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Fútbol colombiano 8 Dic 2012 - 10:01 pm

Insignia azul

Bonner Mosquera: Millonarios merece el título

El futbolista que más partidos jugó con este club (524) habla sobre el juego contra Júnior. Una victoria clasifica a los azules a la final.

Por: Juan Diego Ramírez C.
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onner Mosquera, en su casa en el norte de Bogotá. Asistirá hoy con sus dos hijos al partido Millonarios-Júnior en El Campín. / Óscar Pérez-El Espectador

Ninguno de las portarretratos en el primer piso de su casa, ubicada en una tranquila zona en el norte de Bogotá, ilustra sus épocas de jugador. Bonner Mosquera sólo posa sonriente con sus hijos, María Fernanda y Lucas. En realidad, el hombre habla de fútbol como quien se refiere a una exnovia ingrata. “Ya regalé todas las camisetas de Millonarios”, le dice al reportero gráfico que le pide lucir una para la foto de esta entrevista. Pero, mentiras, frunce los labios, sube a su habitación y baja con dos camisetas debajo del brazo.

Su hijo de nueve años, delirante por Millonarios, interrumpe el diálogo para saludarlo de abrazo. “Mi jugador preferido es Rafa Robayo”, dice con mirada tímida. Su padre, paradójicamente, es el menos fanático de la casa, así haya disputado 524 juegos en este club durante 13 de sus 14 años de carrera profesional. Hace seis años que este chocoano criado en el barrio Kennedy de Bogotá se retiró con el récord aún insuperable de ser el jugador que más partidos ha disputado con ese club. A los 40 años, ya luce jeans y camisetas y papeles debajo del brazo. Ahora se dedica al mundo empresarial, a una fundación y una escuela de fútbol que creó con su excompañero Osman López. Pero el fútbol, en realidad, no lo trasnocha.

¿Sí le está quedando tiempo para ir al estadio a ver a Millonarios?

Sí, pero por mis hijos. Nunca me gustó ir al estadio. Cuando era jugador y me suspendían, me quedaba en la casa escuchándolo por radio. He sido muy raro en ese sentido porque a mí nunca me apasionó el fútbol, jamás me obsesionó. Pero logré ser profesional y me fui enamorando. Ya viví todo eso, por eso no sufro. Disfrutaría un título como hincha, no como enfermo.

Casi todos se enamoran del fútbol por la primera vez que los llevaron a un estadio...

Yo disfrutaba eso a mi modo. Mi papá me llevaba al estadio porque él era hincha de Santa Fe. Yo prefería entender el deporte. Observaba mucho a Bernardo Redín, Freddy Rincón, pero por televisión también me gustaba ver a Frank Rijkaard y Fernando Hierro. Por eso ni salto, ni grito ni nada, sólo miro.

¡¿No lo golpeó la eliminación de la Sudamericana?!

Ese día no fuimos. Pero estaban inconsolables mis niños. Peleaban contra el televisor, pero yo les decía que no se tiraran a la muerte. Como en el fútbol no hay lógica, hay que reaccionar tranquilamente. Tampoco se debe desbordar si se gana. Un equilibrio.

Pero apuesto a que le dio duro no ganar los títulos del 94 y el 96…

El del 96 nos dolió, claro. Porque habíamos hecho méritos para ser campeones. Pero Cali sumó más puntos y finalmente ganó el torneo. En todo caso, lo más bonito es que la gente reconoció nuestro esfuerzo. Aún lo siento, por todo lo que hice por Millos. En El Campín voy a primera fila por un abonado vitalicio que me dio el Distrito y no me dejan de pedir fotos y autógrafos. De hecho, también lo han hecho aficionados de otros equipos, porque ante todo fui buena persona.

¿Mejor persona o jugador?

Mejor persona. Entonces soy excelente ser humano porque fui bueno jugando (risas).

Habla de fútbol racionalmente, pero cuando jugaba, ¿nunca actuó llevado por un sentimiento?

Claro. En un partido Millos-América en El Campín le metieron una patada a John Mario Ramírez y yo fui a defenderlo. El Tigre Castillo fue a defender a su compañero y se armó una batalla penosa que incluyó trompadas y patadas. Eso me produjo una sanción económica como de dos millones, que me la notificaron a través de una carta firmada por el presidente José María León. Me sentí más mal que de verme luego en la televisión dando puños. Pero, bueno, la gente a veces no sabe el estrés que uno maneja y me cogieron en un momento difícil.

Como cuando lidiaron con el tema del descenso promediando los 90...

