Una colombiana hace historia

Fórmula 1 con aroma de mujer

Tatiana Calderón es la quinta piloto de pruebas escogida para la máxima categoría del automovilismo, donde sólo han competido oficialmente cinco mujeres.

Tatiana Calderón trabajará en el desarrollo de los vehículos de la escudería Sauber y seguirá participando en el campeonato de GP3, categoría previa a la Fórmula 1.Sauber.

Lo que logró la colombiana Tatiana Calderón al firmar como piloto de pruebas de la escudería Sauber de la Fórmula 1 es histórico no sólo para las mujeres a nivel de Colombia, sino del mundo. Basta revisar los archivos digitales de la máxima categoría del automovilismo para comprobarlo. (Lea: Tatiana Calderón da el salto a la Fórmula 1: será piloto de pruebas del Sauber F1 Team)

La primera de la lista es la italiana María Teresa de Filippis, que participó en tres carreras en 1958 bordo de un Maserati 250F, el mismo modelo que usaba el múltiple campeón mundial argentino Juan Manuel Fangio. También corrió para la marca Behra-Porsche. No logró puntaje oficial, pero demostró al mundo del motor que una mujer es capaz de manejar un auto de carreras a altas velocidades sin poner en riesgo la seguridad de los demás pilotos o del público asistente, que no había impedimento físico o mental para otorgarles la posibilidad de competir al mismo nivel de exigencia que los hombres, soportando peligrosas fuerzas G y velocidades actuales de 300 kilómetros por hora.

Sin embargo, la formación de mujeres pilotos no se promovió, no aparecieron más aspirantes y hubo que esperar hasta 1974 para que otra italiana, inspirada en María Teresa, llamada María Grazia Lombardi, mejor conocida como Lella, fuera recibida como piloto profesional en el Gran Premio de Inglaterra. Estuvo en 17 carreras hasta 1976, en el Gran Premio de Austria, defendiendo los colores de los equipos Brabham, March y Williams. Le figura medio punto obtenido en el Gran Premio de España (1975), tras el volante del March. Falleció de cáncer en 1992, a los 51 años de edad, y siempre será recordada como la primera y, hasta ahora, única mujer registrada en la tabla de puntos de la historia.

Tras la huella de Lella llegó, entre 1976 y 1978, la polaco-inglesa Divina Gallica que pasó los controles iniciales para obtener licencia de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA), pero no clasificó a ningún Gran Premio luego de tres intentos en automóviles Surtes y Hesketh. No se dio por vencida y se dedicó a formar mujeres pilotos en distintas categorías, ya que piloto que se respeta debe empezar en los campeonatos de karts, pasar luego a modelos de turismo y luego a las categorías previas a la Fórmula 1. Siempre fue una deportista consumada, pues participó en Juegos Olímpicos como esquiadora, era miembro de la Orden del Imperio Británico y se convirtió en la decana de la famosa escuela de conducción Skip Barber, por donde pasó Juan Pablo Montoya. En Colombia la revista Motor la incluyó como competidora de las famosas Seis Horas de Bogotá en 1993.

La escudería británica Williams siempre le ha abierto las puertas al factor femenino, tanto en el pilotaje como en la ingeniería de carreras. Allí una paisana del campeón mundial 1982 Keke Rosberg, la sudafricana Desiré Wilson, no pudo clasificar para el Gran Premio de Inglaterra de 1980 aunque obtuvo dos victorias, junto a Alain de Cadenet, en los 1.000 km de Monza y los 1.000 km de Silverstone. Precisamente es allí donde el Club Inglés de Mujeres Pilotos, por iniciativa de la piloto Helen Bashford-Malkie, promueve cursos de formación para que ellas puedan soñar con recibir algún día la codiciada superlicencia de la Fórmula 1. 

En 1992 la italiana Giovanna Amati consiguió un cupo de segundo asiento en la escudería Brabham aunque el competitivo mundo masculino lo atribuyó al poder económico de su padre y al estado de quiebra en que estaba el equipo. Antes, también con un patrocinio especial, había hecho una prueba con uno de los coches del equipo Benetton de Flavio Briatore. Participó en las carreras de Brasil, Sudáfrica y México y en todas se retiró, por lo que fue reemplazada por el que sería campeón mundial en 1996, Damon Hill.

En 2008 la suiza Natacha Gachnang, entonces con 21 años de edad y apadrinada por el hoy exjefe del equipo BMW y exjefe del piloto Juan Pablo Montoya, Mario Thiessen, y el excampeón mundial Niki Lauda -que se llegó a presentar como su mánager-, fue anunciada como piloto de la Fórmula 2 y mostró talento logrando un séptimo lugar. También ha corrido en Fórmula 3 y las 24 Horas de Le Mans en 2010. Recibió gran despliegue en la prensa europea como la primera mujer piloto de la Fórmula 1 para el siglo XXI pero a sus 30 años no ha logrado un puesto en la grilla de partida de la gran carpa y eso que también es prima del expiloto de la máxima categoría Sébastien Buemi.

La última que se puso detrás de un timón de F1 fue la estadounidense Sarah Fischer, que el 27 de septiembre de 2002 comandó un McLaren-Mercedes en el circuito de Indianápolis, gracias a un acuerdo entre la F1 y la Indy Racing League norteamericana para una exhibición previa al Gran Premio de Estados Unidos. Manejó el mismo modelo que conducían David Coulthard y Kimi Raikkonen.

Aparte de ellas, ha habido sólo cuatro mujeres como pilotos de pruebas en la máxima categoría: la española María de Villota, contratada en 2012 por Marussia; la suiza Simona de Silvestro, en 2014 con Sauber, la británica Susie Wolff, entre 2012 y 2015 con Williams, y la española Carmen Jordá, actualmente al servicio de Lotus. De ellas fue especialmente dramático el caso de María de Villota, hija de expiloto y quien se formó toda la vida para llegar a la F1 y el día de verano que empezó a trabajar (3 de julio de 2012), con todos los medios de comunicación españoles siguiéndole los pasos como la primera mujer en lograr tal reconocimiento, sufrió un grave accidente al chocar con la parte trasera de un camión de servicio en el aeródromo británico de Duxford, donde realizaba pruebas aerodinámicas para su equipo. Perdió un ojo, se fracturó el cráneo y salvó la vida luego de varias semanas en cuidados intensivos.

Pudo rehabilitarse, se casó con Rodrigo García Millán, su entrenador personal, pero el 10 de octubre de 2013 su cuerpo apareció sin vida en un hotel de Sevilla, en una muerte que fue atribuida a causas naturales, consecuencia de su accidente previo. A los 33 años de edad seguía trabajando en la Fórmula 1 ya como asesora técnica y se disponía a presentar un libro autobiográfico titulado “La vida es un regalo”. Recibió a título póstumo la medalla de oro de la Real Orden del Mérito Deportivo de España.
Estos datos evidencian la importancia de la oportunidad que se ha ganado a puro pulso la colombiana Tatiana Calderón, más por su talento al volante que por mover millones de dólares en patrocinios.