Fiesta nacional

La selección llegó a 26 puntos en la eliminatoria y prácticamente aseguró un cupo para el Mundial. El martes visita a Uruguay.

James Rodríguez y Falcao García celebran el gol ante Ecuador. /Fotos: Óscar Pérez - Enviado especial
James Rodríguez y Falcao García celebran el gol ante Ecuador. /Fotos: Óscar Pérez - Enviado especial

Colombia volverá a jugar un mundial después de 16 años y tres citas sin asistir al evento deportivo más importante del mundo. La emoción retumba en los corazones de un país necesitado de alegrías como esta. Luego del triunfo 1-0 frente a Ecuador, el grupo de 26 guerreros que hoy integran la selección mayor definió su presencia en Brasil 2014. Aunque la página oficial de la FIFA aún no da al combinado patrio como uno de los equipos oficialmente clasificados, tendría que pasar más que una hecatombe para que Brasil no fuera una realidad.

Este mismo estadio, el Metropolitano, fue testigo de aquel gol de Wílmer Cabrera ante Venezuela para ganar el cupo al Mundial de Francia 98. Faustino Asprilla se inventó una jugada por derecha, centró y encontró a Cabrera, quien de cabeza venció a Dudamel y sentenció el paso de la tricolor a una Copa Mundo por tercera vez consecutiva.

Ese ya no será el único recuerdo. La generación que quizá ya no esperaba ver a Colombia en el grupo de los mejores 32 equipos del planeta, podrá sentir esa emoción. El álbum Panini tendrá a nuestros jugadores, el mundo entero nos conocerá y admirará las bondades de cada uno de estos héroes: Las atajadas de Ospina, los quites de Yepes, las salidas de Zúñiga y Armero, los cierres de Aguilar y Sánchez, el desequilibrio de Cuadrado, la precisión de James y los goles de Falcao y su complemento ideal, Teófilo Gutiérrez.

La jugada que hizo palpitar los corazones de Colombia llegó al minuto 30. James Rodríguez fue el encargado de prender la fiesta. Llegó luego de un rebote que dio el arquero Máximo Banguera y remató de zurda para enviar el balón al fondo de la red.

La alegría de los 47 millones de colombianos celebrando en todos los rincones del país, demuestra la importancia de este resultado, que es producto del buen trabajo que realizó José Pékerman desde que asumió su cargo como técnico de la selección mayor, a comienzos de 2012.

El técnico argentino es uno de los responsables del cambio de mentalidad del futbolista criollo. La transformación que ha tenido el equipo ha sido en gran parte gracias a su mano. Aunque el comienzo fue complicado y luego de los primeros dos partidos en los que venció a Perú, jugando mal y perdió frente a Ecuador haciéndolo aún peor, callado, manteniendo su estilo humilde y trabajador demostró luego frente a Uruguay el gran proyecto que vendría. Ese gol de Radamel Falcao García en los primeros minutos de ese compromiso fue el que marcó el cambio. Luego vino Chile y ahí sí que se demostró de la nueva mentalidad ganadora que el argentino inculcó a los colombianos. Ahí el gol de James Rodríguez de tiro libre en Santiago fue vital para una remontada que quedará como uno de los resultados más importantes de toda la eliminatoria.

El Metropolitano se convirtió en el mejor aliado de Pékerman. Aquí ganó cinco partidos demostrando buen fútbol y ahí vale la pena destacar el apoyo de la hinchada barranquillera, que ratificó que su ciudad es la casa de la selección.

La obligación de los colombianos ahora es guardar mesura, consolidar la clasificación en los tres partidos que quedan por disputar de la eliminatoria (frente a Uruguay, el próximo martes, Chile y Paraguay) y comenzar a planificar lo que será la quinta participación de nuestra selección en un mundial de fútbol.

El que no conoce la historia está condenado a repetirla y hoy esa historia cuenta que cuando se exigió y se creyó que Colombia tenía la obligación de pelar por el campeonato del mundo nada pasó. Hay que tener los pies sobre la tierra y entender que el solo hecho de lograr la clasificación ya es ganancia. No vale la pena crearse falsas ilusiones para después terminar como en veces anteriores. Luego de 16 años es justo y necesario disfrutarlo, vivirlo, gozarlo y entenderlo. Paso a paso se consiguen los objetivos, esa misma idea la tiene José Pékerman, quien aunque está clasificado, sabe que quedan partidos que servirán para pulir errores que todavía deja ver su equipo.

Alguna vez decían que la clave para ganar siempre, es acostumbrarse a hacerlo y eso precisamente es lo que les ocurre a los jugadores de la selección de hoy. Son jóvenes con ganas de comerse el mundo, a los que no les da miedo afrontar nuevos retos y prepararse para vencer a los mejores. La continuidad debe ser el arma para luchar contra el fracaso y por ese camino vamos bien. Por ahora hay que gritar sin miedo a equivocarnos: “Somos mundialistas”.