Opinión |29 Dic 2009 - 9:17 pm
La justicia que debe llegar
Por: Fernando Carrillo Flórez
SUPERAR EL BALANCE ROJO QUE han dejado estos primeros años del siglo XXI en materia de justicia, tanto a nivel global como local, es la gran asignatura pendiente de la década que comenzará en pocas horas.
A ello puede contribuir un gran libro recién publicado que no dejó pasar en blanco el 2009 respecto de nuevas ideas. The Idea of Justice, de Amartya Sen, es una obra que debería ser lectura obligatoria para quienes aspiran a reformar la justicia ignorando tanto su institucionalidad como la imposibilidad de imponer cambios de manera unilateral e inconsulta frente a los operadores y usuarios del sistema.
Sen es un liberal integral de aquellos que hoy escasean, con la rara habilidad de combinar la economía con algo que ordinariamente desdeñan sus colegas economistas: la filosofía política. Su meta es ir más allá del igualitarismo de Rawls o Dworkin y rechazar la visión comunitaria del Estado, para centrar su reflexión en la habilidad de la justicia para proporcionar oportunidades que se traducirían en capacidades efectivas para los ciudadanos. Estas últimas son medios para el ejercicio de la libertad que se materializa en derechos.
Porque la justicia al igual que la democracia no es sólo un conjunto de instituciones y reglas, sino un sistema que depende de comportamientos humanos. Por ello no se trata de diseñar instituciones perfectas, sino de modificar actitudes humanas con potencialidad para mejorar o entorpecer el funcionamiento del sistema. Allí hay una pista clara para emprender las reformas a nivel micro que deben complementar y no derrumbar el gran acento que puso a nivel macro la Carta del 91 en la justicia y en los derechos.
El debate, la deliberación y la discusión pública constituyen la esencia de lo que el premio Nobel de Economía 1998 denomina el razonamiento público propio de la democracia y de la búsqueda de la justicia. No cabe allí el pensamiento homogéneo a la hora de reformar, pues aceptar la diversidad de argumentos y pluralidad de razones de quienes piensan distinto es el único camino para evitar caer en la trampa del parroquialismo unanimista o en los deseos de resucitar cadáveres de una justicia centralizada, cooptada, inaccesible y dependiente de otros poderes. Una reforma tampoco debe ser el momento para pasar la cuenta de cobro de conflictos y descalificaciones entre unos y otros actores.
La aproximación práctica de Sen implica enfrentar desde la política la injusticia diaria en la vida real, por ejemplo, frente a los pobres, los discapacitados, las mujeres o los niños. De allí su muy estrecha conexión con la revolución de los derechos, la necesidad de dar voz y participación a los menos favorecidos y la dimensión ética de su pensamiento, que tiene como principal objetivo global la lucha contra la pobreza y la desigualdad. El gran aporte del más influyente pensador vivo, cuyo nombre de pila significa inmortal en sánscrito, es sin duda la defensa de la igualdad en términos de la libertad.
Es hora pues de reivindicar también la justicia como un valor insustituible para que haya seguridad y desarrollo. De otro modo, los ojos de la justicia global se encargarán de restablecer unos equilibrios que en el largo plazo siempre terminan rindiéndole culto a la libertad.
*Las opiniones expresadas son del autor y no de la institución para la cual trabaja.
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