Opinión |1 Nov 2009 - 8:21 pm

Álvaro Forero Tascón

Ganar y perder una misma guerra

Por: Álvaro Forero Tascón

NO COINCIDEN LOS DIAGNÓSTICOS sobre la guerra contra la guerrilla y la guerra contra el narcotráfico. Uno sostiene que en el frente antiguerrillero estamos en el fin del fin.

El otro, que se está perdiendo la guerra contra la droga. Y no coinciden aunque ambas guerras tienen un enemigo común: las Farc. ¿Cómo puede estar cerca del fin uno de los mayores carteles de la droga en el mundo, cuando su negocio prospera?

No hay duda de que las Farc hoy no son las mismas, porque han perdido gran parte de su movilidad estratégica y de los ingresos por secuestro. Pero tampoco hay duda de que controlan extensos territorios cocaleros, por lo que reciben ingresos enormes que les permiten reemplazar a los desertores para mantener un ejército grande.

Quizá lo que explica la contradicción de los dos diagnósticos es que las Farc tienen dos facetas. La histórica, de una guerrilla rural concentrada en la periferia del país donde no hay presencia estatal. Y la del Caguán de finales del siglo XX, de secuestros en las ciudades, pescas milagrosas en las principales vías, y columnas móviles.

A las mayorías, traumatizadas con el acecho de las Farc a las grandes ciudades durante finales del siglo pasado, sólo les interesa oír sobre la segunda faceta. Y al Gobierno sólo le interesa esa faceta porque es en la que tiene logros para mostrar. Aunque es una táctica aceptada exagerar los avances militares para comprometer políticamente a los pueblos, después de siete años quizá sea necesario pasar de proclamar que la culebra sigue viva, a preguntarse ¿por qué sigue viva la culebra?, y ¿por qué debe cambiar por ello la Constitución y no el Gobierno?

Para contestar esas preguntas hay que hacerse otros cuestionamientos: ¿son en realidad dos guerras las que libra Colombia, una contra la guerrilla y otra contra el narcotráfico, o están relacionadas tan íntimamente que para efectos de ganar o perder, es una sola? Y si fueran una sola, ¿tiene sentido seguir fracasando en uno de los dos frentes, sin corregir el rumbo? ¿Tiene sentido seguir invirtiendo los recursos en una estrategia puramente militar, con acciones como las bases norteamericanas, o llegó el momento de reflexionar menos simplistamente sobre las complejidades del vínculo narcotráfico-violencia en Colombia? De analizar temas como el de la inutilidad de la erradicación de los cultivos, cuando los volúmenes de producción no sólo se mantienen constantes y crece el tamaño de las áreas cultivadas, sino que empuja al campesinado “víctima” a manos de las Farc.

Por enfocarse en sacar a los talibanes de los centros urbanos, y en sacarle provecho electoral a ello, el gobierno Bush siguió una estrategia antiterrorista en una guerra que era en realidad antiguerrillera. Hoy está pagando las consecuencias con el estancamiento de la guerra. Pero a diferencia de Colombia, el gobierno Obama está haciendo una reflexión profunda sobre la naturaleza de ese conflicto, considerando combinar la estrategia antiterrorista con otra enfocada en la población rural. En cambio, en Colombia se acelera en la misma dirección, a pesar de que el crecimiento de la inseguridad en las ciudades muestra cómo el narcotráfico permite que organizaciones criminales como los paramilitares, no mueran sino que muten.

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