Miguel Calero será quien decida en qué momento morir

El equipo médico señaló que no desconectará al futbolista colombiano.

Archivo El Espectador

Hace apenas unas horas el Pachuca seguía desmintiendo los rumores de la supuesta muerte de Calero. Sin embargo, poco después, el parte médico era contundente: Miguel Ángel Calero Rodríguez presentaba muerte cerebral. “Continuará en terapia intensiva bajo medidas de soporte vital”, anunció el equipo. Había sido ingresado de urgencias a un hospital de la capital mexicana el pasado 25 de noviembre con una trombosis cerebral de la arteria carótida interna del lado derecho mientras estaba en Pachuca.

Trombosis: “Formación de un trombo en el interior de un vaso sanguíneo”, explica la RAE. Esa condición de salud que se le presentó por primera vez en 2007, afectando su brazo izquierdo. Que empezó a dejar secuelas. Que en 2011 determinó su salida de las canchas. Esa enfermedad es la que hoy lo tiene sometido al parte que acaba de dar su médico en el DF, Édgar Nathal: “No podemos hacer maniobras de desconexión. Será el organismo de Calero el que determine que es insuficiente para continuar sus actividades vitales”.

Nathal explicó que, por la legislación mexicana, los médicos están impedidos para intervenir el soporte vital que está recibiendo el deportista. En entrevista con la emisora Blu Radio señaló, sin embargo, que el daño ya estaba causado.

“En mi experiencia nunca he visto un caso que tenga un curso favorable después de diagnosticar la muerte cerebral”. Dijo también que la familia de Calero ha sido muy insistente en que se mantenga el tratamiento –suministro de oxígeno y líquidos– sin hacer ninguna modificación.

Mientras tanto, a través de la página del Pachuca se divulga un pequeño homenaje para uno de los gestores de sus alegrías durante la última década: “Te pueden decir ‘El Cóndor’, ‘El Gigante’, ‘El Show’, ‘El Héroe’. Pero para nosotros siempre serás Miguel, el amigo (…) Hoy, Miguel, te has convertido en una leyenda. Tu nombre será perpetuado a través de los años. A nuestros hijos y nietos les contaremos de tus hazañas”.

Su historia

Cada vez que los hinchas del Deportivo Cali piensan en Miguel Calero se remontan a 1996. El equipo llevaba 22 años de sequía, que se sentían una eternidad, pero con una nómina que incluía al tercer goleador del torneo de ese año, Édison Mafla, liderando la tabla de reclasificación con 100 puntos, y venciendo en la cuadrangular final a Millonarios, Nacional y el América, el Cali logró lo anhelado y se hizo a su sexta estrella. Calero, entonces, brillaba en la cancha.

Había anunciado su retiro en septiembre de 2011. Entre lágrimas, el guardameta del mexicano Pachuca, con 40 años de edad, le dijo entonces a la hinchada que las lesiones de las últimas temporadas le indicaban que era el momento de decir adiós. A lo lejos quedaba ese año 1987, cuando el caleño tenía apenas 18 años y debutaba, después de haberse formado en la cantera del Deportivo Cali, con el Sporting de Barranquilla.

Un año más tarde era el suplente de Óscar Córdoba en el Sudamericano Sub-20. Colombia fue subcampeona. En 1992 hizo parte de la selección que viajó a los Olímpicos de Barcelona, y ese mismo año, con sus 1.89 metros de altura, regresó a su casa, el Deportivo Cali. El Sporting había desaparecido y era hora de que él, formado en la escuela Carlos Sarmiento Lora, jugara bajo la batuta de quienes creyeron primero en él.

Le decían ‘El Cóndor’, ‘El Show’, porque eso era lo que mejor hacía: expandir sus alas para ofrecer un espectáculo a quienes, desde la tribuna, gozaban de sus talentos. Con el Cali marcó dos goles en movimiento y se convirtió el primero arquero colombiano en tener ese récord. En 2006, jugando contra Chivas, fue él quien anotó un gol en el último minuto. Lo suyo era, principalmente, atajar goles. Pero si podía también ejecutarlos, lo hacía.

“Si volviera a nacer, volvería a ser arquero”, le dijo a los hinchas del Pachuca en 2011, cuando creyó que era el fin de su carrera futbolística. Una lesión en el brazo izquierdo lo molestaba más de la cuenta y sus reflejos, sentía, ya no compensaban el desgaste físico de tantos años en las canchas. A esos hinchas les dejaba cuatro títulos del torneo nacional y seis internacionales, incluidos cuatro de la Concacaf, una Copa Sudamericana y una Superliga en Estados Unidos.

En México jugó 395 partidos y sólo en uno no fue titular. Al contrario, en la Copa América de 2001, sólo en un juego participó. Aun así, fue parte de esa selección que venció a México en el estadio El Campín el 29 de julio de 2001. Aguantó la respiración, como el resto de sus compañeros en la banca, hasta que en el minuto 65 estalló en júbilo con ellos al ver que Iván Ramiro Córdoba había empujado un tiro libre hacia el arco. Fue el gol que decidió la suerte de la selección ese día.

En 1997 su pase fue adquirido por el Atlético Nacional. Pagaron US$1.300.000, la transacción más alta en esa época en el fútbol colombiano. Con el Nacional ganó la copa Merconorte en 1998. En 1999 fue el héroe de la hinchada verdolaga cuando, en el partido de ida contra el América de Cali que se jugaba en la capital del Valle, Calero salió del área y derribó al ‘Tigre’ Castillo, que se dirigía como un misil hacia su arco para anotar el gol de desempate. “De no haberlo hecho, el título se quedaba en Cali”, recuerda el portal del Nacional.
 

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