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Fútbol colombiano 17 Dic 2012 - 8:37 am

Millonarios, campeón por vez 14 en el fútbol colombiano

El título más importante en la historia albiazul

El club embajador confirmó su renacer con la estrella 14. Hace dos años se democratizó y cambió de accionistas, tras 24 años de tristezas y decepciones. En 2013 jugará la Copa Libertadores con Independiente Santa Fe y Tolima.

Por: Redacción Deportiva
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Más trofeos para la vitrina de Millonarios

Cesó la horrible noche. Después de 24 años de tristezas y decepciones, Millonarios conquistó su título número 14, el más importante de su historia, el que confirma su renacimiento, el que sella su nuevo estilo administrativo, financiero y deportivo, el que le devuelve la grandeza que siempre tuvo y que hasta en los peores momentos su hinchada, la mejor y más grande del país, se encargó de recordar.

Atrás quedaron las crisis económicas que casi acaban con el club que fundaron Alfonso Senior y Mauro Mórtola, y cuya escritura de constitución se registró el 18 de junio de 1946. También pasaron al olvido 30 técnicos, nueve presidentes y decenas de directivos que desde 1988 trataron infructuosamente de llevar al equipo a la conquista de una estrella.

Anoche nadie hablaba de la eliminación ante Tigre, hace 20 días, por la semifinal de la Copa Sudamericana. Menos aún de lo mal que jugó el equipo que dirige Hernán Torres durante la mayor parte de los 93 minutos de la final ante Medellín, un rival digno, que murió con las botas puestas y que dio más pelea de lo que su técnico, jugadores, dirigentes y fanáticos esperaban. El rojo de la montaña casi no participa en el campeonato, por dificultades de diversa índole, pero a punta de ganas y trabajo acarició la sexta corona de su historia.

Fue un título justo, pues Millonarios asumió el liderato en la segunda jornada de la fase Todos contra Todos y nunca más la soltó. Y aunque el profesor Torres fue el artífice del éxito, sin duda algo de mérito recae en su antecesor, el venezolano Richard Páez, quien estuvo al frente del equipo durante dos años, precisamente el tiempo en el que llegaron los nuevos accionistas y el club se convirtió en sociedad anónima.

Durante esa etapa el líder de toda la gestión fue José Roberto Arango, un dirigente paisa que recogió lo poco que quedaba del club y lo ‘refundó’. Él no entró a la cancha, pero fue el jugador más importante para la consecución de la estrella 14, asesorado siempre por Eduardo Silva, un gerente de categoría y empuje.

Ellos lideraron al Millos que en 2011 levantó la Copa Colombia y estuvo en las semifinales de la Liga. Promovieron la democratización del club y le devolvieron la dignidad a una institución que había perdido su prestigio.

Hoy el equipo embajador es otra cosa. En lo deportivo un grupo que con virtudes y defectos siempre fue al frente, siempre propuso, nunca se escondió. Que mostró solidez defensiva, pero sobre todo orden y entrega, con algunas pinceladas, esporádicas, de talento.

Ni siquiera el hecho de afrontar con una nómina limitada dos torneos hizo que el sueño se esfumara. El grupo nunca perdió la convicción, siempre tuvo fe. Incluso cuando quedó fuera de la Sudamericana y llevaba dos partidos perdidos en los cuadrangulares. Tres triunfos en línea le devolvieron la ilusión.

Y tras una dramática clasificación a su primera final desde 1996, cuando quedó subcampeón detrás del Cali, en un cuadrangular que completaban América y Nacional, llegó anímicamente motivado a la final. Era el favorito y como tal la asumió. Atacó en la ida, el miércoles pasado en Medellín, e hizo lo mismo anoche en El Campín más azul que nunca, con 35 mil hinchas necesitados de una victoria, que pagaron cerca de $4.500 millones, la mayor taquilla en la historia del fútbol colombiano.

Tal vez esa presión, el peso de la triste historia reciente del club les pesó demasiado a los jugadores, que no pudieron resolver la contienda en el tiempo reglamentario, a pesar de haberse ido en ventaja al minuto 44, por intermedio de Wilberto Cosme.

Apenas comenzando el complemento Medellín empató y se montó en el duelo, de hecho jugó mejor en la segunda mitad a pesar de quedar con un hombre menos, por una justa expulsión de Felipe Pardo.

Y llegaron los penaltis, la definición desde los 12 metros que podría significar la gloria o el infierno para los azules, porque sólo la estrella ratifica y justifica un proceso de un par de años que seguirá dando frutos.

Bogotá se paralizó. Los millones de seguidores azules que durante la semana pasada agitaron la ciudad, quedaron mudos con cada uno de los cobros. Respiraron tranquilos cuando lo falló el argentino Diego Herner, para Medellín, pero se lamentaron tras el cobro de Ómar Vásquez, quien falló para los azules.

Nadie más erró, hasta que el arquero Luis Delgado detuvo el cobro del juvenil Andrés Correa. Millonarios campeón, como en 1949, 1951, 1952, 1953, 1959, 1961, 1962, 1963, 1964, 1972, 1978, 1987 y 1988. Campeón como cuando era el Ballet Azul en la época de El Dorado o después en la década en la que Willington Ortiz lideraba la delantera albiazul. Campeón, igual que cuando rompió la hegemonía del América, que se quedó con 13 coronas y ahora está en la Primera B.

Pero la historia, la gran historia embajadora, debe continuar. En 2013 jugará la Copa Libertadores de América, con Santa Fe y Tolima. Y entre el 23 y el 27 de enero disputará la Superliga Postobón ante su rival de patio, el club cardenal.

Hasta bien entrada la madrugada los hinchas embajadores celebraron el título que esperaron durante 24 años. Tendrán la Navidad más feliz de sus vidas. Su equipo anoche volvió a ser el más laureado de Colombia, recuperó la grandeza que nunca debió haber perdido.

 

La fe como instrumento

La información era escasa, casi nula. Sus cobradores rivales tenían más años que penaltis cobrados en sus vidas profesionales y el destino de sus remates sería una caja de Pandora. Pero el único miedo que siente Luis Enrique Delgado hace unos meses es el peligro de la vida de su esposa Tatiana, a quien ya se acostumbró a verla sin cabello por las quimioterapias para curar el cáncer de seno que invadió su cuerpo en octubre pasado. Entonces le dijo a su hijo, de tres años, a Matías, que se trataba de un juego en el que su mamá, su papá y su hermano mayor Gian debían raparse. Por eso Matías ignoraba la bandera rosada con el nombre de Tatiana que su papá portaba en su bíceps derecho cuando atajaba. Lidiar con la muerte endurece el corazón ante adversidades menores.

Por eso unos penaltis no lo aterrorizaron, por el contrario convirtió esa crisis en motivación: ¡Ganar por Tatiana! Cobraron varios contrincantes, uno de ellos lo estrelló contra el palo, otro empató la serie y Andrés Correa fue tan evidente que al rincón llegó Delgado, como un canto a la esperanza y la fe. “Es para ella. Tatiana está fuerte y vamos para adelante”, dijo el santandereano, titular desde la lesión de Nelson Ramos en septiembre. “Hemos sido grandes, todos hemos colaborado para ganar esta estrella. No tengo palabras”, concluyó.

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