Opinión |27 Nov 2009 - 9:44 pm

Roberto J. Camacho

Asociación Opción Meta

Homicidio y desempleo

Por: Roberto J. Camacho

A pesar de los avances de la política de seguridad del gobierno nacional y el crecimiento económico, se ha llegado en el país al punto en que las tasas de homicidio y desempleo ya no ceden.

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Para empezar, pretender establecer una relación entre estos dos indicadores sociales será siempre controvertido, sin embargo en nuestra actual realidad se presentan semejanzas y afinidades que es imposible dejar de notar.

Al comienzo de este gobierno se tenía, aún se tiene, uno de los indicadores de violencia más altos del mundo y a pesar del esfuerzo que hace la fuerza pública en la presentación de las cifras, como exitosas, lo cierto es que el homicidio anual de 16.000 compatriotas es una tragedia humanitaria.

En nuestro peor momento se llegó a tener la muerte de 78 colombianos por cada 100.000 habitantes, sin embargo los 33 homicidios que tenemos hoy es dos y media veces la tasa mundial de 14 homicidios y muy cercana a las 39 muertes de la época que nuestros padres recuerdan como la de la “violencia”.
 
De otra parte el desempleo, de manera semejante a la tasa de homicidios, luego de un impulso a la baja desde un altísimo 18%, no ha sido posible que descienda a niveles de un sólo dígito, ni siquiera cuando nuestro crecimiento económico superó, el hace unos años impensable 7%.

La tozudez de estos indicadores muestra que en ninguna de las dos realidades la fórmula está completa, en el caso de las muertes violentas, se ha hecho evidente que los mayores aumentos de fuerza pública, no son garantía de continuidad en el descenso del indicador.

Quizá al observar un país en el que se plantean “duelos a muerte”  en los programas populares de la televisión y se hacen referencias, como si fuera natural, al homicidio cuando se afirma que alguien es “matador” por decir apuesto, o como “para matarlos”, cuando se desea censurar un comportamiento, es un país acostumbrado al homicidio y el complemento a la acción de la fuerza pública puede estar en la Cultura  y no en el incremento del pie de fuerza.

Finalmente, el modelo económico que plantea que, el crecimiento de por si construye equidad, es necesario reevaluarlo; la evidencia colombiana nos muestra que a pesar de haber duplicado nuestro ingreso per cápita, no se ha avanzado en el equilibrio que Colombia necesita y de no ajustar la senda, es posible que a pesar del camino avanzado, no se logre el avance que requerimos para nuestros hijos.

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