¡Uf! Fue terrible. Luchar para no descender y que además no se den los resultados para lograrlo es lo peor: incrementa la presión de la prensa y la hinchada. Y yo era el capitán, tenía la batuta y mi mensaje debía ser siempre positivo. Si lo ven a uno tambaleando pensarán: “si este es el líder y está débil, qué más nos espera”. Todo el peso lo asumí de esa manera.

¿La prensa influye demasiado?

Claro. La gran ventaja de ustedes es que pueden comunicarse con la gente a diario. Pero nosotros no tenemos espacios para defendernos, a menos que ustedes nos quieran entrevistar. La prensa tiene el poder de destruir o poner en un pedestal. Y eso que a veces emiten conceptos que no son verdaderos.

Habla como si le hubiese ocurrido a usted particularmente.

Sí, una vez salí figura de un partido contra Júnior y un periodista, que en ese entonces tenía mucho poder, pero que ya no, siguió hablando mal de mí. Lo escuché por radio —ese hábito que heredé de mi papá— y me desestabilizó mentalmente. Le pedí a la jefa de prensa del club en ese entonces, Blanca Luz Uribe, que pidiera una cita con ese periodista para poder hablar. El hombre me respondió: “Sí, voy a analizarlo”. Pero qué va, luego habló peor. Entonces concluí que nosotros los jugadores somos nuestros propios mejores jueces. Uno mismo sabe si lo ha hecho mal o bien. Desde afuera es fácil ver el fútbol.

Los hinchas son iguales. ¿Le tocó enfrentar barras también?

Una vez estábamos en un entrenamiento al que fueron unos 200 hinchas. Empezaron entonces a gritarnos de todo porque consideraron que la mejor manera de manifestarse era ir a apretarnos. Entonces Martín García cogió un palo y se enfrentó a todos. A mí me tocó mediar o si no se iba a armar una batalla campal. Luego me di cuenta de que se fueron, pero antes pincharon varios carros, entre ellos el mío.

Por eso jugar en Bogotá es duro...

Sí, es que no es normal que uno salga puteado del propio estadio. Común era salir en tanqueta en Medellín después de ganarle a Nacional o a América en Cali. Pero que uno tenga que salir escoltado de El Campín y que cojan el carro a piedras no es fácil.

Si Juan Carlos López y ‘El Chiqui’ García hubiesen seguido, ¿Millos estaría tan cerca de la final?

Muy seguramente no. Pero es incierto. A ellos les jugó en contra que el equipo en ese entonces no ganaba. A leguas se nota que el club está mejor que cuando ellos estaban. Ahora hay una estructura sólida y los resultados se están dando. Se ha sentado un buen precedente y se visualiza un mejor futuro. Ojalá sigamos así, porque esta institución y su hinchada merecen títulos, como los grandes del mundo.

¿Esta vez sí será?

No sé. El fútbol colombiano, en mi concepto, no premia al más regular, sino al rematador. El que mejor afronta la última parte del torneo. Ahora mismo Millos cuenta con jugadores muy interesantes, ha sido el más regular este semestre y en el papel tiene las mejores posibilidades, así como el DIM en el otro cuadrangular. Pero el fútbol no tiene lógica.

¿Cuáles son los jugadores que más le gustan?

Ómar Vásquez, porque a él lo vi en divisiones menores. Pedro Franco es un soporte atrás y me gusta el presente de Hárrison Otálvaro. Y eso que no era un jugador de mis afectos porque pensaba que era irregular.

¿Cómo ve a los de su posición?

Rafa Robayo se fue para la MLS y vino muy bajo de nivel y será difícil que agarre continuidad. Johnny Ramírez ahora se ha estabilizado y es titular indiscutible. Ganicita Ortiz es interesante, al igual que Elkin Blanco. Pero el más regular es Johnny.

Máyer Candelo contagia con la lentitud de su juego, pero en cualquier momento pone un pase. ¿Hay que dejarlo?

Sí, Máyer resuelve conflictos y siempre ha jugado así. Él te puede abrir el camino hacia el triunfo.

De eso también es responsable Wilberto Cosme con sus movimientos sin balón...

Claro, abre muchos espacios, hace diagonales. Y hace goles a pesar de no ser goleador. Hernán Torres ha sacado lo mejor de todos.

Si hoy no pasa Millos a la final, ¿no se pone triste?

No, normal. Insisto: yo no sufro, por eso me da igual si voy o no al estadio. Si me gustara gritar me iría para las barras bravas. Yo prefiero analizar. En todo caso, este domingo asistiré con mis hijos y espero que sí podamos clasificar, porque lo merecen.

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