De sangre azul

<p>Llegó a Bogotá en 1987 y se convirtió en ídolo. Ganó dos títulos como jugador y ahora es el responsable de la resurrección embajadora. &quot;Hay que pelear la Suramericana y el torneo local&quot;, dice.</p>

Por las venas de Mario Vanemerak corre sangre azul. Eso se comprueba fácilmente al escucharlo hablar con tanta pasión del equipo con el que se graduó de ídolo.

El aguerrido volante de marca argentino llegó a Bogotá en enero de 1987 y once meses después estaba celebrando su primer título. Un año más tarde repitió, pero la alegría fue aún mayor porque un gol suyo en Barranquilla fue el que selló la decimotercera estrella embajadora.

Ahora, desde el banquillo técnico, es el gran responsable de la resurrección futbolística del conjunto albiazul que está a 90 minutos de clasificarse para la semifinal de la Copa Suramericana y que no se resigna en su lucha por un cupo en los cuadrangulares del torneo local.

El estratega analizó con El Espectador ese fantástico mes y medio que lleva al frente del equipo y recordó los mejores momentos de su carrera.

P. ¿Cuando llegó a Bogotá se imaginó que se quedaría tanto tiempo?

R. La verdad es que era muy joven, apenas tenía 23 años y sólo me preocupaba por jugar y por salir campeón. Afortunadamente logré hacer historia en Millonarios y ganarme el cariño de la gente, lo que hizo que me amañara y me quedara. Ahora tengo aquí una hermosa familia, conformada por mi esposa Amalia y mis hijos Óscar (18 años) y Laura (10). La verdad es que ya me siento un colombiano más.

P. ¿Qué recuerda de ese Millonarios de finales de los 80?

R. Que era un equipazo, tenía una gran plantilla, con muchas figuras y alternativas en todos los puestos. Había un técnico muy conocedor como Luis Augusto Chiqui García y unos directivos comprometidos con el club.

P. ¿Qué hizo cuando salió de Millos?

R. Fui a jugar a Racing, después volví un año y me marché para Quilmes. Luego estuve tres años en Deportivo Quito antes de ir a cerrar mi carrera en el Osorno de Chile, en 1997.

P. ¿Y quería ser técnico?

R. Sí, siempre lo tuve claro. Desde que tenía ocho años sabía que sería futbolista y cuando decidí retirarme pensé que debía convertirme en entrenador para seguir ligado al fútbol.

P. Pero no ha tenido muchas oportunidades...

R. Pues siempre he tenido mi escuela de fútbol y me he seguido capacitando. Me gusta estudiar y prepararme, estar actualizado y saber todo lo que pasa en el fútbol. Profesionalmente sólo había estado en el Chicó, en 2005.

P. ¿Y siempre soñó con dirigir a Millonarios?

R. Sabía que llegaría la oportunidad. Estaba seguro de que tarde o temprano iba a estar sentado en el banquillo embajador.

P. ¿Cómo evalúa su labor hasta ahora, con cinco partidos ganados, cuatro empatados y sólo uno perdido, en apenas mes y medio?

R. Yo estoy muy satisfecho. Feliz por la hinchada, que es la mejor del país, y por los jugadores, pues ellos son los verdaderos responsables de nuestro buen momento.

P. ¿Cuál ha sido la clave para que el equipo haya cambiado tanto?

R. Aparte de los conceptos tácticos que uno trata de implementar, especialmente en el aspecto defensivo, yo les hago énfasis a los jugadores en lo que es Millonarios, lo que significa estar acá. Les digo que pueden asegurar su futuro si hacen las cosas bien, les pido que hagan historia, que se hagan querer de la gente. Que sientan la camiseta, que jueguen por sus familias,  pues ellas sufren, rezan y lloran por ellos. No les pido que ganen siempre, pero sí que dejen todo en la cancha.

P. A pesar de la mejoría, también han tenido mucha suerte

R. Pero la suerte uno la busca con trabajo, con actitud, con temperamento. También hay que tener orden, disciplina. Si no ponemos un poquito de todo eso, no alcanza.


 

P. ¿Le gusta cómo juega su equipo?

R. Siempre hay cosas que mejorar, hay detalles y ajustes, pero en general me deja satisfecho lo que hace en la cancha. Lo que pasa es que debemos ganar algo importante, porque aquí en Millos no nos podemos conformar con cuatro o cinco victorias en línea, aquí hay que levantar trofeos. Para eso tenemos que seguir unidos, ordenados y con actitud de guerreros.

P. ¿No le preocupa que la afición esté demasiado confiada para el partido del próximo miércoles ante Sao Paulo, en El Campín?

R. No, los hinchas tienen todo el derecho a estar felices, a celebrar. Nosotros sabemos que falta mucho camino para lograr lo que queremos y no podemos ser triunfalistas, pero los aficionados deber gozar el momento que están viviendo.

P. ¿Le apostará a la Copa Suramericana o al torneo local?

R. Yo tengo mi cabeza puesta en el partido de este sábado contra América y en los que vienen contra Bucaramanga y Sao Paulo. Vamos paso a paso, pero seguimos peleando todo.

P. ¿Ya ha pensado en la temporada 2008?

R. Todavía no sé si seguiré o no porque apenas tengo contrato hasta diciembre. Me pone contento que gracias a nuestra buena campaña la institución esté saliendo adelante en la parte económica y en la administrativa, porque así volverá a tener la grandeza de siempre.

P. ¿Le gustaría quedarse?

R. Claro, este club mueve mucho y triunfar acá tiene más repercusión que hacer una buena campaña en cualquier otro lado. Millos es una vitrina muy grande y para mí es un orgullo dirigirlo.

P. ¿Ponerse la camiseta de Millos y besarla, como lo ha hecho,  no es demagogia?

R. No, yo soy hincha de Millos y no me da pena decirlo. Lo hice por la rivalidad que tengo con Nacional, jamás me pondría esa camiseta, no dirigiría allá, ni aunque me pagaran toda la plata del mundo. Yo soy azul, soy azul a muerte, quiero al equipo y tenía una espinita clavada desde la Copa Libertadores que ganaron injustamente en 1989. Ahora estoy tranquilo porque ellos se habían preparado para ganar la Suramericana y los dejamos fuera.

P. ¿Cuando firmó pensó que le iba a ir tan bien?

R. La verdad no, pero no me puedo relajar, porque Millonarios cada domingo tiene la responsabilidad de demostrar por qué es el club más grande de Colombia.
  

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