Un pelotazo desata una batalla campal en Grandes Ligas

En el partido entre Nacionales y Gigantes, un golpe de Hunter Strickland a Bryce Harper inició un combate entre ambas novenas.

Bryce Harper en medio de la pelea que se registró el lunes en San Francisco. AFP

Un pelotazo intencional en el béisbol se paga a golpe limpio. Es una venganza. Una represalia. Así lo toma el bateador y por eso reacciona en contra del lanzador. Se va encima de él con veneno en los ojos y en el alma, con una sola intención: pegarle a su agresor. Por lo general son dos o tres golpes los que se alcanzan a conectar entre ambos beisbolistas antes de que llegue la caballería pesada. Antes de que las bancas se vacíen.

La última batalla se presenció en San Francisco. En el partido entre Gigantes y Nacionales. En la parte alta de la octava entrada Hunter Strickland le metió un pelotazo a Bryce Harper en la cadera. Un mísil salió de la mano derecha del lanzador directo al cuerpo del bateador. Sin efectos o rompimientos extraños. Directo. Con toda la intención de sacarlo del camino. Como un aviso: ‘jamás vuelvas a batearme’. Y claro, Harper no había sido considerado con el pitcher de San Francisco en la Serie Divisional de 2014 entre estos dos equipos, el jardinero de Washington le había conectado dos cuadrangulares. La deuda estaba pendiente.

La pelea entre ambos equipos fue sin compasión. Golpes iban y venían. Parecía un combate medieval en el que los de un bando intentaban acabar con el otro. Salían jugadores por montones de los bancos y del bullpen. Como si la estrategia de batalla estuviera planteada así: a que todos se lanzaran encima de todos, sin remordimiento, como si nunca más fueran a volver a verse.

El castigo de la MLB no se hizo esperar. Bryce Harper fue suspendido por cuatro partidos mientras que Hunter Strickland por seis. Los dos gladiadores que iniciaron la batalla en el AT&T Park de San Francisco pagaron por todos y no podrán ver acción hasta el fin de semana. Y la serie sigue. Este martes se juega el segundo encuentro de los tres que están pactados. Cualquier pelota que pase cerca de un bateador puede ser un fosforo que prenda una mecha que quedó encendida con la pelea del lunes.

Y no es la primera vez que pasa. No es la primera vez que lanzador golpea a un bateador con intención. Ha ocurrido en mil y un oportunidades. Es una forma de demostrar inconformidad ante un bateador que lo ha dominado o que se acerca mucho al plato. Así se resuelven los problemas en las Grandes Ligas. Pelotazo al cuerpo y batalla campal.