Nuevas figuras del pedalismo nacional

El futuro del ciclismo colombiano está garantizado

Luego de las tres grandes de la temporada, quedó demostrado que Colombia tiene relevo generacional en el ciclismo. Y para mucho tiempo.

Gaviria es el colombiano que más etapas ha ganado en un solo Giro./ AFP

“Son delgados como cerillas”, dijo el exciclista español Luis Ocaña cuando vino a Colombia para vivir como espectador el Clásico RCN de 1981. Esas palabras, recogidas en el libro Cultura ciclística, del periodista Carlos Arribas y provenientes de un hombre que en las carreteras europeas tuvo la valentía y el talento para de desafiar al mismísimo Eddy Merckx, evidenciaron en su momento que de este lado del Atlántico había un país que se entendía geográficamente a través de este deporte y que precisamente esa era la razón por la que los pedalistas aprovechaban el oxígeno mejor que otros. (Vea el especial de la Vuelta a España)

En esa década lo demostraron José Patrocinio Jiménez, Francisco Rodríguez, Luis Herrera y Fabio Parra, sólo por nombrar algunos, quienes crearon memoria en los rivales y dieron nacimiento al respeto que aún permanece en el lote mundial (a finales de los 70 ya Martín Emilio Cochise Rodríguez había puesto las primeras piedras del proyecto). Y esa recordación colectiva se mantiene hoy gracias a Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Sergio Luis Henao y Esteban Chaves, también sólo por nombrar algunos, quienes se podrían denominar como los actores del segundo boom del ciclismo colombiano. Y no es que en los 90 no haya habido potencial para mantener la cadena, sólo que muy pocos se destacaron. Santiago Botero fue uno de ellos, al igual que Mauricio Soler más adelante, un hombre con la contextura de un velocista, pero con las capacidades de un escalador (campeón de la montaña en el Tour de Francia en 2007). (Chris Froome: "Es una sensación increíble")

En los últimos cinco años, Colombia ha logrado 10 podios en las tres grandes, incluyendo los títulos de Quintana en el Giro de Italia (2014) y la Vuelta a España (2016), es decir, el doble de lo que se hizo en los 80. Gran número que no parece inalcanzable a futuro, teniendo en cuenta la calidad y cantidad de los ciclistas nacionales que corren con escuadras World Tour. Porque hay escarabajos que hacen creer que ese mundo perfecto tiene garantizada su existencia.

Por ejemplo: Miguel Ángel López. Muchos dirán que no se le puede catalogar como promesa, porque ya es el presente. Pero su edad (23 años) permite proyectarlo aún más, llamarlo así. En lo que va de esta Vuelta a España, el boyacense ganó dos de las más importantes etapas de la carrera, la 11 y la 15, los únicos días en los que el pelotón subió a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Y eso no es todo, el nacido en Pesca también fue cuarto en la Vuelta a Burgos, tercero en el Tour de Austria, este año, y ganador de la Milano-Torino y del Tour de Suiza en 2016, por nombrar algunos de sus logros. “Es un fenómeno, y por fortuna está con nosotros”, dijo alguna vez el exciclista Alexander Vinokourov, mánager del Astana, su actual equipo.

En lo que se ha podido ver de él en esta edición de ronda ibérica, López puede subir al ritmo de cualquiera, incluso dejar regado al mismísimo Chris Froome y a Alberto Contador, a los que muchas veces se les vio cortos de gasolina, mientras al colombiano le sobró. Miguel Ángel camufla tan bien sus sensaciones, sus momentos, que es complicado para los rivales adivinar lo que vive, si sufre o, por el contrario, va a una velocidad crucero. Con la salida del italiano Vincenzo Nibali de la escuadra kazaja, el colombiano tomó más protagonismo, tuvo mayores responsabilidades y respondió.

También está Egan Bernal, un bogotano criado en Zipaquirá de apenas 20 años y quien recientemente ganó el Tour de L’Avenir. Vestirse de amarillo en la competencia que es considerada el Tour de Francia para menores de 23 años parece, de manera intrínseca, asegurar el éxito en un deporte en el que hay que aprender a sufrir y a elevar el umbral de dolor hasta puntos que para el resto son intolerables. Lo hicieron Nairo Quintana (2010), Esteban Chaves (2011) y Miguel Ángel López (2014), por hablar de los colombianos, de los recientes, porque también se quedaron con el título hombres récord como Miguel Induraín (1986). Bernal, que tomó la decisión de dejar el ciclomontañismo por la ruta porque las oportunidades son mejores, hará parte de las filas del poderoso Sky, del equipo que tiene al mejor del momento (Chris Froome), del que podría ser considerado el Real Madrid del ciclismo mundial.

