Hugo Chaparro Valderrama 23 Oct 2008 - 9:00 pm

Cine para leer

Los factores del conflicto

Hugo Chaparro Valderrama

La recreación de una misma realidad, con perspectivas contrastantes   enseña la riqueza de una cinematografía. Un tópico para Latinoamérica, que ha tratado de explicarse  a través de la pantalla.

Por: Hugo Chaparro Valderrama
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Temas necesariamente recurrentes para  y comprenderlos: las dictaduras de los años 70 en Chile y Argentina;  el melodrama de los años 40; el antes y el después en Cuba a partir de 1959; la violencia y sus trastornos en Colombia. Las películas, como piezas de un rompecabezas, se ensamblan entre sí y muestran la historia de un país con la evolución de sus imágenes.

Cuando el plano inicial de Los actores del conflicto (Duque, 2008) nos revela a una campesina de tarjeta postal en medio de una obra de teatro panfletaria, suponemos el humor que ironiza acerca de Colombia y sus dilemas. La ausencia de solemnidad siempre ha estado a favor de Lisandro Duque desde sus primeros cortometrajes —38 corto 45 largo (1979); TV or not TV (1980)— y de sus largometrajes —El escarabajo (1983), Los niños invisibles (2001)—. A la demagogia teatral de la primera secuencia en Los actores, la continúa el lugar común que enfrenta en un diálogo al artista hecho cliché —fracasado, sin dinero y romántico— con el magnate —cínico, arrogante y mafioso—. El drama está planteado. Duque agrega un giro dramático: cuando el mafioso es detenido en España, los actores encuentran unas armas en las cajas que les dio a guardar.

El guionista debe comprobar su destreza tras el primer acto en el que propone el conflicto de la trama. El material con el que se construye la película es una mezcla de conciencia culposa ante la guerra civil que nos condena y ansiedad por denunciar a los que han propiciado la masacre . La pantalla se transforma en una exhibición de arquetipos colombianos, amparados por un título genérico: los actores del conflicto. El desfile de la historia reciente avanza en la pantalla como sucede en otras películas donde combaten la escritura de un relato, el análisis sociológico y la necesidad de redimir a un país de sus desgracias —lo que intenta La milagrosa (Lara, 2008) y su forma de vampirizar las noticias como tema del guión.

Un viaje por el túnel del tiempo: cuando el cine en Latinoamérica sugiere antes que explicita; narra antes que propone alegatos; derivó desde lo masivo y sus consignas hacia la intimidad y su descripción del país que en plano cerrado evoca el plano general de la violencia y sus efectos, Los actores del conflicto nos recuerda lo que evitó saludable e ingeniosamente en su pasado cinematográfico Lisandro Duque: reciclar las narraciones de un arte político que no se proyectó en el tiempo, agobiado por las fórmulas de sus repeticiones pedagógicas.

Los parlamentos de Mario Duarte con los guerrilleros y los secuestrados sirven como escenario ideal para referirse al malestar; los funcionarios gubernamentales hacen parte de una tradición que conduce hacia la picaresca y su intento de burlarse de nuestras calamidades en Mamagay (Gómez, 1977) o El candidato (Mitrotti, 1978); los personajes sirven de modelos para que el espectador establezca una relación inmediata con el drama cotidiano.

La camiseta con la que Duarte es secuestrado y de la que un guerrillero, en caso de que el público no lo advierta, lee en voz alta la palabra que tiene estampada —“alegoría”—, sugiere una intención: hacer una semblanza simbólica del país. Lisandro Duque narra un ménage à trois de pasiones agridulces con un país en el que se ha logrado atenuar, cada vez más, el tono sentencioso del pasado, permitiendo que los personajes hablen con la naturalidad de sus  circunstancias y no como pretextos de una tesis sobre   el por qué de nuestro caos.

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