19 Dic 2012 - 11:24 am

Crónicas de Henry Holguín

Jimmy, el indígena que enfrentó a las Farc

La historia del joven paez, el más querido del pueblo, quien levantó a todo Coconuco (Cauca) para impedir la toma de las Farc en la madrugada del 31 de diciembre de 2001. Su valor le costó la vida.

Por: Henry Holguín, Cromos (*)
  • 28Compartido
    http://www.elespectador.com/cronicas/jimmy-el-indigena-enfrento-farc-articulo-393267
    http://tinyurl.com/c9nudjp
  • 0
insertar

A Coconuco, en el Cauca se llega por una entreverada tela de araña de carreteritas que parten de Popayán. El pueblo aparece cuando ya el motor del auto gime de cansancio y el cuerpo empieza a sentir la falta de oxígeno. Su naturaleza volcánica se expresa por todas partes con riachuelos de agua hirviente y olorosos a azufre. Es un municipio hermoso y bien cuidado, con calles rectas que suben al cielo. O mejor dicho, era, porque el 31 de diciembre pasado (2001) la guerrilla lo destruyó casi por completo.

Coconuco también era la cuna de Jimmy Alberto Chancagana. Un nombre que dice muy poco. Pero para los habitantes de la pequeña población, Jimmy Chancagana es famoso y heroico. Ya se habla de bautizar la plaza del pueblo con su nombre. Para conseguir este honor, el joven tuvo que morir a los 21 años un 31 de diciembre, atravesado por un balazo de fusil, con una bandera de Colombia en una mano y un letrero que gritaba "iPaz!" en la otra. Hoy, la historia de Jimmy se convierte en un símbolo del proceso de resistencia civil contra los violentos, que se inició en el Cauca y se  extiende por todo el país.

Cuando nació Jimmy, su padre, don Tulio, hizo una gran fiesta. Era su primogénito y además varón. Desde muy pequeño dio muestras de gran inteligencia lo que hizo que a don Tulio le recomendaran: "Dele estudio a ese muchacho. Él es quien va a sacar la cara por la familia y hasta por el pueblo".

El muchacho cursó su primaria en la escuela del pueblo y cuando todos esperaban que Jimmy se dedicara al cultivo de papa, el oficio ancestral de la familia, don Tulio anunció con orgullo: 'Jimmy se va a hacer el bachillerato a Popayán".

Durante los siguientes seis años, todas las mañanas y todas las tardes, la gente de Coconuco vio a Jimmy Alberto Chancagana subir y bajar de los desbaratados buses intermunicipales. "No faltó un solo día a clases durante esos seis años", recuerda don Tulio. "Asistió incluso una vez que ardía de fiebre y otra en que un derrumbe impedía el paso de los buses: cruzó a pie en medio del lodo y el peligro, para tomar otro vehículo y llegar a Popayán", contó a, CROMOS.

Jimmy se graduó de bachiller sin bajar jamás del primer puesto. De inmediato habló con su padre: "Quiero ser abogado". "Mijo, esa es una profesión difícil y hablan muy mal de ella -le respondió el viejo-, ¿por qué no ensaya con otra cosa?".

El flamante bachiller lo miró tercamente. "Lo que pasa es que quiero ser alcalde del pueblo". A partir de ese momento inició la campaña para la Alcaldía en medio del entusiasmo general. Muy serio, el muchacho prometió que no se lanzaría a elecciones hasta obtener su título profesional.

Pero el camino que debía recorrer Jimmy no era nada fácil. Por ejemplo, debió presentar el examen del Icfes dos veces. La primera vez lo perdió por cinco puntos. En la segunda pasó sobrado. Luego consiguió cupo en la Universidad del Cauca, en Popayán, donde no era muy bien visto que un indígena de Coconuco llegara a ser abogado.

Jimmy pasó, con los dientes apretados, por toda suerte de humillaciones. Desde encontrar mensajes insultantes hacía su etnia encima del pupitre, hasta que nadie aceptara sentarse a su lado a la hora del almuerzo. Pero todo lo superó y al acercarse el final del quinto semestre era uno de los mejores de su clase.

"A Jimmy lo admirábamos –dice ahora Raúl Soto, uno de sus compañeros- porque estaba siempre dispuesto puesto a ceder su comida a un compañero hambriento o ayudar a cualquiera que lo buscara para solucionar una tarea. Pero sobre todo por su absoluto convencimiento de que algún día iba a ser alcalde de su pueblo. Por eso lo llamábamos, con algo de broma, 'Señor Alcalde”.

Pero en diciembre pasado la historia de Jimmy se tiñó de sangre. Jimmy vino al pueblo a pasar vacaciones -recuerda Orlando, uno de sus mejores amigos-, se apareció el 20 de diciembre y anunció que se quedaría hasta el 10 de enero, día en que se reanudaban las clases en la Universidad. La Navidad la pasamos muy rico, nos emborrachamos, aunque Jimmy no bebía mucho y el amanecer del 25 nos cogió en la loma, frente al pueblo, tomando aguardientico y oyendo música".

Ese día Jímmy les dijo a sus amigos: "iMiren este pueblo tan hermoso... ! ¿Verdad que es bello? Sólo espero graduarme y lanzarme a las elecciones. Voy a pasar a la historia como el mejor alcalde de Coconuco".

