empresa Nacional de la Coca creada en 1949, que divulga en internet el portafolio y sus propiedades terapéuticas: mate de coca, manzanilla con coca, infusión exótica (boldo y coca), hierba luisa con coca, cocalyptus, uña de gato con coca, entre otros (http://www.enaco.com.pe), benéficos para la digestión, la actividad respiratoria, tratamiento de artritis… Su carácter de empresa estatal de derecho privado y las historias de éxito de comunidades indígenas y campesinas, que derivan ingresos honrados del cultivo de coca, quizá puedan sugerir alternativas de política en determinadas regiones colombianas.
La pieza educativa en mención es sólo minúscula parte de esa inmensa equivocación a la que aludió la Declaración de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia en febrero de 2009, que reconoce el fracaso de la política vigente de guerra a las drogas.
El documento reconoce la necesidad de “considerar los usos lícitos de plantas como la coca, en los países donde existe larga tradición sobre su uso ancestral previo al fenómeno de su utilización como insumo para la fabricación de droga…”. De la comisión forman parte los ex presidentes Zedillo, Cardoso y Gaviria, el ex alcalde Antanas Mockus, Enrique Santos C., Mario Vargas Llosa y personajes como Moisés Naím, director de la revista Foreign Policy.
No cultivemos mentiras: la hoja de coca no es cocaína.
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