Opinión| 21 Nov 2009 - 11:59 pm

Armando Montenegro

Economía: 2009 y después

Por: Armando Montenegro
LOS ECONOMISTAS, EMPRESARIOS Y observadores no son optimistas sobre el futuro de la economía en el corto, el mediano y el largo plazo.

Los últimos datos disponibles muestran que el segundo semestre de 2009 y, en general, el cierre del año no van a ser buenos para el crecimiento del PIB. El impacto de las dificultades de las relaciones entre Colombia y Venezuela, unido a la seria recesión de ese país, está afectando seriamente la producción de muchas empresas colombianas. A esto se suma el hecho de que el consumo interno sigue frenado por el alto endeudamiento de las familias y el mayor desempleo. En estas condiciones, es posible que el crecimiento del PIB en el tercer trimestre e, incluso, en el año completo sea negativo.

Una medida alternativa de desempleo —que suma el desempleo tradicional, el subempleo objetivo y todos aquellos que ya están desanimados de buscar trabajo— ya bordea el escandaloso 30%. Ningún analista serio tiene razones para pensar que este porcentaje puede mejorar en el futuro cercano: ni la demanda ni los costos del trabajo van a ser favorables para la generación de nuevos puestos de trabajo. Y lo peor es que no está en marcha ninguna iniciativa para resolver este problema.

Dada la debilidad de las principales economías del mundo, la revaluación, la persistencia de los problemas con Venezuela y el raquitismo del mercado interno colombiano, las proyecciones de crecimiento del PIB en 2010 se sitúan alrededor de apenas 2%.

En el mediano plazo, con excepción de la minería, es difícil señalar cuáles son los sectores que impulsarán la recuperación y, mucho menos, las fuentes de crecimiento de largo plazo de la economía. No es posible identificar las ramas de la industria, la agricultura o los servicios que puedan irrumpir en los mercados mundiales con nuevos productos, costos competitivos e ideas innovadoras. Lo que se viene, más bien, es la reconversión de unas empresas poco competitivas, que se inflaron artificialmente por el transitorio auge del mercado venezolano, apoyadas en los subsidios al capital.

Los distintos subsectores de la minería, en cambio, sí tienen buenas perspectivas. A la riqueza de las reservas mineras del país se suman los subsidios y estímulos a las inversiones de capital. Estos negocios seguirán absorbiendo grandes cantidades de inversión extranjera, pero nunca podrán ofrecer empleos a los millones de colombianos desempleados y subempleados de las zonas urbanas.

Va a ser necesario que el país como un todo, como ocurrió después de la recesión de comienzos de los años ochenta, analice cuál será el futuro de largo plazo de su economía; qué reformas necesita y cuáles son los elementos que limitan su crecimiento. Como resultado de este ejercicio se concluirá, seguramente, que la acumulación de subsidios, otorgados apresuradamente por presiones coyunturales en los años pasados, sin ninguna visión de largo plazo, no ha servido para guiar la modernización de un aparato productivo que sigue siendo poco competitivo, alejado de las exigencias de los mercados mundiales. Se concluirá, además, que el país sigue teniendo gravísimos atrasos en infraestructura, capital humano, regulación estatal y seguridad ciudadana. Será inevitable, entonces, no darse cuenta de que se ha perdido un tiempo precioso para el crecimiento y modernización de la economía nacional.

  • Armando Montenegro

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