Opinión |13 Nov 2009 - 11:50 pm
Rudi en mototaxi
Por: Adolfo Meisel Roca
“HAY TRES CLASES DE MENTIRAS: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”.
Esta frase se le ha atribuido a Benjamín Disraeli, primer ministro británico del siglo XIX. Al leer la columna de Rudolf Hommes “La tragedia del clientelismo”, publicada en El Tiempo el pasado 23 de octubre, recordé la frase anterior.
En su columna, Hommes la emprende contra la descentralización y para ello se refiere al caso de La Guajira y lo que ha pasado con las transferencias del Gobierno Nacional Central y las regalías del carbón y del gas. Para su análisis se basa en un estudio del Departamento Nacional de Planeación (DNP) que, infortunadamente, leyó a las carreras, pues afirma cosas que el documento no dice. Por ejemplo, señala Hommes que de acuerdo con el DNP, con los recursos de las regalías directas recibidas por La Guajira de 2002 a 2008, dos billones de pesos, entre otras cosas, en ese departamento, “la cobertura de agua potable debería llegar a 94% y la de alcantarillado a 89%”.
¿Qué dice realmente el documento del DNP? Cito textualmente: “Con los giros de regalías de 2008, los municipios Albania, Barranca, Hatonuevo y Uribia hubieran logrado cubrir cada uno de los costos de conexión de las viviendas urbanas (subrayado nuestro) que actualmente NO tienen servicio de acueducto y alcantarillado”. A diferencia de Hommes, el DNP sólo habla de cuatro municipios, precisamente de los que tienen mejor cobertura, y únicamente mencionando su población urbana. Planeación Nacional no hace alusión ni al 94% de cobertura en acueducto, ni al 89% en alcantarillado, que son apenas metas nacionales, para las cuales no cuantifican el costo de lograrlas, que es especialmente alto en La Guajira por ser en su mayoría desértico. Es decir, que se refieren a un subconjunto del subconjunto y no al universo, al cual equivocadamente hace alusión Hommes.
El que lea que entre 2002 y 2008 La Guajira recibió “dos billones (millones de millones) de pesos por concepto de regalías” pensará que sus habitantes deberían encontrarse en una situación de prosperidad colectiva y no en las duras condiciones en las que viven. Pero siempre hay que contextualizar, decía un profesor que tuve en Cartagena en el bachillerato: ¿Mucha plata con respecto a qué son dos billones? La Guajira tuvo en 2007, último año para el cual hay cifras, un producto interno bruto (PIB) per cápita de 6,3 millones de pesos. Eso es sólo un 41% del PIB per cápita que en ese año les correspondió a los bogotanos. Ahora hagamos el siguiente ejercicio contrafactual: repartamos para el año 2007 los ingresos totales por regalías de La Guajira y entre sus habitantes por partes iguales. ¿Cuánto representaría en este caso el PIB per cápita de los guajiros en comparación con el de los bogotanos? Aumentaría del 41% al 43%, un aumento que es claramente insignificante.
Hagamos este otro ejercicio. Como La Guajira recibió por las regalías directas dos billones, en pesos de 2008, dividamos esa cifra por el total de habitantes del departamento, es decir, 763.000 personas. Eso nos da 2,6 millones de pesos per cápita para el período completo y 371.000 por año. O sea que cada guajiro recibió un valor de 1.000 pesos diarios. Chévere, pero tampoco una cosa del otro mundo. Con esos 1.000 pesos, por ejemplo, uno puede pagar en Riohacha un servicio de mototaxi que lo lleve del Centro de Convenciones Anas Mai al barrio El Dividivi. Invito a Rudolf Hommes para que haga el recorrido alguna vez, ojalá al mediodía, para que entienda por qué La Guajira no es Dubai.
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