Opinión |16 Oct 2009 - 10:21 pm

Diana Castro Benetti

Itinerario

Saliendo a meditar

Por: Diana Castro Benetti

Meditar es casi como estar enamorado. Es percibir los minutos como eternos y la vida como si fuera única.

Es dejar que corran los ríos claros y que la luna musite tonadas; es abrir los brazos para festejar y bailar sin pudor; es apreciar esas sensaciones en el estómago que abren puertas a la alegría, a un brillo de ojos y a una piel que respira. Meditar no es el oficio de los circunspectos.

Cerrar los ojos por unos segundos es sentir que aparece un mundo infinito y es recibir más de lo que nunca se ha imaginado para recorrer, a muy bajo costo, lugares insospechados. Es regalarse a sí mismo un atisbo de serenidad porque, como locura que es, no es cosa de locos ni de extraños viajeros. No caben prelaciones de dinero, poder o conocimiento.

Meditar implica estar. Estar con una atención activada en presente. Es darse cuenta de que somos afortunados por tener una vida, la nuestra y no otra. Es andareguear sabiendo que una pizca de conciencia es el mejor equipaje; es vivir a plenitud con la ligereza del viento o el fútil tránsito de una nube y reconocer nuestra interdependencia para saborear cada acción, cada oficio, cada tarea, cada obstáculo y todo desafío.

Meditar no obliga a las posturas extrañas, tampoco a los cambios de colores en el vestuario ni mucho menos a la adherencia de grupos en una u otra corriente. Es un simple acto de sencillez que surge sin la intención ni el deseo de ser otro, ni de convertirse en aquello ni de aparentar la virtud. Meditar es la maravillosa invención diaria de lo que vamos pudiendo ser con regocijo y agradecimiento. No hay camino ni notables instrucciones. Mejor si es todos los días, mejor si es en aviones o filas de bancos, mejor si es antes del amanecer, mejor si es después de cada escondite de sol, mejor si es por diez minutos, mejor si es con la espalda recta, mejor si es en jardines, mares, montañas, parques, esquinas o mientras se camina, se ama, se habla y se crea. Meditar no es para pocos ni para aquellos.

Meditar es la ruta de un enamoramiento que va más allá de una imagen, de un sueño, de una idea, de un cuerpo, de un deseo. Meditar es celebrar el juego de esto que la vida nos ofrece. No hay otro lugar para bailar. No hay otro momento para disfrutar. Meditar es estar enamorado de muchos, por todo. Siempre.

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