Opinión |11 Nov 2009 - 10:45 pm
¿Falsa pandemia?
Por: Klaus Ziegler
Ya han comenzado a circular rumores sobre una conspiración mediática instigada por poderosas farmacéuticas, interesadas en generar pánico con la epidemia de gripe porcina.
Se acusa a compañías como Roche de exagerar los efectos letales del virus, para multiplicar las millonarias ventas de tamiflú, uno de los pocos fármacos eficaces en el tratamiento de esa enfermedad.
A quienes promulgan este tipo de habladurías, hay que recordarles que la influenza española apareció como un brote normal de gripe en la primavera de 1918 y que semanas más tarde, sin que se sepa cómo ni dónde, mutó de la noche a la mañana en una asesina despiadada que para finales del verano de ese año ya había dejado tantas víctimas mortales como la Primera Guerra Mundial en cuatro años. Para finales de 1919, el misterioso virus había desaparecido, dejando a su paso un saldo de más de 60 millones de muertos.
Una mutación es todo lo que se requiere para que un inofensivo microbio se transforme en un agente mortífero. La familiar bacteria estreptococo A, causante del “dolor de garganta”, en ocasiones, y por razones desconocidas, se convierte en un homicida, inmune a los antibióticos, que devora los tejidos internos del paciente, dejando en su lugar una masa pulposa y podrida. La mayoría de las víctimas de esta pavorosa enfermedad, llamada fascitis necrotizante, mueren, y los sobrevivientes quedan horrendamente desfigurados. Algo similar ocurre con el meningococo, que en algunas circunstancias es capaz de tornar el cerebro de un paciente que despierta en la mañana sin síntomas de meningitis, en un exudado purulento al finalizar el día.
Se sabe que el virus AH1N1 está hecho de material genético proveniente de cepas aviarias y porcinas, y de una humana que sufrió una mutación. El hecho de que esta cepa no parezca ser tan letal como la de 1918 (a pesar de su similitud genética), ha dado pie a que circulen ridículas teorías conspiratorias. La verdad es que nadie sabe aún los riesgos latentes que encierra el actual virus AH1N1, ni su potencial pandémico, lo que obliga a tomar medidas extremas como las recomendadas por la OMS, que ha decidido elevar a cinco el nivel de alerta (seis es el nivel máximo) al enterarse de que el virus se ha transmitido entre personas de dos países de una misma región, ominosa señal de que una pandemia podría ser inminente.
No podemos olvidar que los microorganismos han sido los amos indiscutibles del planeta desde que comenzó la vida en la Tierra, miles de millones de años antes de nuestra llegada, y que vivirán por cientos de miles de siglos más después del último humano; y si aún estamos aquí es porque ellos nos lo han permitido.
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