Por: Catalina Ruiz-Navarro

Los muérganos

“Nadie quiere ser un muérgano” fue, en el debate del domingo, la más profunda de esas cándidas verdades (estilo Forrest Gump) que a veces suelta a candidata conservadora.

“Muérgano” según el DRAE es un colombianismo que quiere decir “objeto inútil” y es lo que algunos desplazados le han dicho a Noemí que nunca quieren ser.  Claro, nadie quiere ser un objeto inútil, pero ¿qué quiere decir reamente eso? ¿Qué es ser un muérgano?

Judith Butler habla de “las vidas precarias”, o aquello que no reconocemos realmente como vida. Cuando decimos “vida” lo decimos dentro de un marco normativo de lo que reconocemos por vida, este marco cambia según la época y la cultura, y como todo marco, tiene siempre “algo” que está por fuera. Ese algo es la vida precaria, esa figura que aunque viva, no se reconoce como una vida. Estos son los muérganos, hombres y mujeres en un limbo ontológico donde no se reconocen como ciudadanos.

Era un consejo de supervivencia cuando mi abuela, paisa como Noemí, me decía enfáticamente que “no fuera una muérgana”, me estaba diciendo, de cierta manera, que agradeciera ser un sujeto con lugar en la sociedad y que conservara esta condición.
Los muérganos son los olvidados, desligados de todo vínculo social y espacial, aquellos cuyas vidas no son comprendidas y no van a ser lloradas. Desplazados desmovilizados habitantes de la calle, trabajadores sexuales, guerrilleros, hampones, ancianos, carne de cañón, colombianos sin voz ni discurso y hasta vidas que no tienen una voz articulable en programas políticos. Ser un muérgano es estar tragado por la nada, es tener una vida dispensable, a los ojos del Estado. Es peor que ser un Donnadie, pues los muérganos son los que alcanzan la fama al convertirse en falsos positivos.

Ofrecerles a los colombianos un mañana con menos muérganos implica –o bien limpieza social- o bien suministrar unos apoyos básicos en salud, alimentación, trabajo, educación, movilidad, libertad de expresión, y protección contra la opresión que el Estado actual no aporta. Por no tener estos mínimos, estas poblaciones no son realmente reconocidas por el Estado, y cuando hay casos de violencia estatal, suelen ser las víctimas. Paradójicamente estos muérganos solo pueden quejarse ante el Estado, que los excluye, o hacer bulla desde el borde y atacar de vuelta. 

¿Qué le contestaría la candidata al desplazado que le hacía semejante exigencia existencial? ¿Pensará Juan Manuel Santos que los muérganos son aquellos que explotan los carros bomba y asustan a la inversión extranjera? ¿Tiene Mockus un programa cultural y educativo capaz de reducir las ninguneadas a los muérganos? Estos, los que están al margen, aunque no pueden votar son quienes más deben importar para un candidato político porque por oposición, un Estado se define por los muérganos con los que tiene que lidiar.

Estos márgenes deben ser la principal preocupación  de los votantes, que debemos recordar que nuestro voto cuenta para quienes no pueden votar.

Catalinapordios.blogspot.com

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