Héctor Quiñones, un lateral todoterreno

Héctor Quiñones ya jugó un Mundial. Fue en Nigeria, hace dos años, cuando Colombia finalizó cuarta en la categoría sub-17.

La cita en el país africano le enseñó a tener paciencia, pues el caleño no era titular en el equipo que dirigía Ramiro Viáfara. También a estar preparado, atento para responder. En suma, a saber que nunca nada está perdido.

El lateral lo terminó de aprender en un partido de ese torneo: el cruce de octavos de final ante Argentina. La lección final fue abrupta, casi al límite. Colombia perdía 2 a 0 ante los albicelestes, y se despedía del certamen. A cerca de 25 minutos del final, Jeison Murillo descontó. Poco después, Jean Blanco empató. Y Quiñones, quien había entrado para el segundo tiempo, marcó el desequilibrio: un zurdazo cruzado, inalcanzable. El ritual de remontar es exactamente eso: no parar hasta vencer.

Hoy, ya en un Mundial Sub-20, el vallecaucano vuelve a una llave de octavos de final. Las condiciones son distintas, desde luego. Aunque algunos nombres de aquel equipo se repiten ahora —Murillo, Santiago Arias, Cristian Bonilla—, Colombia es favorita y, además, anfitriona. La obligación de ganar es lógica y coherente. Y Quiñones lo sabe. Como también sabe que, si las cosas se complican hoy frente a Costa Rica, siempre habrá algo más para dar, un embrión extra de fuerza, ganas y coraje.

“Es un rival difícil. Como lo he dicho antes, ninguno de los países que ha venido a disputar esta Copa Mundial es fácil”, admite el defensor. A diferencia de algunos de sus compañeros, Quiñones entiende la estrategia usual de los centroamericanos. “Ellos son un equipo que juega para Joel Campbell, que es el punto de referencia que tienen”, afirma. La frase evidencia también un conocimiento del delantero tico. “Siempre es complicado para tomarlo”, sostiene. “Hay que marcarlo entre dos para mpoder pararlo y que no pueda hacer mucho”.

Aparte de la dicción correcta y de las palabras bien pensadas, Quiñones insiste en ser autocrítico, en buscar la paja donde apenas se ven elogios y autobombos. “Siempre hay cosas que mejorar, siempre va a faltar algo, como tener más seguridad”, admite. “De a poco se van mejorando los pequeños detalles que hacen falta. Nada es perfecto, pero se llega a la mejoría. Ojalá en este partido hagamos las cosas de la mejor forma y podamos ganar”, dice.

En el plano más individual, el Mundial de Quiñones ha sido silencioso. O, más que eso, fundamentalmente obrero. En no pocas ocasiones, Colombia volcó su ataque por la banda derecha. Santiago Arias ha sido brillo, trabajo y salida. Sin embargo, Quiñones se ha mostrado prudente y oportuno. Cuando el paisa no estuvo, como ante Corea del Sur, el jugador del Cali salió más. Atrevimiento, picardía, persistencia, risas.

“El ida y vuelta ahoga, más que todo. Cuando son seguidos, siempre cuesta, pero para eso me preparé”, confiesa. “Ese ritmo cansa, pero es pura diversión. Y espero hacer lo mismo esta noche”. Por supuesto, la diversión tiene que ver con salir a arrollar y hacer valer la condición de locales. “Sí, hay que ir a ganar desde el principio. Creo que es importante hacerlo: estamos en muerte súbita y quien pierda sale”, señala con firmeza. Del mismo modo, Quiñones entiende que no hay nada asegurado. “Costa Rica no es el mismo equipo del Mundial pasado”, sostiene. “Pero es el mismo trabajo”.

El caleño transmite equilibrio. El reflejo es una frase clara, acaso demasiado obvia, que él rescata como un antídoto frente a cualquier asomo de protagonismo o presunción, frente a cualquier desvío de las funciones de su posición. “Una buena defensa hace un buen ataque”, asegura.

Y bien que lo hace. Quiñones espera ganar con tranquilidad, sin tener que pasar por otra remontada que parezca costar los sueños.

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