Opinión |29 Oct 2009 - 11:21 pm
Los curas vs. el Halloween
Por: Juan Gabriel Vásquez
LEO EN UN PERIÓDICO ESPAÑOL LAS advertencias del obispo de Guadalajara, monseñor José Sánchez, que al parecer está genuinamente preocupado por la invasión de costumbres paganas en nuestras católicas sociedades.
A monseñor lo inquieta el Halloween, que llama “rito importado”, y lo inquieta también que ese rito acabe “desplazando costumbres arraigadas y beneficiosas”. A mí, claro, me parece muy bien. Parece que un malintencionado mandó una fe de erratas al periódico, diciendo que donde se lee “arraigadas y beneficiosas”, debe leerse “exclusivamente cristianas”, y donde se lee “rito importado”, debe leerse “al contrario del cristianismo, que nació en España”. Por supuesto, tampoco es la primera vez que la Iglesia manifiesta su preocupación: ya lo hizo hace un año, y probablemente dentro de un año lo hará de nuevo, y eso está bien, porque uno ve todos esos niños pidiendo dulces, disfrazados de hadas y vaqueros, muertos de la risa, y se da cuenta de que eso no puede ser bueno. De esos niños paganos, la Conferencia Episcopal Española nos decía hace un año que “es necesario que descubran el valor de la vida y de la bondad y no fomentar la muerte”. Y concluía aquel vocero: “Los niños se abren a la vida y no a la muerte”. Y por eso el Halloween, nacido del culto celta a los muertos, debe ser cuestionado por los padres de familia.
Pero tengo mis preguntas. Supongamos que el representante de la Conferencia Episcopal no es un loco suelto, sino que realmente habla en nombre de la Conferencia Episcopal y, por lo tanto, de la Iglesia entera (que es universal). Pues me pareció raro que hablara de “no fomentar la muerte” una iglesia que está toda montada alrededor de un muerto y de la idea de que la culpa la tiene toda una raza —incluidos los niños— y para toda la vida. Me pareció raro que hablara de cómo los niños se “abren a la vida” una iglesia que los considera impuros desde su nacimiento (manchados con el pecado original de una pareja que en mala hora se comió una manzana), una religión capaz de inventarse algo tan horrible como el limbo de Tomás de Aquino para mandar allá a los bebés que se mueren sin bautizo. Me pareció rara esa exaltación de la vida en una religión para la cual la muerte es el mejor premio, el descanso eterno, la luz perpetua y todas esas cosas, y para la cual el sacrificio, el martirio, el sufrimiento físico llegando hasta la autoflagelación, el miedo al placer en casi todas sus formas, son señales de virtud. Me pareció rara esa preocupación por el bienestar de los niños en una religión que hace todo lo posible por traumatizarlos desde que nacen: amenazándolos con visiones horribles del infierno que los espera, acostumbrándolos a humillarse ante poderes que no entienden, controlando sus vidas privadas mediante la insultante figura de la confesión o haciéndolos responsables de los pecados de sus padres, como hace el Antiguo Testamento, hasta la cuarta generación.
“Los padres deben encauzar la fiesta de Halloween hacia lo bueno”, decía hace un año la Conferencia Episcopal Española, “y no fomentar el terror y la muerte”. Pero esta descripción se parece más a cualquier sermón de domingo que a un niño disfrazado de esqueleto, o una niña de bruja, o una calabaza con una vela dentro.
Será que esos curas nunca salieron a pedir dulces.
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Opinión por:
arocam
Mie, 01/19/2011 - 08:12