De María la Baja a la NBA hay 1 hora y 30 minutos

Álvaro Teherán es el protagonista de la historia más importante del baloncesto en Colombia, que es, a su vez, la menos conocida.

Archivo particular

En un país donde ser alto es medir más de 1 metro con 80 centímetros corrió el rumor de un muchacho de gran estatura que vivía en María la Baja. Con la esperanza que ese joven midiera más de 1,90, Mario Ramos, director de Comfenalco y Jairo Ramírez, entrenador de baloncesto de la Liga de Bolívar, enviaron una comitiva al municipio para ver si eso era cierto. Gran sorpresa se llevaron cuando llegaron a la casa de Álvaro Teherán y descubrieron que este joven de 18 años medía 2,16 metros. Inmediatamente le ofrecieron vivienda y trabajo en Cartagena a cambio de solo una cosa: jugar basquetbol. Sin saber qué era ese deporte, Álvaro emprendió un viaje de hora y media que hay entre María la Baja y Cartagena, un viaje corto que lo llevó a ser el colombiano que más cerca ha estado de la NBA.

Es una paradoja que un hombre tan alto haya nacido en María la Baja, Bolívar, un municipio a las faldas de los montes de María, a 72 kilómetros de Cartagena que basa su economía en la agricultura, la ganadería y la piscicultura. Álvaro Teherán nació un 6 de enero de 1.966, hijo de Romualdo y Cecilia Teherán, ambos con el mismo apellido, pero sin parentesco alguno. Vivía con sus hermanos en la finca de su abuela Vita, tenía como oficio los labores del campo y sus ratos libres los dedicaba al fútbol.

El baloncesto se le presentó de la noche a la mañana. Empezó a jugar para la Liga de Bolívar y rápidamente fue reconocido. Carol Rumié, importante periodista deportivo del país, 9 años mayor que él, tuvo la oportunidad de jugar contra Teherán y conocerlo personalmente, hoy mantienen una buena amistad: “Un día nos invitaron a jugar contra la Liga Juvenil de Bolívar, allí estaba Álvaro, durante el juego me bloqueó los tiros una vez, dos veces, a la quinta oportunidad el entrenador me sacó y me preguntó que cuántas veces más me iba a tapar Álvaro, en ese momento me di cuenta de lo importante que él sería para el baloncesto”, afirma Carol, y agrega: “Me gusta molestarlo porque él es mamador de gallo, yo digo que jugamos juntos y eso a él le molesta y me responde que no, que yo soy más viejo que él”.

Pronto se unió a otros colombianos que jugaban en universidades de Estados Unidos, la Universidad Baptista de Houston lo acogió por dos años, de ahí pasó a la Universidad de Houston, mucho más grande e importante en el baloncesto de ese país. Álvaro no solo sobresalía por su altura, el nivel de su juego lo acompañó hasta su retiro de las canchas a los 47 años. Sus compañeros de equipo, contrincantes y entrenadores siempre vieron en él un jugador muy fino, de gran presencia en la zona, gran rebotero y taponador, aplicado, competitivo, con gran movimiento de pies en el poste bajo, además, por si fuera poco, con gran sensibilidad en el tiro, algo no muy común en los jugadores de más de 2,10 metros, era capaz de lanzar de media distancia y triples. “A los 19 años yo me metí en la cabeza que sólo por ser alto las cosas no se me iban a dar, sabía que por ser alto los jugadores no iban a salir a marcarme, así que desarrollé el juego exterior, desarrollé mentalidad de jugador europeo, eso lo entendieron mis entrenadores y me diseñaban jugadas para que recibiera y pudiera lanzar de afuera”, afirma Álvaro.

Todo esto, sumado a su disciplina, su tenacidad y su exigencia, lo llevaron al Draft de 1.991 de la NBA, ese proceso en el que las franquicias de la liga de baloncesto más importante y famosa del mundo seleccionan jugadores procedentes de universidades norteamericanas o de ligas de otros países. Fue elegido en el puesto número 44 por los Philadelphia 76ers, jugó 5 partidos de pretemporada y se daba por sentado que quedaría en el equipo que iniciaba la temporada de la NBA el 4 de octubre de 1.991. El día anterior, Álvaro se encontraba en su habitación y a las 8:00 de la noche, un miembro del equipo tocó a su puerta y le informó que todavía no era su momento, lo corrían del equipo 24 horas antes a empezar a jugar. Álvaro se sintió destrozado y triste, la NBA, la máxima competencia de baloncesto en el mundo, el sueño y aspiración de todo jugador de básquet, quedaba atrás.

