Opinión |7 Nov 2009 - 11:59 pm
El futuro es híbrido
Por: Mauricio Botero Caicedo
NADA MÁS DIFÍCIL QUE HACER PREdicciones, y especialmente (como lo anotaba un gracioso) hacer predicciones sobre el futuro.
Pero todo parece indicar que los vehículos del mañana serán los híbridos, automóviles y camiones que utilizan un motor convencional en combinación con uno o varios motores eléctricos. La fuerza a las ruedas, al igual que a las otras funciones mecánicas y electrónicas, la proporcionarían los motores eléctricos; y el motor convencional alimentado por biocombustibles se utilizaría principalmente como apoyo y respaldo para los motores eléctricos, aumentando la autonomía en los casos en que las recargas de las baterías se dificulten.
La evolución hacia los vehículos híbridos no la van a liderar ni los Estados Unidos ni la Unión Europea: la va a liderar el principal consumidor de vehículos en el mundo, que es la China (en un futuro muy cercano la China será igualmente el mayor fabricante). Con una penetración en el mercado doméstico de menos de 40 vehículos por cada 1.000 habitantes (la Unión Europea tiene 726 vehículos por cada 1.000 habitantes) la capacidad de crecimiento del consumo interno en China es abismal. Los chinos les están apostando a los vehículos híbridos porque tienen un inmenso potencial de generar energía eléctrica, mas tienen serias limitaciones de producción doméstica de petróleo.
Las implicaciones para Colombia, de llegarse a imponer los vehículos híbridos, son enormes: si juega las cartas de manera acertada, Colombia se puede convertir en la gran potencia eléctrica del continente. (Por el contrario, a causa de sus desacertadas políticas energéticas, como haber nacionalizado el sector eléctrico en 2007, el errático e impredecible comandante Chávez está condenado a seguir racionando e importando electricidad). Colombia es uno de los principales productores de carbón térmico del mundo (en dos años llegará a 100 millones de toneladas), y tiene importantes reservas de gas natural, materias primas que se pueden transformar en energía eléctrica con relativa facilidad. Y al ser más fácil y eficaz transportar electricidad que carbón o gas, estos dos productos se deben utilizar casi exclusivamente para generar energía eléctrica. Por otra parte, el apetito en los países industrializados por el gas vehicular ha disminuido al darse cuenta de que los beneficios no se compadecen con los costos. (Cabe señalar que el manejo del Gobierno del suministro de gas vehicular e industrial no ha podido ser más desacertado y posiblemente sepultó para siempre el apetito de todo consumidor industrial o de transporte para este tipo de combustible).
En el tiempo, los precios de la electricidad y de los biocombustibles suelen ser más estables que aquellos del petróleo y sus derivados, y en un futuro híbrido van a sobrar aberraciones como el “Fondo de estabilización de los precios de la gasolina”.
Para que Colombia llegue a ser una potencia eléctrica es necesario que se den cambios drásticos, especialmente en la reglamentación vigente. Se van a requerir visión y decisión, cualidades ambas que escasean en el Ministerio de Minas. Es casi un lugar común afirmar que sin los incentivos correctos es prácticamente imposible lograr metas concretas. Hoy priman los incentivos perversos como los controles de precio, que no atraen inversión nueva (no cambios en la propiedad) en el sector eléctrico, pero sí favorecen las empresas eléctricas estatales que suelen combinar la ineficacia con la incompetencia. O el Gobierno reforma drásticamente el Ministerio y la CREG para incentivar la producción, transporte, exportación y distribución de energía eléctrica o las posibilidades de estar en la vanguardia híbrida, aun teniendo carbón, gas, y biocombustibles en abundancia, no pasarán de ser una quimera.
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