Ancelotti no se parece a Zidane

A diferencia del francés, el italiano se caracterizó por tener en cuenta a James Rodríguez durante su etapa en el Real Madrid. Ahora, en Alemania, el DT espera volver a potenciar al 10 de la selección de Colombia.

James Rodríguez en su primer entrenamiento con el Bayern Múnich junto a su entrenador, Carlo Ancelotti.AFP

En medio de un mundo de multimillonarios, de jóvenes con grandes chequeras, pero al fin de cuentas jóvenes, hay un hombre que ha logrado una autoridad suprema sin necesidad de un grito, sin ínfulas de superioridad y con un solo lema: que el futbolista siga enamorado de su deporte. Carlo Ancelotti es el reflejo de Reggiolo, una población italiana, cenicienta, de ritmos mansos, en la que la tranquilidad parece ser una ley de vida y donde nació en 1959. Desde muy niño, aprendió, por sus padres, que la velocidad de la mente supera a la del cuerpo en cualquier ámbito y que el poder se ejerce mucho mejor desde la serenidad.

De jugador no fue muy talentoso, incluso lento, pero marcó diferencia por su capacidad de sacrificio, por volver los objetivos grupales en personales, por pensar para los demás y más rápido que los demás, dentro de la cancha y fuera de ella. “Era un futbolista camaleónico; el que te dirigía el equipo en el terreno de juego. No corría rápido, pero sí que era veloz con el pensamiento”, dijo Arrigo Sacchi, quien siempre lo mostró como su alumno aventajado en ese Milan de finales de los 80, que también contaba con estrellas como Marco van Basten, Frank Rijkaard y Ruud Gullit, entre otros.

La defensa adelantada, la presión asfixiante, la disciplina como cuestión de vida o muerte y el equilibrio en todas las líneas, algunas de las cosas que tomó Ancelotti de Sacchi y que potenció con un aspecto que revolucionó el mundo: el trato con la persona y no con el futbolista. El ascenso de Reggiana a la serie A, en 1995, el equipo de su ciudad, es la muestra de que con un grupo de soldados, siempre obedientes, se podía hacer mucho más que con un conjunto de figuras.

Idealista y trabajador por herencia, Ancelotti descifró lo que parecía evidente: que el fútbol era más que fichas en un tablero y saber pegarle al balón. Que el fútbol podría ser un estado de ánimo, una cuestión motivacional, de liderazgo o, como dijo Jorge Valdano: “Lo más importante entre las cosas menos importantes”. Porque para él, desde un comienzo, fue más importante saber qué pasaba en la cabeza de sus jugadores, cómo iban con sus vidas, cuáles eran sus preocupaciones y qué los entristecía.

Su actitud pacificó vestuarios apretados por grandes egos y con eso ganó respeto. Su mano blanda fue más efectiva que las broncas y los reclamos. Un simple ceño fruncido y sus dirigidos entendían todo. “Es un sabio del fútbol y un excelente ser humano”, dijo Florentino Pérez, presidente del Real Madrid en la presentación del italiano como estratega del club blanco en 2013.

La calma fue y ha sido el camino para conquistar a las personas y, seguido, lograr títulos. Una amistad, que parece más una relación de paternidad, le ha dejado estar cerca de jugadores como Paolo Maldini, Ronaldo, Andriy Shevchenko, Cristiano Ronaldo, Arjen Robben y Frank Ribery, entre otros, y que asustarían a cualquier DT. “Siempre debe estar claro, como el agua, quién es el jefe, y su autoridad debe derivar del respeto y la confianza y no del miedo”, dijo durante el lanzamiento de su libro Liderazgo tranquilo.

Con su disciplina de hierro, pero con la misma sencillez que tuvo desde niño, el italiano volverá a acoger a James Rodríguez. De seguro, el esfuerzo que deberá hacer el colombiano será innegociable, pero por lo menos volverá a estar en paz para hacer lo que más le apasiona: jugar al fútbol. “Nadie me dijo que era bueno, yo lo vi. Y hoy necesitas ser profesional, tener carácter, personalidad y motivación para poder triunfar en este deporte. Y él tiene todo lo anterior”, apuntó Ancelotti durante la presentación del colombiano ayer. Un estratega que entendió, desde su época como jugador, que, materialmente, lo que parece imposible se puede hacer, simplemente, siendo una muy buena persona, pues “de todos los instrumentos que tiene el ser humano el más valioso siempre será el corazón”.