Vuelta a Antioquia

Edwin Ávila fue el más veloz en el Urabá antioqueño

El ciclista se adjudicó la tercera etapa que llegó a Chigorodó luego de 141.6 km. Este jueves será la cuarta jornada entre Carepa y Turbo. Chalapud sigue siendo el líder.

Ávila festejando la victoria en ChigorodóCortesía - Liga de Ciclismo de Antioquia

El ciclismo es el único deporte que permite conocer la geografía de un país. Por ejemplo: de Uramita a Chigorodó hay 141. 6 kilómetros en una carretera que, al principio, puede causar un mareo de altamar. Curvas para un lado y curvas para el otro. Cada una más cerrada que la anterior. Un trayecto en medio de las montañas que se abre paso en búsqueda de la llanura, del Urabá antioqueño, y con cultivos de café en las zonas más altas y de papaya en las más bajas. Porque cuando la cordillera se opone al hombre hay que ir de arriba a abajo para sortearla. En Mutatá están los resguardos indígenas con sus casas de bahareque, tierra y barro, elevadas un metro y medio del suelo para evitar inundaciones y la visita inesperada de un animal.

Por cada adulto se ven tres niños, incluso más. Así como por cada 250 metros de vía hay un hombre de la Policía o el Ejército, dependiendo el lugar, conformando un camino de honor, un sendero de seguridad. El panfleto amenazante de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia tiene a la gente en alerta como antes, desconfiando de todo el que no tenga pinta de lugareño y de todo aquel que hable con un acento diferente. Las personas sospechan y con razón. “La idea es mantener el lote seguro, que no pase nada en la carrera”, dice uno de los patrulleros que encabeza la caravana. Lleva un arma de largo alcance colgada en su pecho, otra pequeña al lado derecho y municiones alrededor de la cintura. Además, tiene tanta ropa encima que parece inmune a los 30º centígrados promedio de temperatura.

El grupo de ciclistas de la Vuelta a Antioquia sabe la situación, pues antes de la salida el murmurio de unos pocos se dispersa e informa a todos. Sin embargo, hay que rodar, el ciclismo no para y mucho menos a mitad de camino. Hay fuga, de seis corredores, entre ellos Carlos Julián Quintero, el hombre de Caldas, el que coordina los intercambios de la punta para no dejarse tomar del pelotón. La escapada dura mientras hay pequeños repechos, pero cuando aparecen las rectas interminables la ventaja disminuye, se agota. El terreno ya es plano, el viento golpea de lado y el sol pica en el rostro. Estar solo es poco efectivo.

A cinco kilómetros de Chigorodó el calor se siente en el aire, dentro del cuerpo, en el aliento. El cielo encapotado no ayuda a que la temperatura disminuya. Por el contrario, potencia el sofoco y la piel se torna pegajosa, el bochorno incomoda, asfixia. El pelotón se compacta y hay un embalaje. En pleno momento de velocidad, en el que las piernas parecieran pensar por sí solas, un corredor menudito, pero muy ágil, se coló entre los más grandes, fabricó su propia espacio y ganó la tercera etapa.

Edwin Ávila, el que estará en el Israel Cycling Academy la próxima temporada, detuvo el cronómetro en tres horas, 24 minutos y 53 segundos, seguido de Jonathan Ospina, quien alegó una supuesta interferencia en el remate final. El nariñense Robinson Chalapud mantuvo la camiseta de líder luego de una jornada cómoda para él y su equipo.

Este jueves será la cuarta etapa con un recorrido de 134.8 km entre Carepa y Turbo, un día llano, con tres metas volantes y un sprint especial, y en el que se espera que el grupo pedalee con calma antes de la contrarreloj individual que cerrará la edición 44 de la competencia. Así el peligro esté latente, el ciclismo no se detiene.