17 Dic 2012 - 9:14 am

Homenaje al fallecido Henry Holguín

El sacerdote del agua

Sólo con su mente y un pequeño péndulo, este sacerdote increíble ha descubierto agua en 1.587 sitios diferentes de Colombia. Y eso es apenas una parte de su historia.

Por: Henry Holguín, Cromos (*)
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El padre Gustavo Huertas González llevaba 15 años recorriendo los bosques de niebla de Chingaza con su sotana negra mecida por el viento, cuando una tarde le dijo a su inseparable compañero, el también sacerdote Luis A. Camargo: "Ya está bien de caminar e investigar lo que ya sabemos... Vamos a Bogotá a avisar... ". Abandonó entonces, por primera vez en mucho tiempo, las 44 quebradas y 25 lagunas vírgenes, que había trasegado durante años y descendió con sus zapatos enfangados a la gran ciudad cuyas luces brillaban a lo lejos.

El padre Huertas llevaba en un viejo maletín desgastado por el uso, las pruebas de su colosal descubrimiento: la "mina" natural de agua de Chingaza, que hoy surte al 70 por ciento de la capital.

Para descubrir este filón hídrico, el padre Huertas se pasó 15 años caminando las trochas paramunas hasta que por fin descubrió que todo el secreto estaba en la niebla tupida que cubría a Chingaza a toda hora. Niebla que se depositaba  toda, en un verdadero milagro de la naturaleza, sobre apenas 84 kilómetros cuadrados de un musgo tipo esponja que crecía hasta 44 veces su tamaño normal, convirtiéndose en un depósito gigante de agua pura.

"Se trata del musgo Sphanum -nos dice el padre Huertas- el cual forma tremedales o fangales en los depósitos de niebla. Es la esponja más grande del mundo. Con una característica: contiene creosota o sea que desinfecta todo a su alrededor". No fue fácil convencer a los ingenieros del acueducto capitalino que en esos 84 kilómetros cuadrados de tremedal fangoso, se encontraba la solución al problema del agua para Bogotá.

Al final, enviaron sus propios técnicos a comprobar los datos del sacerdote: eran exactos. Lo demás es historia conocida: hoy en día, Chingaza es la fuente más importante de agua potable para el Distrito Capital. El padre Huertas se perdió de nuevo en la neblina. Su nombre no aparece en la historia de la epopeya de Chingaza.

Gustavo Huertas González nació hace 81 años en Zipaquirá, de un hogar profundamente cristiano. Su padre le enseñó el amor al agua como fuente primigenia de vida. Siendo muy niño, cuando su padre buscaba el sitio para abrir un aljibe lo escuchó diciendo con fatídica seguridad: "Abre aquí, en este sitio donde estoy parado, que aquí hay agua ... ". La finca era seca, pero el papá le hizo caso a la premonición del niño y encontraron agua a 30 metros. Desde entonces, Gustavo Huertas y el agua sellaron un pacto profundo y eterno.

Un pacto que lo ha llevado a descubrir 1.587 pozos profundos, en todo el territorio colombiano, con una efectividad del 99 por ciento, utilizando sólo su mente privilegiada y un pequeño péndulo de piedra o metal. El sistema es simple. El padre Huertas examina la zona donde quieren el pozo, camina llevando su péndulo en la mano y de pronto, a través de su mente "siente" el flujo del agua, muchos metros abajo.

La técnica se llama psícostesía, aunque es más conocida como radíestesía, término equivocado según el sacerdote. Es el creador del Museo Paleontológico de Villa de Leyva y está esperando que le lluevan del cielo 15 millones de pesos para imprimir su obra cumbre: Flora fósil de Villa de Leyva en la cual anuncia el descubrimiento de 70 plantas nuevas para la ciencia.

Profesor de Paleobotáníca durante 30 años en la Universidad Nacional es el descubridor del aguacate  fósil y el cacao fósil, verdaderas curiosidades, además de que han bautizado con su nombre a plantas recientemente halladas como la Peperonía Huertasí.

Sacerdote desde hace 47 años, aún enseña cursos de naturismo en los predios de la antigua hacienda La Maná, donada por la familia López Míchelsen a los sacerdotes claretianos. Su vida de buscador de agua, como él mismo se califica, está llena de anécdotas. Como la vez que lo llamaron de Prodeco para que encontrara un agua tan pura que sirviera para lavar un carbón especial, único- en el mundo, que se utiliza para fraguar unas piezas para aviones.
"Habían llevado a unos ingenieros y estos barrenaron pero no les salió ni gota de agua. Entonces me aparecí yo con mí brújula, mí clíníómetro y mí péndulo... ".

El padre Huertas caminó, puso a girar el péndulo y les dijo que encontrarían agua exactamente a 404 metros y además, "saltante". Los ingenieros dudaron seriamente de que pudieran encontrar tan hondo un chorro de agua que saltara a la superficie. Por eso se asombraron cuando un volcán de agua saltó a 39 metros de altura tan pronto como alcanzaron la cota de 404 metros de profundidad.

Al padre Huertas lo buscan de la Costa Atlántica, de la desierta Guajira, de Medellín, de las resecas planicies del Valle, de los Santanderes, en fin..."He aprendido que Colombia tiene agua hasta para botar... Son puras mentiras que el agua de nuestro país se va a acabar... Yo me río cuando escucho, por ejemplo, que Bogotá no tiene agua. Cómo no voy a reírme si sé que la ciudad está construida sobre un lago de 6o mil millones de metros cúbicos. El único problema es que se encuentra a 25 kilómetros de profundidad".

"¿Sabían ustedes -nos dice- que por debajo de un sitio que conozco, entre La Maná y el capitolio de Bolívar existe un río de 8,70 metros de ancho y 2,50 de profundidad?". Cuando descubrió la "mina de agua" de Chíngaza presentó un proyecto para aprovechar la totalidad de la riqueza natural del páramo. No le pararon bolas y hoy en día, según él, se pierde aún el 70 por ciento del agua que produce el bosque de niebla de Chíngaza.

Un día lo llamaron de Carulla. Necesitaban agua pura para lavar las verduras que se venden en toda la cadena de supermercados. El padre Huertas les encontró la fuente que hoy día produce 17 metros cúbicos de agua por segundo y en la cual lavan 70 toneladas de verduras diariamente.

El padre Huertas no se queda ahí. También trabaja con un médico, el doctor Jairo Buítrago Ruíz, utilizando su poder extrasensoríal para diagnosticar sin necesidad de examen previo. "Sólo tengo que mirar a la gente", dice.

A sus 81 años, luciendo una piel tersa y juvenil gracias a su concentrado de papayuela con el que se baña todos los días, Gustavo Huertas sólo aspira a culminar su vida acompañado del padre Camargo, rodeado de sus tres mil libros y haciendo investigaciones.

"Estamos dedicados a la ciencia. Por ejemplo, ¿sabía usted que la zanahoria tiene más de 250 principios básicos de los cuales no se han estudiado seriamente ni diez? ¿Q que el chontaduro es el más completo de los alimentos pues tiene todas las proteínas y todas las vitaminas? ¿Que en Colombia hay 75 mil plantas clasificadas, entre ellas el árbol de Tagatoná, del Chocó el cual pesa más que el acero y no se pudre jamás?". No, padre Huertas. No lo sabíamos.

 

* Publicada en mayo 17 de 2002.

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