Opinión |31 Oct 2009 - 11:55 pm

Umberto Eco

Intelectuales

Por: Umberto Eco

EN FECHAS RECIENTES SE HA INIciado en Italia un debate acerca de términos peyorativos como “culturame” —“basura intelectual”—, en uso nuevamente después de décadas. Los políticos emplean estos términos para desacreditar a los intelectuales de la oposición.

Si bien recuerdo, “culturame” fue un término acuñado por Mario Scelba, ministro italiano del Interior en los últimos años de la década de 1940, quien creía sólo en la lógica de las porras policiacas.

Spiro Agnew, el vicepresidente de Richard Nixon, se refirió a “esnobs decadentes”, lo que trae a la memoria los viejos semanarios fascistas que se burlaban de los escritores o intelectuales que hablaban ceceando acerca de los “poetas románticos”.

En inglés, “eggheads” (“cabezas de huevo”) es una expresión similar. Durante las luchas políticas de la posguerra, los pensadores derechistas revivieron la expresión “idiotas útiles”, que fue como Vladimir Lenin describió a los intelectuales que simpatizaban con la izquierda.

Todos estos términos refuerzan la idea de que el desprecio hacia los intelectuales es una característica de la derecha. Un corolario es que no existen intelectuales de izquierda porque todos los intelectuales están con la oposición.

Por naturaleza, un intelectual siempre está en oposición a algo. Pero incluso los que apoyan a la derecha pueden oponerse a muchas cosas. Ha habido grandes intelectuales conservadores, e incluso algunos reaccionarios. “Reaccionario” no es una mala palabra —como en los días de Peppone y Don Camilo en las novelas de Giovanni Guareschi acerca de un pueblo italiano en la posguerra—, porque muchos pensadores y artistas han soñado con el regreso a una u otra tradición o uno u otro régimen del pasado.

Un reaccionario no es sólo un fascista. Dante —un intelectual nada pequeño— era un reaccionario, y en nuestro propio tiempo muchos autores no hacen más que criticar la modernidad, tecnología y las utopías revolucionarias.

Recientemente la derecha italiana ha identificado como sus “héroes” intelectuales a individuos que eran izquierdistas por definición —es el caso (quizá no injustamente) del intelectual italiano Pier Paolo Pasolini, dado que defendía un estado preindustrial de la naturaleza—.

Pocos fuera de Italia (o dentro de ella, para el caso) recordarán las especulaciones en los años 60 acerca del renacimiento de una cultura derechista. Incluso había una revista llamada La Destra (La Derecha).

Editores como Borghese desempolvaron una obra menor de Adolfo Hitler y se rebajaron a publicar a Spiro Agnew (en un tiempo llamado “el vicepresidente más reaccionario de Estados Unidos, el hombre que dice en voz alta lo que Richard Nixon susurra”).

Rusconi Books publicó a muchos representantes del pensamiento de la derecha. Estas obras —desde el escritor japonés Yukio Mishima y el escritor italiano Giuseppe Prezzolini hasta el escritor y político italiano Panfilo Gentile— redescubrieron una verdadera “gran” filosofía reaccionaria, como la de Joseph de Maistre, el diplomático francés de la era posrevolucionaria, considerado un precursor del fascismo.

Para encontrar autores significativos que eran o son derechistas, conservadores o reaccionarios, sólo tenemos que ver a nuestro alrededor.

Podemos encontrar escritores fascistas o antisemitas como Louis-Ferdinand Celine o Ezra Pound. Y enemigos clásicos de la modernidad como el austriaco Hans Sedlmayr, historiador de arte, el filósofo Martin Heidegger o el intelectual galo Rene Guenon.

Si ojeamos los catálogos de los editores “democráticos”, podemos encontrar intentos de la izquierda de reclamar para sí autores derechistas, como sucede con Ernst Junger o Oswald Spengler. ¿No son estos autores derechistas también “culturame”?

La verdad es que pensamos en la derecha como homogénea. Incluso en estos círculos encontramos a intelectuales que reconocen a “los suyos” pero, precisamente porque son intelectuales, ellos no etiquetan fácilmente a sus oponentes como “culturame” o “esnobs decadentes”.

Otros —criaturas del sistema de botines políticos, lacayos de políticos, interesados sólo en poder o dinero— nunca han leído suficiente para saber que existen los intelectuales derechistas. Sólo ven a los izquierdistas, particularmente cuando están en la oposición.

En estas mentes unicamerales, “intelectual” es sinónimo de oponente. Como el comandante de la Luftwaffe Hermann Goering, cuando oyen hablar de cultura echan mano de sus revólveres.

Aunque la atribución a Goering es dudosa, la línea aparece en la obra teatral nazi Schlageter, por Hanns Johst: “Wenn ich Kultur hore ... entsichere meinen Browning”. Pero aquellos que sacan sus revólveres nada saben acerca del origen de la cita. No leen. Simplemente no leen.

 

*Novelista y semiólogo italiano.

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