Ciclismo |27 Ago 2012 - 7:06 pm

Ciclismo

En defensa de Armstrong

¿Por qué, a pesar de un posible doping, los aficionados respaldamos a uno de los mejores ciclistas de la historia?

Por: Nelson Fredy Padilla Castro, editor dominical de El espectador
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    http://www.elespectador.com/deportes/ciclismo/articulo-370551-defensa-de-armstrong
    http://www.tinyurl.com/9knnfql
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El ciclista estadounidense Lance Armstrong.   /   AFP El ciclista estadounidense Lance Armstrong. / AFP

Invito a cualquier lector a que observe algunos de los centenares de videos que hay en internet sobre los triunfos de Lance Armstrong, a que se siente por un momento en su sillín, intente avanzar diez o doce metros por pedalazo, alcance las 190 pulsaciones por minuto y sostenga ese ritmo durante seis horas.

Entonces podría reflexionar con conocimiento de causa sobre qué ser humano es capaz de ganar siete Tour de Francia, la carrera por etapas más exigente del mundo; un mes con etapas diarias promedio de 190 kilómetros, seis o siete horas pedaleando, en ascenso, descenso o contrarreloj. Lograr esto después de superar un cáncer a los testículos, imponiéndose cada vez a los 180 mejores ciclistas del mundo, no es una hazaña cualquiera, incluso bajo el efecto de algún tipo de dopaje. Comprender la magnitud del esfuerzo es más fácil si uno sale de vez en cuando a la ciclovía o de paseo a un pueblo cercano y no aguanta más de dos horas de travesía porque siente desecho el trasero y sus vecindades. Ni hablar de los días siguientes.

Mi defensa de Armstrong, a quien la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (Usada) quiere convertir en villano del deporte, es entonces emocional y no legal: claro que es grave que lo acusen de “utilizar y/o intentar utilizar sustancias prohibidas y/o métodos prohibidos, incluyendo EPO, transfusiones sanguíneas, testosterona, corticosteroides y agentes enmascaradores”; de “poseer sustancias prohibidas y/o métodos prohibidos, incluyendo EPO, transfusiones sanguíneas y equipamiento para realizarlas (como agujas, bolsas con sangre, recipientes y otro material de transfusión y material para la medición de los parámetros sanguíneos), testosterona, corticosteroides y agentes enmascaradores”; de “traficar con EPO, testosterona y corticosteroides”; de “administrar y/o intentar administrar a otros EPO, testosterona y cortisona”, y de “asistir, alentar, ayudar, instar, encubrir o ser cómplice de alguna otra forma en la violación de una o varias normas anti-dopaje y/o intentar violar normas anti-dopaje”. El pliego de cargos que reveló el viernes la Usada parece el “indicment” del uribista general Santoyo o el de un capo de la mafia colombiana o mexicana, dignos de extradición y cadena perpetua.

Pero del capo del que estamos hablando es el hombre que eclipsó sobre la ardientes carreteras francesas en julio, a través de los Alpes y los Pirineos, las leyendas épicas de Fausto Coppi, Jacques Anquetil, Eddie Merx, Bernard Hinault; el gringo que hizo del ciclismo uno de los deportes más vistos y seguidos del mundo, aquel que ganaba desde la etapa del prólogo en París y se mantenía en primera fila a través de metas volantes, premios de montaña inhumanos para un atleta sobre dos ruedas como el Alpe de Huez o el Tourmalet, solo para recordar picos por los que colombianos como Lucho Herrera y Patrocinio Jiménez pasaron de primeros, hasta el paseo por los Campos Elíseos.

Desde mi óptica de ciclista recreativo, de aficionado al caballito de acero desde los años 80 gracias a los escarabajos colombianos a los que acusaron en su primer Tour de Francia de doparse con panela, deportes como el ciclismo y el atletismo merecen un respeto adicional por el esfuerzo físico y mental que demandan. Por eso, admiración es lo mínimo que uno puede manifestar ante un campeón que corre los 100 metros planos en menos de diez segundos, como Ben Johnson, o un maratonista que recorre 40 kilómetros en dos horas diez minutos. A mí me sigue impresionando Johnson así lo hayan satanizado por doparse, igual percepción tendría de Usain Bolt si los controles médicos reportaran lo mismo. Armstrong es un monstruo que merece figurar en letras grandes en la historia del deporte, con o sin el aval de los zares del ciclismo.

No es que justifique doparse para hacer deporte a nivel competitivo, que sería el equivalente a drogarse para experimentar sensaciones antinaturales, trato de analizar por aparte al ser humano que quiere ir más rápido y llegar más alto en el contexto de un mundo regido por mafias. Me refiero a los carteles de medicamentos que rodean el profesionalismo y que en el caso del ciclismo ya han quedado expuestos en países como España e Italia. Laboratorios capaces de producir sustancias que mejoran el rendimiento físico poniendo en riesgo la salud de los atletas y carreras deportivas como la de Armstrong. Inyecciones, pastillas, jarabes, comida para incidir sobre los glóbulos rojos y la oxigenación.

Si Armstrong es ratificado culpable del “indicment” por la Unión Ciclista Internacional (Uci), ¿él es el único culpable? ¿Qué grado de responsabilidad tienen quienes fueron sus directores técnicos, sus médicos, sus compañeros de equipo? ¿Se darán a conocer los nombres de aquellos expertos y de los laboratorios que influyeron en él? Seguramente no. El nombre de Armstrong y su mérito deportivo son el chivo expiatorio de una rentable industria que no se va a detener y de vez en cuando necesita sacrificados para simular la transparencia de las mafias deportivas.

