¡Berraco colombiano!

El boyacense, cuarto en la etapa, le sacó 1 minuto y 26 segundos de ventaja al líder Chris Froome.

El ciclista colombiano Nairo Quintana fue uno de los protagonistas en la etapa de ayer del Tour de Francia. / EFE
El ciclista colombiano Nairo Quintana fue uno de los protagonistas en la etapa de ayer del Tour de Francia. / EFE

Sentimientos de orgullo son los que produce ver a Nairo Alexander Quintana Rojas encima de su bicicleta. El corredor, de 1,67 metros de estatura y 56 kilos de peso, se bate como un león. Su diminuta figura y su profunda timidez distan de sus capacidades de batallador, escalador y de berraco colombiano.

Ayer, en la etapa reina del Tour de Francia, la mítica cima del Alpe d’Huez, el corredor nacido hace 23 años en Cómbita, Boyacá, e hijo de Luis Quintana y Eloísa Rojas, se vistió de héroe, con superpoderes incluidos: terminó cuarto en la fracción, pisó el podio del Tour de Francia y quedó a 21 segundos de la segunda posición en la clasificación, que nunca ha conquistado un colombiano en las cien ediciones de la ronda gala.

Quintana llegó a 2:12 minutos del ganador de la etapa, el francés Christophe Riblon, y superó por más de un minuto al líder, el británico Christopher Froome, y por más de dos a uno de los considerados favoritos, el español Alberto Contador, dos veces campeón del Tour. Palabras mayores.

“Estoy muy feliz por haber conquistado el podio, espero poder mantenerlo en los próximos días”, dice Nairo con cierto tono de acento español.

El techo colombiano en el Tour está en el histórico tercer puesto que logró Fabio Parra en el año de 1988, por detrás del español Pedro Delgado y del holandés Steven Rooks.

Nairo, sin embargo, no mira al líder: “La ventaja es mucha, es imposible quitarle tanto tiempo, pero la idea es avanzar con respecto a los otros corredores”.

El ciclista colombiano del equipo Movistar demostró una vez más su supremacía en la montaña. Fue el mejor de entre los que pelean por el título general, efectuó la subida más rápida y sólo se le fue la victoria de etapa por culpa de los supervivientes de una escapada.

Nairo Quintana es la sensación del Tour, el debutante, el mejor de la clasificación de los jóvenes. Lo hizo en los Pirineos, en la cima de Pailhères, el primer gran puerto de este Tour; lo volvió a repetir en el Mont Ventoux y lo está haciendo en los Alpes. Se le resiste la victoria de etapa, pero Quintana siempre está ahí.

Ahora mira a un Alberto Contador, al que espera superar en las dos etapas montañosas que restan antes del paseo por los Campos Elíseos el próximo domingo: “Espero que mañana (hoy) pueda intentar algo, aunque me conformo con lo que ya he conseguido. Todo ha sido sensacional”.

Su laguna han sido las dos contrarreloj de la prueba, en las que perdió más de dos minutos con Contador: “Es lo que tengo que mejorar para poder venir algún día a ganar. Voy a trabajar en ello y en dos o tres años creo que podré hacerlo”.

Su rostro, pétreo habitualmente, brilla algo más en el Alpe d’Huez, sabedor de que puede conseguir una gesta histórica en su primer año en el Tour: “La montaña favorece mis condiciones, pero, claro, también tengo que destacar el trabajo del equipo que me ayuda y me compromete a luchar cada día para hacer una buena carrera”.

Hoy Quintana tiene una nueva cita con las cuestas elevadas, dos puertos de categoría especial, dos de primera y uno de segunda, aunque la meta es cuesta abajo, un terreno que se le da peor. Mañana, la traca final del Tour tendrá lugar en la cumbre de un puerto especial, Semnoz, una cima que Quintana descubrirá por primera vez al igual que el resto del pelotón, por lo que no tendrá la desventaja de la inexperiencia. Una ocasión para llevar su talento a lo más alto que un colombiano ha logrado en el Tour.