Por: Jaime Arocha

Afrodescendencia e Islam

ADEMÁS DEL LANZAMIENTO DEL libro Las perlas del uribismo, entre los sucesos esperanzadores de estas últimas semanas sobresale el seminario Afrodescendencia e Islam, celebrado el pasado 4 de marzo en el auditorio Germán Colmenares de la Universidad del Valle.

Fue promovido por el Grupo de Investigaciones Afrodiaspóricas, integrado por gente negra, joven e iniciada en escuelas contemporáneas de las ciencias sociales, como la de los estudios poscoloniales, pero aún interesada en el trazo de huellas de africanía. Imposibilitado para asistir, espero recibir las ponencias presentadas y aprender cómo nuevas miradas sobre los registros históricos nos revelarán datos sobre el sello que le pusieron a la africanidad aquellos cautivos y cautivas musulmanes importados a la Nueva Granada, en especial durante los primeros años de la trata atlántica (1540-1580), cuando descollaron las capturas de gente de las regiones de Senegal y Mali, donde el Islam se expandía desde finales del siglo XIII. Sin embargo, años posteriores, como los de la mitad del siglo XVIII, también son relevantes. Para entonces, los pastores Peul de Macina contribuyeron a la difusión de ese credo, desde Tombuctú hacía el curso medio del río Níger. En la novela histórica Segu, Maryse Condé revela tanto los conflictos ocasionados por el choque de esos pueblos con quienes eran creyentes de los mal llamados cultos animistas, como los desacuerdos que dependían de las interpretaciones escandalosas para la ortodoxia, que gente negra como la Bámbara del mismo curso medio del Níger hacía de las lecciones y normas coránicas. Parte de esas apropiaciones heterodoxas llegaron al Brasil con los Hausa de Nigeria, y cimentaron decenas de rebeliones que tuvieron lugar en Bahía a lo largo de todo el siglo XIX. Las de 1807, 1820 y 1835 son las más sonadas, no sólo por su magnitud y por el apoyo de otros cautivos como los nagô o yoruba, sino por lo nexos continentales que tuvieron. Así, de acuerdo con los historiadores João José Reis y P.F. de Moraes Farias, hubo “(…) signos de la flexibilidad, la adaptabilidad y el nivel de información que caracterizaban, en tiempos de guerra y de paz, las culturas esclavas del Nuevo Mundo (…)”, como con aquellos insumisos que llevaban medallitas con la efigie de “Henri Christophe, el general haitiano quien, junto a Jacques Dessalines (…) y el también general Alexandre Pétion, derrotó a los franceses y declaró la independencia de Haití el 1° de enero de 1804”. La historia de hausas y demás rebeldes musulmanes, también llamados malés, sigue con sus pequeñas escuelas coránicas de tres miembros, con sus oraciones clandestinas, con el porte de anillos emblemáticos de plata y túnicas blancas, hasta que para los años de 1940 terminaron por fundirse con la religión del Candomblé. La gente negra de Colombia, ¿tiene algo que ver con esa historiografía más bien desconocida en nuestro medio? El seminario objeto de esta nota, sin duda contribuirá a despejar esa y otras claves fundamentales para entender el sentido de unas independencias cuyo Bicentenario ya es objeto de celebraciones más bien esquivas con el aporte de los africanos y sus descendientes.

*Grupo de Estudios AfrocolombianosUniversidad Nacional de Colombia

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