Pasó un tiempo en el baloncesto español, una liga muy competitiva y de excelente nivel, jugó para el CB Málaga y para Fuenlabrada. No dejó de lado el sueño de la NBA, volvió a Estados Unidos para probarse con Washington Bullets, allí tuvo una buena pretemporada, pero no hubo espacio en la nómina y lo cortaron, tenía 4 competidores en su posición, todos muy fuertes. Después pasó por Houston Rockets, jugó en el campamento de novatos y tuvo muy buenas estadísticas, de nuevo, las cosas no se le dieron a Teherán. Su gran talento y talla le permitieron recorrer varios países y jugar para diferentes equipos, tras 3 intentos fallidos de llegar a la NBA, Álvaro no logró la meta. Él sabe que lo dio todo y dejó en alto su nombre, mostró sus ganas y está feliz con eso.

El último contacto que tuvo con la NBA fue cuando ayudó a otra promesa del baloncesto colombiano, a Juan Diego Tello Palacios, deportista que ha actuado en España, Francia, Lituania y actual jugador de Pinar Karsiyaka, equipo de la liga turca. Hace 6 años entrenó y jugó con Álvaro para probarse en la liga estadounidense, tampoco tuvo suerte. Por esa época, en declaraciones al periódico El Colombiano, dijo: “Compartir con Álvaro es un privilegio para mí por su grandeza como deportista, con decir que en España me preguntan por él y en Estados Unidos algunos recuerdan que estuvo con 76ers de Philadelphia; me dice que el único secreto para llegar lejos en el básquet es darle duro a los entrenamientos”.

Álvaro le agradece al baloncesto la oportunidad de conocer el mundo a través de la pelota naranja, estuvo en Estados Unidos, España, Eslovenia, Puerto Rico, y Chile, entre otros países. Con el tiempo, decidió volver a Colombia y jugar en diferentes equipos del país, Piratas de Bogotá, Arrieros de Medellín, Valle, Caribbean Heat, verbigracia. En todos tuvo momentos importantes y conoció jugadores que lo estiman. En palabras de Carol Rumié, “no hay nadie que hable mal de él”. Incluso sus contrincantes en la cancha lo aprecian. Stalin Ortiz, referente del baloncesto nacional por jugar a nivel universitario en Estados Unidos y en ligas de Venezuela, Argentina, Italia y en varios equipos de la liga local, comenta que jugó contra Teherán en diferentes oportunidades y siempre vio a alguien alegre, contento y tranquilo, además rescata que es un excelente ejemplo como persona y jugador para el baloncesto colombiano.

En Colombia marcó la diferencia por el nivel de juego que aquí se veía en ese entonces. Para Jhardy Mosquera, compañero de Teherán en Piratas, ha sido el mejor poste que ha habido en Colombia y ayudó a que el nivel de la liga nacional subiera. Otro de sus compañeros en el mismo equipo, César Cassiani, agrega que en sus manos había puntos, había que buscar a Álvaro porque en él podía estar la solución a un partido. Y fue así, José Tapias, el entrenador de este equipo en ese momento, recuerda con alegría, como la que Álvaro contagiaba a sus compañeros y entrenadores, que en un partido contra Cafeteros de Armenia el partido estaba en extra tiempo e iba dos puntos abajo Piratas, José pidió un tiempo fuera y organizó una jugada: Álvaro recibió el balón en el triple, lanzó y Piratas ganó el partido por un punto.

Otro de sus entrenadores, Guillermo Moreno, lo dirigió en 5 oportunidades. Al hablar de Álvaro expresa con orgullo que tuvo el placer de haberlo dirigido, que  inspira respeto, el mismo que le tiene él a sus técnicos y, que “puso a sonar a Colombia en el mapa del baloncesto mundial”. Además, dice que es uno de los jugadores más efectivos en el tiro libre, por no decir que de los jugadores que ha manejado, Teherán ha sido el más efectivo, algo poco común en los jugadores altos. Por su parte, Álvaro confiesa que con Guillermo y Zoraya, la esposa de Guillermo, hay más que una relación de entrenador-jugador, “existe una amistad, al momento en que él me llamaba para jugar en alguno de sus equipos, no importaba el dinero”.

