Opinión| 25 Oct 2009 - 7:28 pm
¿Y si no hay reelección?
Por: Álvaro Forero Tascón
Algunos dirán que no tiene sentido considerar ese escenario mientras esté vivo el referendo, pero es posible que esa actitud esté contribuyendo a boicotear la campaña más que el referendo mismo, porque les está ocultando a los ciudadanos una realidad que podría inclinarlos a repensar el mito de que la reelección es imprescindible: que justo al lado del precipicio del caudillismo andino hay un camino democrático más seguro para la modernización del país. Que existe una alternativa a la seguridad democrática —la democracia con seguridad—.
El desinterés actual de los ciudadanos en la campaña no se debe solamente a que prefieran la reelección del presidente Uribe —de hecho, en la última encuesta de Napoleón Franco es igual el porcentaje (46%) de quienes piensan que Uribe es el único líder político capaz, al de quienes consideran que hay otros líderes capaces—, también se debe a la tesis de la inevitabilidad del referendo, que ha creado una atmósfera de cinismo frente a su legalidad y conveniencia, y propiciado que la campaña pase por encima de problemas tan graves como la corrupción política y el desempleo, para circunscribirse a una discusión maniquea sobre la seguridad.
La principal característica de una campaña electoral sin Uribe es que ofrece más alternativas políticas que ninguna otra de la historia reciente: en la palestra habría candidatos con plataformas políticas de derecha (Andrés Felipe Arias), de centro derecha (Juan Manuel Santos y Noemí Sanín), de centro (Germán Vargas, Sergio Fajardo y Antanas Mockus), de centro izquierda (Rafael Pardo) y de izquierda (Gustavo Petro).
En una campaña sin Uribe ningún candidato tiene una ventaja clara, pues las diferencias entre los principales no alcanzan diez puntos en la última encuesta de Napoleón Franco, y el líder, Santos, viene bajando aceleradamente desde el retiro del Ministerio de Defensa. Según la encuesta, la suma de los no uribistas es superior a la de los uribistas, y quienes aún no saben por quién votar, suman casi veinte por ciento. Es decir, sin Uribe en la contienda puede ganar un antiuribista. Esa situación tiene dos lecturas: la que viene haciéndose, de que sólo Uribe interpreta la realidad política del país, o la contraria, que el escenario sin Uribe representa el verdadero mapa político colombiano, que se encuentra distorsionado por causa del populismo.
La explicación de los resultados tan disímiles para el uribismo es que en elecciones hay tres factores que inciden en el resultado: el voto partidista, el voto por atributos, y el voto por temas. Uribe gana en los tres, mientras que ningún candidato uribista prevalece en más de uno. Pero no porque Uribe sea fuera de concurso, sino porque las circunstancias lo favorecen: la herencia uribista se reparte entre varios partidos; el voto retrospectivo que evalúa los resultados del incumbente es mucho más fácil de obtener que el prospectivo, que requiere mayor conocimiento del votante sobre los temas y atención a la campaña; y Uribe es el único caudillista, que es una manera desigual de competir en una democracia.
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Álvaro Forero Tascón
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