Opinión |23 Nov 2009 - 9:43 pm

Marcela Lleras

Los emperadorcitos

Por: Marcela Lleras

HAY UN POMONA EN LA CARRERA once con la calle 76, muy cerca del Gimnasio Moderno, colegio del cual han egresado estudiantes que han sido presidentes de la República, tecnócratas importantes, profesores, científicos, gente que ha tenido influencia en el país.

En otras palabras, es un colegio tradicional en donde se forma parte de la élite bogotana. Algunos de los muchachos mayores van a tomar medias nueves a Pomona. Hace dos semanas, entré a la misma hora en que estaban los muchachos, cerca de las once de la mañana, y el espectáculo era desconcertante: hay un sitio para sentarse, donde la gente puede tomar y comer algo. Ahí estaban los gimnasianos y el piso alrededor de ellos cubierto de papeles, de servilletas, botellas de gaseosa y de jugos. Las canecas para botar la mugre, completamente ignoradas. Al primer golpe de vista me imaginé que estaban desempacando cosas del almacén para ponerlas en las estanterías, pero no, era todo lo que tiraban los muchachos al suelo. Se fueron y entraron las señoras del aseo. Yo le pregunté a una de las señoras que si así era todos los días y me dijo que sí: “Son niños ricos, ni siquiera mis hijos que son pobres son tan cochinos. Como tienen empleadas desde que nacen, dejan todo botado para que ellas se lo recojan”. La administración de Pomona no dice nada, porque gastan.

La adolescencia es una época de la vida complicada, es cierto. Hay rebeldía, encrucijadas del alma y de las hormonas, peinados raros, piercings, etc. Eso es difícil de manejar para los padres, pero normal. Lo que no debe ser es que en las casas de estos muchachos y en el colegio no les estén inculcando el principio fundamental de convivencia, consideración y respeto por los demás.

Advierto que este no es un regaño de una vieja estúpida: “Ala, qué chinos tan maleducados”. No, es de fondo. Estos muchachos son privilegiados. Sus padres han trabajado mucho y duro, o heredado bienes de sus familias. Es muy probable que muchos tengan fincas, que puedan viajar y comprar todo lo que quieren. Pero tienen que aprender que la mayoría colombiana “pasa la vida raspando” y algunos ni siquiera eso, y que todos merecen respeto.

La experiencia de Pomona me dejó muy pensativa, porque si esos son los muchachos que van a manejar el país en el futuro, y aunque parezca insignificante el asunto de que echen mugre al suelo sin importarles la otra gente, eventualmente cuando sean mayores y digamos con poder empresarial o gubernamental, puede llegar a no importarles quebrantar las normas e ignorarán los problemas tan profundos que tiene el país en materia de desigualdad y pobreza. Lo peor es que ya hay una cultura de la avivatada dentro de los muchachos. Incluso, sin tener nada que ver, emulan la cultura traquetica porque está calando el mal ejemplo de la clase política dirigente: la matonería, la individualidad, el egoísmo, la trampa, y como todo queda en la impunidad, estos muchachos pueden pensar que eso es lo que toca, si sus padres y sus profesores no los encaminan desde ya.

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Opinión

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Opinión por:

quijanol

Mar, 02/08/2011 - 13:27
Que buen comentario................................lastima que solo se quede en palabras.................esos chinitos maleducados y sin respeto por los demas...................................son los futuros politicos, corruptos,estafadores o traquetos de la clase dirigente colombiana. Nada que hacer con este pais que cada dia va al fondo del abismo !!!!!!!!!!!!!Si quiera se murieron los abuelos!!!!!!!!!!!

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