Édgar Moreno, jugador 16 años menor que Álvaro y gran estandarte del baloncesto colombiano, siguió de cerca los pasos de Teherán por el baloncesto mundial, lo vio a nivel universitario, en NBA, en España. Habla de él como un ídolo y un gran referente del básquet colombiano, opina que es una gran persona por dentro y fuera de la cancha: “Muchos lo seguíamos y queríamos ser como él, ayudó a que la liga y los jugadores colombianos mejoraran, incluyéndome”, dice. Después se enfrentaron en la liga local y en el suramericano de Chile tuvieron la oportunidad de jugar juntos representando a Colombia, una experiencia muy especial para ambos. Se forjó una gran amistad y en una oportunidad, cuando Álvaro visitó Quibdó, lo que hacía con cierta frecuencia, Édgar le pidió ayuda para arreglar una cancha, manos a la obra, Álvaro, Édgar y otros amigos pintaron y arreglaron una cancha ubicada en la zona rosa de la capital de Chocó.

No todo es deporte en la vida de Álvaro, le gusta la fiesta, estar en familia y con amigos. Jhardy Mosquera recuerda que Álvaro lo invitaba a su apartamento en Chapinero, en Bogotá, el cual “se convertía en una pequeña Cartagena, había sancocho, comida y trago, los invitados íbamos llegando y nos poníamos a hablar de todo un poco, por la borrachera, algunos se quedaban dormidos y cuando abrían los ojos, Álvaro siempre estaba sentado hablando con alguien, a él nadie lo tumbaba, podíamos durar así todo un fin de semana”, afirma Jhardy, quien le tiene un gran aprecio a Álvaro y explica lo que más lo hace especial: “Persona más noble que esa no conozco”, dice. Álvaro lo atribuye a la manera en que lo criaron, “eso viene con uno, trato de ser como soy, como me criaron, de manera noble y sencilla”, afirma.

Álvaro Teherán se ha casado 3 veces y tiene 4 hijos, su primer matrimonio fue con una abogada de Houston, es reconocida y aparece en televisión, tiene un programa sobre como un grupo de abogados afroamericanos abordan y trabajan sus casos, con ella existe una buena amistad y un hijo, Jiovanni. Su segunda esposa es chocoana, fruto de esta relación nació Jaret Imeka. Su actual esposa es Claribel Agresott, viven en Cartagena y tienen dos hijos, Oriana y Álvaro Hakeem, nombre dado por Hakeem Olajuwon, el jugador favorito de Álvaro y con quien compartió estando en Houston Rockets.

Después de 2.013, su última temporada como jugador con Caribbean Heat, Álvaro planteó la idea de querer despedirse del baloncesto a través de un partido, y la idea fue comprada por todos. “Esta despedida debería incluir a los jugadores que compartieron con él y que jugaron al nivel que él lo hizo”, opina Jhardy Mosquera, Guillermo y Édgar Moreno. Por su parte, César Cassiani complementa con que “los jugadores debieron haber hecho algo por él hace tiempo”. José Tapias afirma que “Piratas estaría dispuesto a hacerle un partido de despedida a Álvaro Teherán”. El partido aún está pendiente.

Para Guillermo Moreno el país no tiene memoria deportiva, en Colombia todo se concentra en el fútbol y se desconocen historias como esta, no solo en el baloncesto sino en los demás deportes. Prueba de esto está en jugadores jóvenes que juegan en las universidades de Estados Unidos y saben quién es Álvaro Teherán, pero no saben por lo que pasó. Además, Álvaro cree que él mismo se hizo olvidar del baloncesto nacional, razón por la cual está adelantando proyectos para volver a hacer parte del mundo deportivo.

Todos esperan que estos proyectos se concreten porque Álvaro Teherán es una persona que disfrutó de su deporte, amó jugarlo, no lo hizo millonario, pero este le cambió la vida a él y a su familia, les abrió las puertas. Además, le deja un legado a Colombia, en palabras de José Tapias, “Quien de alguna manera se tome el tiempo para ver quién es Álvaro Teherán para el baloncesto nacional, perfectamente, puede ver en él a alguien en quien motivarse”.