Sólo fue que lo vieran subir, con un ritmo inusual, como si estuviera siempre por delante de los demás, para que el conjunto británico lo buscara, le ofreciera su infraestructura y el respaldo para potenciarlo. “No lo conozco, pero sé que es un corredor muy duro y con un gran futuro. Estoy contento con su contratación”, dijo Froome apenas se enteró de que tendría, además de los Henao (Sergio Luis y Sebastián) a otro escarabajo con él. Las camisetas del mejor joven ya se han ido acumulando. La Coppi Bartali (dos veces), el Giro del Trentino, el Tour de Bihor, el Tour de Eslovenia, la Vuelta a la Provincia de San Juan, el Tour de los Alpes, el Tour de Saboya, el Tour de Sibiu, además del segundo lugar en esta clasificación en la Tirreno Adriático, son la prueba de que Egan está haciendo un proceso que se ha vuelto acelerado por su talento.

Y si de mirar en Colombia se trata, está Sergio Martínez, el santandereano que ganó la última edición de la Vuelta a la Juventud con el equipo de Sogamoso. Algunos pensarán que es una carrera sin trascendencia, que no respalda nada. Pero para los incrédulos basta recordar al ecuatoriano Richard Carapaz, vencedor de esta prueba en 2015 y que hoy en día corre por el equipo Movistar. Lo anterior no quiere decir que suceda lo mismo, pero es la prueba de que los veedores de las escuadras World Tour están peleándose a las nuevas figuras colombianas con una visión amplia para construir el futuro.

También nacen embaladores

Que no saben andar en un grupo grande, que estar a su lado en los embalajes es peligroso porque son torpes y no miden sus impulsos. Así veían a los colombianos en la década de los 80, cuando lo que hacían para arriba, lo dañaban para abajo, o en el plano. La topografía se prestaba para que aparecieran grandes escaladores y ya. Por eso no era común ver a ciclistas nacionales en los últimos kilómetros de las etapas llanas. Y tampoco se exigía en un terreno en el que se entendía que ya había una gran desventaja.

Así como sucede con Miguel Ángel López, que ya cautiva a pesar de su juventud, en el tema de la velocidad y de la potencia en las rectas nuestro país cuenta con el antioqueño Fernando Gaviria, un pedalista de La Ceja, de bien adentro en la montaña, pero que por el trabajo hecho en el velódromo desarrolló un tren inferior más fuerte que el de los demás. El hoy integrante del Quick Step Floors ya tiene una amplia trayectoria con apenas 23 años. 22 triunfos de etapas en Europa, entre ellas cuatro en la más reciente edición del Giro de Italia, lo convierten en el colombiano que más ha ganado en la Corsa Rosa. Un quinto lugar en la Milán-San Remo 2017 y una caída en esta misma prueba en 2016 que se interpuso en la victoria. Sus capacidades hacen pensar que será cuestión de tiempo, de kilómetros en las piernas y de experiencia para que el antioqueño gane uno de los cinco monumentos y, por qué no, todos. Tiene la explosividad para hacerlo y el tiempo, sobre todo. También para ganar las camisetas de los puntos de las tres grandes, o de cualquier carrera en la que se lo proponga.

Detrás de Fernando, siguiendo sus pasos, está Álvaro Hodeg, el juvenil de 20 años que ya no se desgasta en explicarle a la prensa cómo es la forma correcta de pronunciar su apellido. “Que lo digan como quieran”. Este monteriano está haciendo pruebas en el mismo equipo que Gaviria, mostrando que tiene cualidades para estar en una de las escuadras más veloces del planeta. Campeón de las metas volantes en el Giro de Italia sub 23, el espigado ciclista, que más parece basquetbolista, tendrá que demostrarle a la escuadra belga que tiene con qué mantener una plaza en la nómina.

De todo lo anterior se puede concluir que en la montaña Colombia está bien cubierto para seguir construyendo el legado y que en materia de velocistas las proyecciones son enormes, para que el mundo por fin diga que en nuestro país no sólo da escarabajos, sino también es tierra de embaladores.