Es como en fútbol la Juventus descendida hace poco a segunda división y despojada del “scudetto” por comprar partidos, pero prontamente ascendida a primera cuando los escándalos de soborno siguen a la orden del día. Como espectador me defrauda más un árbitro comprado que se inventa un penal o niega un gol válido que un ciclista como Armstrong que recorre un país en bicicleta, bajo presión y enfrentando cualquier clima.

Éste y el enriquecimiento fácil de empresarios y atletas es uno de los problemas de fondo del deporte actual. Si no hubiera tanta fuerza oscura en torno no habría necesidad de doping. Sin embargo, la realidad es la de las grandes farmaceúticas acechando, buscando ratones de laboratorio en una vitrina inigualable; las grandes potencias como Estados Unidos, China, Rusia, forzando niños desde los cuatro años de edad para que se conviertan en campeones históricos al estilo Michael Phelps.

Quiérase o no, esto termina minando la sicología de los deportistas, desde el que se inyecta hasta el que uno ve en el estadio tomando Red Bull antes de saltar a la cancha. Por todo esto, abogo por Armstrong y no olvido sus gestas mientras la bicicleta necesite ser impulsada por las dos piernas, la mente y el corazón de un campeón. Es como si en literatura hoy pretendieran despojar de honores a un clásico porque encontró la inspiración en su alcoholismo. “Realismo sucio”, “música de cañerías”, para citar a Charles Bukowski, que con gusto se hubiera emborrachado con Armstrong. 

Por: Nelson Fredy Padilla Castro, editor dominical de El espectador
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lectora1

Dom, 09/09/2012 - 12:04
De acuerdo. Viva Armstrong y nuestros ciclistas!
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comunyque

Sab, 09/01/2012 - 13:01
COLOMBIA Y EL DOPING DE ARMSTRONG. Que sí, creo que los ciclistas colombianos tienen que ver en esta escalada de doping entre los monstruos del pedalismo mundial. Por los años 80 aparecieron unos sudacas que trajeron el desorden a las carreteras europeas. Si bien ya había bastante de doping en el ciclismo, los esfuerzos de ese entonces (empezando por el Dr Eufimiano Fuentes) era el poder ocultar los rastros que las sustancias prohibidas dejaban, o usar sustancias que no dejaran rastro, al menos conocido; empezando por el mismo dop (un elixir especial extraído de la uva) tales sustancias se basaban en obtener un fortalecimiento adicional o adormecer los dolores propios del esfuerzo. Cuando los dichos sudacas aparecieron, sorprendió a todos la facilidad con que "demarraban" en la montaña
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comunyque

Sab, 09/01/2012 - 13:16
En algún momento se dijo que era por su pequeño tamaño, pero Cristóbal Pérez, Fabio Parra, Rogelio Arango no eran precisamente pequeños...se alcanzó a especular hasta por las infusiones de piedra amarilla que llevaban en sus cantimploras (como si cualquier mamá colombiana no supiera las ventajas de la aguadepanela con un pincito de sal). Al fin se dieron cuenta de la razón: los colombianos venían extraoxigenados. Ya se sabía entonces de las ventajas del entrenamiento en altura y los alpes era sitio propicio para ello, pero encontraron el altiplano cundiboyacense mucho más adecuado por que tenía la proporción de altura, montaña y lanos que buscaban. No fue raro ver entonces los grandes equipos europeos haciendo pretemporada en colombia y corriendo clásicas locales y regionales.
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comunyque

Sab, 09/01/2012 - 13:10
La vuelta a colombia llegó a estar en el calendario mundial como la No. 1 de América...pero los resultados podían encontrarse más fácil y rápido con nuevas prácticas médicas, sin exponerse a una caída y sin salir de casa...Los niveles de glóbulos que conseguían en Boyacá y Cundinamarca se podían lograr y mantener refrigerados, con trasfusiones de su propia sangre debidamente tratada, disponible para cuando se sentían ya cansados...el dr. Fuentes también trabajó en la generación adicional de glóbulos rojos con el ePo que es el de moda....Sí, colombia tuvo que ver por que fue la forma que encontraron para enfrentar y/o tener la ventaja que nuestras montañas y nuestras madres nos dieron para el ciclismo....
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comunyque

Sab, 09/01/2012 - 13:04
Claro que antes del ePo hubo colombianos que se doparon, pero fueron más bien pocos. Pablo Wilches y Alvaro Pachón fueron casos notorios de los que creyeron tener ventajas con estos facilismos del doping, pero la gran mayoría de nuestros monstruos se hicieron trepando las lomas día a día y bien alimentaditos....nuestros grandes campeones se dieron silvestres....
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gusic

Vie, 08/31/2012 - 07:51
Siempre me ha parecido "rara" la forma como se quiere sancionar al gran campeon. De ser cierto el dopaje, habría que tenr en cuenta a los grandes especialistas en la formulación y aplicación de dichas sustancias...y de admirar de todas maneras la resistencia de ese fenomenal organismo. Estoy por ceer que los dopados son otros...y la sustancia dopadora se llama !ENVIDIA Y DE LA MALA! ESEÑORES NO HAN JUGADO NI TETO EN SU VIDA.
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BENEDICTINO

Mar, 08/28/2012 - 11:09
SI FUERA INOCENTE LUCHARIA AHI SI POR DEMOSTRAR SU INOCENCIA ÉL SABE QUE LO PESCARON

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