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Fútbol internacional 8 Ene 2013 - 9:00 pm

Entrevista con Vicente del Bosque

"El futbolista debe creer que manda él"

El técnico de la selección española, ganador del Balón de Oro a mejor entrenador, da un repaso por su vida profesional y personal.

Por: José Sámano y Luis Martín / Especial de El País /
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El técnico de España, Vicente del Bosque, de 62 años de edad. / EFE

Vicente del Bosque ríe en la puerta de su despacho en la ciudad deportiva de Las Rozas, mientras posa con los dos trofeos conseguidos como seleccionador: el de campeón del mundo en Sudáfrica 2010 y la Eurocopa alzada el pasado verano en Polonia y Ucrania. A esas copas, hoy le agrega el Balón de Oro al mejor entrenador, que ganó el lunes en Zúrich, y así muestra su lado más humano.

¿Qué significa para usted este nuevo reconocimiento?

Es un honor, es un premio extensible a todos los entrenadores, a la gente que se dedica al fútbol. Es también un premio que reposa en el colectivo, en los jugadores, que son los que nos hacen mejores al resto. Es un premio para el fútbol español. Falta el premio individual, eso es verdad, pero es que tienen que competir con dos fenómenos como Messi y Cristiano Ronaldo, y así es muy difícil.

Usted es hombre que lee periódicos. ¿Anda preocupado por lo que lee?

Siempre me gustó estar informado. Por la mañana desayuno con las páginas en internet y leo los deportivos. También leo por la noche, porque siempre encuentro artículos que no necesitan prisas. Cuando en casa se van a la cama, me cojo el periódico.

No tiene pinta de ser hombre con prisas…

No te creas. También me dan apuros. Alguna vez dije que me tiritaban las piernas en el banquillo y me tiritan. Me alteran muchas cosas, más de las que parece.

¿Por ejemplo?

En la profesión, pues el desarrollo del trabajo, los momentos previos al partido, la incertidumbre de cómo saldrá. Y si las cosas no van bien, me entra un sudor frío, no vayan a pensar que me quedo tan tranquilo.

Y en la vida, ¿qué le preocupa, qué le inquieta?

Principalmente, intentar que mis hijos sean buenos. Eso es lo que quiero. No digo unos estudiantes excelentes, unos profesionales de éxito, no, que la gente diga: “son buena gente, respetuosos, solidarios”. Me preocupa que caigan en tonterías. Esa es mi preocupación máxima.

¿Y con Álvaro? (su hijo con síndrome de Down).

Alvarete es una cosa especial, tiene que cuidarse un poco más porque tiene tendencia a engordar, le gusta comer y tiene diabetes… pero es muy responsable y tiene a la sargento en casa, así que se cuida mucho.

Usted dijo que fue un regalo…

De entrada no lo esperas, así que tras su nacimiento nos hicimos tres preguntas. Primero, ¿por qué a nosotros? Esa la haces muy rápido y rápido la respondes con la segunda pregunta: ¿Y por qué no nos va a tocar, que tenemos medios y podemos ayudarle a ser feliz?

¿Y la tercera?

Ahora muchas veces nos preguntamos: ¿Qué sería de nosotros sin él? No entendemos la vida sin Alvarete. Dicho esto, sé que para algunas familias que tengan que afrontar esta situación es difícil... pero después de los años no es que nos haya venido bien, pero no lo cambiamos por nada. He aprendido mucho de él. Tiene una cierta ironía, es cierto. Y te llenan los pequeños avances, te sientes feliz.

Resulta evidente que es usted más emotivo de lo que pudiera parecer...

Me emociono más por lo positivo que por lo negativo. He aprendido mucho de él.

¿Le pregunta por el fútbol, le habla de mediocentros y falsos nueves?

Está informado. Sabe más que mis otros dos hijos de aquí a Lima. Sigue la actualidad, lee los periódicos. No llega a plantearme según qué debates, pero sí tiene sus preferencias, claro, como cualquier español. Con Xavi tiene una especial predilección y siempre le felicita por los goles.

¿El secreto del seleccionador es no ser pesado?

Intento no serlo. Lo importante de nuestra función es que hagamos creer al jugador que manda, pero que haga lo que nosotros queremos. No es engañarle, es escucharle hablar de fútbol y de la vida. Pero en cosas sustanciales debe ejercer el entrenador, claro. Hay cosas que son una bobada, no merece la pena desgastarse en cosas menores. Eso no es dar síntomas de debilidad, al jugador hay que escucharle. En cualquier actividad es bueno saber escuchar.

¿Cree que se ha perdido moral en el fútbol?

No, no creo que haya ningún retroceso. Estamos en una sociedad distinta pero no creo que haya habido una pérdida de moral, ni en el fútbol ni en lo social.

¿Tiene la sensación de que el país está destrozado?

No, creo que estamos en el mismo nivel que cualquier país dentro de la comunidad económica europea. Si ves la Bolsa no vamos muy distintos de los demás. Y en el mundo del fútbol hemos dado pasos adelante sustanciales. No somos distintos de eso.

¿El fútbol es una burbuja económica a punto de estallar?

No, no creo, aquí se han hecho cosas buenas. A nivel de clubes, principalmente en la conciencia de que la cantera es absolutamente necesaria. Todos en nuestra selección han salido de algún sitio y eso es un trabajo de los clubes.

Siempre ha reivindicado los productos de ‘La Fábrica’...

Yo no llamo a los jugadores pensando de dónde son. Si he de citar a nueve del Barça, los llamo. Pero crecí en el Madrid y sé el trabajo que se hace allí.

¿El fútbol ha cambiado tanto desde que usted debutó en Primera con el Córdoba?

No. No crean. También había estrellitas. Ahora hay menos barro en los campos, eso sí. Los campos del norte eran famosos. Ahora da gusto jugar. Ya no hay fútbol del norte ni del sur.

¿Y de ricos y pobres?

Eso sí. En lo que es la sustancia no ha cambiado, pero se abren las distancias entre equipos. Y es peligrosa, mejor que no la hubiera.

¿Cómo es su relación con los futbolistas, llega a tener conversaciones de índole privado?

El contacto es escaso, pero da para eso, sí, claro. Tengo conversaciones sobre la vida. Siempre surgen, es inevitable. Pero hay cosas que evito, como que se sinceren conmigo sobre su situación en el club, porque no me incumbe y me incomoda saberlo.

Siempre habla maravillas de sus jugadores. ¿No exagera?

No, se ve. Es obligado hablar bien de estos chicos, pero también es verdad que ya no son vírgenes, que tienen sus dobleces. Tú ves que te miran en silencio y que alguno no se entera de nada de lo que le dices, pero el de al lado está esperando que salgas para echarse unas risas a tu costa. ¡Tienen su maldad porque son futbolistas! Siempre fue así el vestuario, eso no ha cambiado. Y eso no significa que no respeten al entrenador, no. Es un grupo de futbolistas extraordinarios.

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