Opinión |20 Dic 2009 - 9:04 pm

Javier Moreno

Educación estadística y democracia

Por: Javier Moreno

A principio de este año, durante una charla breve en un foro TED, el matemago gringo Arthur Benjamin lanzó al aire una propuesta provocadora. Qué les parece, dijo, si en lugar de fijar al cálculo como norte de la educación matemática del bachillerato, viramos el rumbo hacia la probabilidad y la estadística.

Benjamin argumenta que aunque el cálculo es una herramienta poderosa de modelación de fenómenos físicos (y una gran obra del intelecto humano a secas), su uso directo cotidiano es reducido (si no nulo), mientras que la estadística y la probabilidad, al ser las matemáticas del riesgo, el azar, y el análisis y recolección de datos, son útiles en el diario vivir del hombre común. Adicionalmente, la probabilidad y el análisis discreto están en la base de buena parte de las aplicaciones modernas de las matemáticas (la todopoderosa genética y las indómitas finanzas merecen mención especial aquí). Debido a lo anterior sería razonable que tuvieran mucha más prioridad que el cálculo en un pénsum escolar.

Aunque Benjamin debe detenerse ahí por falta de tiempo, es claro que hay muchas más razones por las que su propuesta merece atención y reflexión. Una importante es que el conocimiento de las técnicas básicas de estadistica y probabilidad es cada vez más necesario a la hora de acceder e interpretar la información que recibimos a través de los medios. Basta mirar cualquier periódico, estudio institucional (recomiendo este, ya que estamos) o informe de gestión (aquí un sonado ejemplo) para constatarlo. La estadística es actualmente el lenguaje universal para argumentar y sustentar posiciones. En estadísticas basamos nuestras decisiones económicas, políticas y a veces hasta judiciales (en ellas se sustentan los análisis forenses). Una persona graduada de un colegio, por tanto, debería tener los instrumentos básicos suficientes para sopesar críticamente la pertinencia y solidez de esos argumentos que aparecen por todos lados. Entender, digamos, por qué un sondeo de opinión en la página de internet no es lo mismo que una encuesta (y por tanto no permite extraer conclusiones como las que salen de las encuestas). En últimas, una buenas bases de estadística difundidas entre toda la población contribuirían a que comunalmente contáramos con mejores herramientas para entender qué somos y discutir y participar con criterio en el proceso de decidir hacia dónde queremos ir como sociedad. Por desgracia, la enseñanza cuidadosa de los conceptos probabilísticos y estadísticos básicos tiene un énfasis mínimo en la educación escolar actual, casi como si fuera un asunto marginal, de poca monta. Esto es particularmente grave si consideramos que, para colmo de males, el análisis probabilístico ofrece con frecuencia conclusiones contraintuitivas. No sobra señalar que, como con tantas otras cosas, estos temas aparecen en los lineamientos curriculares del ministerio de educación, pero en la práctica no reciben mayor atención en el aula (en parte porque ni siquiera los maestros los entienden bien).


Esta columna es, pues, un llamado de alerta. Independiente de si la propuesta de Benjamin puede implementarse, o si realmente es necesario salir del cálculo para poder enseñar estadística como se debe (yo diría que se complementan), o si la utilidad práctica inmediata debe ser un factor determinante a la hora de pensar en qué se debería aprender en el colegio, es urgente que empecemos a tomar la enseñanza básica de la estadística y la probabilidad en serio. Es importante. Hace parte de nuestra consolidación como una sociedad realmente democrática. La estadística debe estar al alcance de todos porque su uso y abuso nos afecta a todos. Así como no podemos darnos el lujo de seguir formando generaciones de analfabetos funcionales, tampoco podemos continuar formando personas que enfrenten las estadísticas que reciben para justificar todo tipo de decisiones sobre sus vidas como si fueran verdad revelada, sin tener conciencia de su significado, alcance y limitaciones.


Cierro con un acertijo: si un examen para diagnosticar si una persona sufre una determinada enfermedad tiene 99% de efectividad, ¿cuál es la probabilidad de que una persona elegida al azar tenga esa enfermedad dado que su examen salió positivo? Pista uno: no, no es 0.99. Pista dos: ¿realmente tenemos toda la información que necesitamos para calcularla? Pista tres: minuto 11, más o menos.

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