Desde el 29 de diciembre, Jimmy comandó a su grupo de amigos para elaborar el tradicional 'año viejo': un muñeco enorme, repleto de pólvora y vestido con un pantalón y camisa viejos de don Tulio. "Lo colocaron en la puerta de la iglesia -dice el anciano agricultor-, iba a ser el más explosivo de los 'años viejos' ". El 31, a eso de las cuatro de la tarde, Jimmy se encontraba en su casa durmiendo cuando escuchó una ráfaga seguida de una violenta explosión.

"iCorran, corran, que se metió la guerrilla -gritaba alguien en la calle-, iCorran que están por todas partes!". Un frente entero de las Farc, conformado por más de 500 guerrilleros, ingresaba en ese momento a la población por cinco sitios diferentes. Comenzaron a disparar contra el puesto de Policía, la Alcaldía y los bancos. Una lluvia de cilindros-bomba caía por todas partes causando terror y confusión.

"iTumbaron la iglesia!", escuchó gritar Jimmy mientras de forma apresurada se colocaba los zapatos. De repente, Jímmy Chancigana comprendió que para esto era que había estudiado durante los últimos años. Esta era la oportunidad que había esperado. Sin decir palabra, casi sin comprender lo que hacía, el muchacho tomó una hoja de cartulina y escribió apresuradamente con un marcador la palabra "iPAZ!" así, enmarcada por signos de admiración. Luego tomó del armario la bandera colombiana que su padre colocaba en la puerta los 20 de julio y los 7 de agosto.

Con ambas cosas en la mano, salió a la calle llena de humo y con olor a pólvora, rumbo a su destino. Los guerrilleros habían copado el pueblo. La gente corría hacia sus casas, cuando todos vieron a Jimmy con la bandera en una mano y la cartulina en la otra, trotando hacia el centro del pueblo mientras gritaba: "No huyan. Vamos a enfrentarlos. No podrán matarnos a todos". Tímidamente, los muchachos de la gallada de Jimmy fueron los primeros en ponerse a su lado.

"iPaz! –gritaba Jimmy agitando la bandera y la cartulina-. iFuera de Coconuco! No queremos más violencia". Pronto el grupo se hizo más nutrido alrededor del muchacho. Su padre y dos de sus hermanos marchaban junto a él. Tres cuadras más y era medio pueblo el que caminaba hacia la plaza principal, donde la guerrilla se había hecho fuerte. "iPaz! iPaz!", gritaba todo el mundo.

La nutrida masa de indígenas y mestizos se acerca a la trinchera construida apresuradamente por la guerrilla. Ya están a diez metros de ella. Una banda de músicos hace sonar La guaneña, el himno tradicional de los indígenas caucanos.

De pronto, un indio escuálido, igual que Jimmy, vestido con traje de camuflaje, se echa el fusil al hombro y apunta: "iOh júbilo inmortal...!", canta a todo pulmón Jimmy en ese momento,  acompañado por casi todo el pueblo.

El disparo resuena en toda la plaza. Hay un segundo de quietud, de espanto. De pronto, Jimmy Chancagana se toma con las manos el cuello, por donde aparece un verdadero surtidor de sangre. Y se desploma.

"iAgárrenlo! iAl hospital, al hospital!". Jimmy, ahogado en su propia sangre, ve cómo discurren ante sus ojos diversas escenas: él, muy niño, junto a su padre en el sembrado de papas una mañana de neblina y sol.

Ya mayorcito, atravesando a pie la soledad del páramo para llegar al colegio un día de derrumbe. Sus compañeros de universidad van pasando uno a uno mientras lo saludan: "iHola, Señor Alcalde!". Por último, el rostro hermoso de una india que lo amamanta. Jimmy comprende, en el umbral de la muerte, que esa era su madre, fallecida años atrás cuando él era sólo un bebé.

Sus manos sueltan su cuello donde inútilmente ha intentado taponar la herida. Sin dolor, sin lágrimas, deja que la sangre salga y vaya corriendo por la calle empedrada.

Mientras Jimmy agoniza, al policía Milton Quilindo Cepeda lo sacan herido del centro de salud y lo ejecutan dejándolo desnudo en la calle. Al también agente Édgar Antonio Montenegro lo castran con un cuchillo de carnicería.

El pueblo se rebela. "iH.P., lo mataron! iMataron a Jimmy". La masa comienza a caminar de nuevo, rumbo a los guerrilleros. La banda no deja de interpretar La guaneña.

Ahora son puños amenazantes y gruesos palos los que se levantan de entre la multitud. "No podrán matarnos a todos", había dicho Jimmy. Los guerrilleros comprenden esa verdad y abandonan Puracé, Coconuco, de forma apresurada, dejando botados los lanzacilindros y gran cantidad de explosivos y munición.

Al final de todo, pese a su muerte, Jimmy ganó su batalla. Esa noche a las doce, mientras en la iglesia destrozada velaban el cadáver de Jimmy Alberto Chancagana, sus amigos le pegaron fuego al 'año viejo'. Los cohetes y las explosiones anunciaron que algo muy grande había ocurrido en  Caconuco: había nacido la resistencia civil en Colombia.

 (*) Publicada el 18 de febrero de 2002

 

inserte esta nota en su página
  • 0
  • 24
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

Lo más compartido

  • Isabella, la niña que descrestó con su 'Flaca' en La Voz Kids
  • La mejor inventora del mundo es colombiana
  • Atlas científico de relaciones sexuales
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio