Deportes |16 Dic 2012 - 11:44 pm
Los mejores en El Espectador
Especial de los ganadores del Deportista del Año, una ceremonia que tras bambalinas deja anécdotas, metidas de pata... pero también satisfacciones.
Por: Olga Lucía Barona Torres*
Esta semana se celebró la edición número 52 del Deportista del Año de El Espectador-Telefónica, en la que se subió a lo más alto del podio la bicicrosista antioqueña Mariana Pajón, quien además de brillar con luz propia gracias a su medalla de oro en los Juegos Olímpicos, confirmó la premisa de esta ceremonia: premiar a grandes seres humanos.
Y no hay más que decir: Marianita es toda un princesa, es una niña dulce, paciente con quien le pida una foto o un autógrafo; madura, inteligente y además —según todos los hombres presentes— una mamacita. Un 10 aclamado para la paisa.
Quién sí pasó en saldo rojo, aclarando que para ningún deportista es una obligación venir a nuestra ceremonia, fue el pesista Óscar Figueroa, quien pese a que confirmó su presencia y se le enviaron los pasajes para que viajara desde Cali, nos dejó con los crespos hechos. Nunca apareció en el Puente Aéreo. Seguro que algo le debió pasar, pero nunca volvió a contestar el teléfono para saberlo.
Y si de metidas de pata se trata, hay dos especiales que contar. En nuestro afán de reconfirmar al taekwondista Óscar Muñoz, quisimos invitar también a su entrenador Álvaro Vidal. Pero entre los afanes, la búsqueda en el celular fue para Álvaro Galvis, ciclista paralímpico, quien de inmediato atendió nuestra invitación y viajó desde Bucaramanga. Por obvias razones nunca llegó Álvaro Vidal, pero en cambio pudimos contar con la alegría de Álvaro Galvis, quien se gozó de principio a fin la ceremonia y de paso estuvo al lado de sus compañeros el atleta Elkin Serna y el nadador Moisés Fuentes, plata en los Paralímpicos. Gracias, Álvaro Galvis por acompañarnos.
Pero el terror se apoderó de nosotros cuando a pocos minutos de comenzar la ceremonia en el hotel Sheraton, nos dimos cuenta de que no aparecía el trofeo para el Equipo del Año. Entre gritos y culpas de unos y otros, lo que ocurrió fue que sencillamente la copa nunca se mandó a hacer. Así que de emergencia tocó coger una copa de los ausentes, quitarle la placa con el nombre marcado y entregarle a la selección de Colombia de Fútbol Sala una sin identificar. Mil excusas. Ya se entregará el respectivo trofeo marcado.
Y en escena, obvio, quedan ellos, los deportistas que una vez más engalanaron nuestro concurso. A todos, gracias por hacer grande la ceremonia del Deportista del Año de El Espectador. Hoy les contamos sus historias de vida, porque detrás de esas medallas olímpicas hay seres humanos de carne y hueso, nuestro orgullo nacional.
* Editora de Deportes
Por: Olga Lucía Barona Torres*
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