Por: Alfredo Molano Bravo

En quién confiar

CADA VEZ QUE HAY ELECCIONES ME topo con la misma duda: opinar en público sobre candidatos —lo que es una mera opinión— o pasar de agache, haciéndole una venia al silencio —lo que es otra opinión—. Siempre termino por ceder y opinar sobre candidaturas. Y creo que es justo.

Los columnistas que tratan de entender, explicar o denunciar no pueden escapar a su responsabilidad política, más en momentos tan cruciales como el que vivimos, cuando los sucesores del uribismo pretenden perpetuarse y monopolizar el Congreso. No sólo hay por quién votar, como escribió Héctor Abad, sino que hay excelentes candidatos para representar el inconformismo y la oposición.

Para el Senado presentan sus nombres muy destacados defensores de los tan golpeados y desconocidos Derechos Humanos. Felipe Zuleta Lleras es un liberal de raíz, como su abuelo, y como don Felipe, su tío abuelo, un iconoclasta indisciplinado y levantisco. Es, además de escritor iluminado, un hombre valiente que asumió su homosexualidad a la luz pública en el reino de la pacatería y de la camándula. Su empeño por mostrar los verdaderos responsables de la política de Estado conocida como falsos positivos, es temerario y justo. Llegará hasta los generales.

Jorge Robledo ha dado una pelea abierta a favor de los intereses ciudadanos y en particular de los campesinos. Es un sólido académico y un polemista demoledor. Su lucha contra el TLC va más allá de la denuncia: con paciencia ha mostrado el peligro que esconde para los campesinos y para los medianos empresarios la imposibilidad de competir con economías agropecuarias subsidiadas como la gringa o la europea. Su debate contra el AIS fue magistral, hundió a Arias y obligó al Gobierno a salvarse a mansalva.

A la Negra Piedad Córdoba la hemos dejado sola enfrentando las furias de la Seguridad Democrática. Es una de las únicas políticas que se atreven a exigir la negociación política con la guerrilla como fórmula no sólo para detener una guerra brutal, sino para evitar que se transforme, a golpes de sable, en una confrontación regional. Sea este el momento de acompañarla.

A Lilia Solano vengo encontrándomela hace años en todo foro popular donde se denuncia la arbitrariedad del régimen y del sistema. De Ciudad Bolívar a Montes de María, de Urabá a Puerto Carreño, va dándole palo a todo privilegio, llamando siempre a la razón y a la conciliación porque detesta la guerra y la violencia

Para la Cámara se presentan viejos luchadores, como Navas Talero, a quien el país le debe el concienzudo y oportuno examen de las irregularidades de forma y contenido del referendo; prácticamente el fallo de la Corte Constitucional nada añadió a su examen. Y nuevos luchadores, como Iván Cepeda, que desde adolescente transformó las lágrimas del asesinato de su padre en un alegato serio y trascendental a favor de la vida y del derecho de las víctimas del terror estatal a la verdad, la justicia y la reparación.

El Parlamento Andino ha cobrado importancia en la medida en que se están creando en la región organismos independientes de las direcciones de Washington. Gloria Flórez se ha jugado la vida acusando al paramilitarismo de las tenebrosas masacres del Catatumbo y defendiendo a los campesinos de la hacienda Bellacruz de las balas de los Marulanda.

Si estuviera fuera del país, votaría, sin duda, por el irreverente Fernando Garavito, el Señor de las Moscas, entre otras cosas para que él y su hija puedan regresar al país y se unan a la pelea que damos contra el Señor del Ubérrimo y sus herederos.

Naka Mandinga es un maestro de escuela campesina. Un hombre simple y, por simple, claro: sabe qué le duele y quién le hace daño. Nació en Juntas del río Yurumanguí, al sur de Buenaventura, y fue comisionado especial en la reglamentación de la Ley 70, que reconoce los territorios ancestrales de las comunidades negras. Lo acompaña en la candidatura al Senado por la circunscripción especial Hernán Cortés, un hombre hecho en los manglares del río Mira, en la frontera con Ecuador.

Aída Quilcué es la “palabra que camina” defendiendo a las comunidades nasa del Cauca. Ha sido la cabeza y el alma de las grandes movilizaciones indígenas, y le paró el macho a Uribe micrófono en mano en Cali. Asesinaron a su esposo, Edwin Legarda, porque no pudieron matarla a ella. Su lucha va más allá de su propio pueblo y es reconocida por los wayuu, los embera y los awá, ensangrentados por todas las armas.

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