Los Alpes son de los colombianos

Las mejores páginas del ciclismo colombiano en el mundo se han escrito allí, desde los años 80. La última, las gestas de los escarabajos en el Tour de Francia. Una lección a tener en cuenta.

Cuando Nairo Quintana, el “Águila de Cómbita”, inicie este miércoles 22 de julio las etapas definitivas del Tour de Francia 2015 en pos de la victoria final en París y conseguir el llamado “Sueño Amarillo”, su esfuerzo está respaldado por la exuberante historia de gloria y triunfos conseguidos por los ágiles “grimpeurs”* colombianos en los Alpes.)
 
Nairo llega optimista a los temibles Alpes. Ya triunfó varias veces en ellos y construyó el año pasado en su cara oriental, en el Stelvio (la llamada cima Coppi), su primera corona: el Giro de Italia.


En los Alpes franceses también ganó el Tour del Porvenir y etapas del Dauphiné Liberé y del Tour de Francia. Su misión es recortarle 3:10 minutos al “robot” del equipo británico Sky, Christopher Froome, en cuatro días de cumbres alpinas que definirán la edición 102 de la famosa prueba.

Igual que en 2013, el kenyata es líder, en la plenitud de su madurez –a los 30 años– y apoyado en la ciencia y la medicina ciclística de Sky. El escarabajo colombiano lo acecha. Es cinco años menor, está en la curva ascendente, en progresión hacia su máximo deportivo y representa el ciclismo original e innato de los Andes, aquel que escribí para la BBC hace unos años

Pero la historia muestra que, desde el primer día, los ágiles escaladores colombianos han sido más efectivos en los Alpes que en los Pirineos y que en sus cumbres han sido intratables, convincentes y ganadores.

El martes 16 de septiembre de 1980 la famosa cadena montañosa europea dejó de ser únicamente francesa, suiza, austríaca o italiana, para convertirse en colombiana.

Ese día, a las 3.32 de la tarde (hora francesa), el boyacense José Patrocinio Jiménez ganó la séptima etapa del Tour de l’Avenir (La Vuelta del Porvenir) sobre 140 kilómetros entre Divonne-les-Baines y Morzine, derrotando al soviético Serguei Morozov. Y las cumbres francesas descubrieron maravilladas el portentoso ciclismo aficionado colombiano, que por primera vez había sido invitado a la prueba.

Tras 15 fracciones y dos semanas de competencia, el domingo 21 de septiembre en Divonne-les-Bains, Alfonso Flórez Ortiz (q.e.p.d.) conseguiría el título para el equipo colombiano venciendo con 3m 10s de ventaja a la estrella soviética Sergei Soukhoroutchenkov, el gran Soukho, triunfador en 1978 y 1979 y quien venía de ser campeón olímpico de ruta el 27 de Julio de ese año en Moscú. (http://www.cyclingarchives.com/voorloopfiche.php?wedstrijdvoorloopid=5376)

José Patrocinio Jiménez fue sexto y tercero en la montaña, y los escarabajos colombianos hicieron historia al derrotar a la “maquinaria” olímpica soviética integrada por el bicampeón “Soukho” (segundo), Yury Kashirin (tercero) y Yury Barinov (quinto y bronce olímpico en ruta).

Empezó entonces una historia de amor con los Alpes que cumple 35 años y está colmada de victorias colombianas.

Lugares comunes y triunfos históricos

Saint-Etienne, Briançon, Divonne les Bains, Vals Les Bains, Annecy, Crans Montana, Val d’Iserre y muy especialmente Morzine, son ya lugares comunes del historial colombiano en los Alpes.

Es en Morzine donde más victorias se han conseguido y el himno nacional ha retumbado. Pero los escarabajos han estampado su nombre triunfando en las principales cimas históricas, desde el temible Col du Galibier a 2.642m (originalmente el techo del Tour 2015 el 24 de julio, pero retirado por problemas de deslizamientos), les deux Álpes, el Col de L’Izoard, Val Thorens-Moutiers, Col de La Madeleine, Marie-Blanque, Risoul, Col de la Colombière, Col de Joux Plane, Villard de Lans, Aix les Baines, el Col du Télégraphe, y con sus 21 rampas de hasta 14º grados de pendiente, ¡el mítico… l’Alpe d’Huez!

En 1981 los colombianos volvieron a la Vuelta del Porvenir y ganaron por equipos gracias a Patrocinio Jiménez, que terminó tercero, Samuel Cabrera 7º y Rafael Acevedo 9º. El campeón fue el francés Pascal Simon, seguido de nuevo por “Sukho”, y Patrocinio fue campeón de montaña y triunfador en la octava etapa en San Gervais.

Al año siguiente debutó en Europa el que es considerado hasta hoy como el más grande escalador que ha dado Colombia: Luis Alberto “Lucho” Herrera. El “Jardinerito”, tenía apenas 21 años, pero tras ganar el Clásico RCN venciendo al francés Pascal Simon y al escocés Robert Millar, fue llevado al Tour de l’Avenir de 1982.

Y el 19 de septiembre ganó la décima etapa, entre Divonne-les-Baines y Morzine. Lo escoltaron su compañero Israel Corredor a 40 segundos y el joven norteamericano Greg LeMond a casi 3 minutos. Al final, LeMond –también de 21 años– fue el campeón, escoltado por el escocés Robert Millar y los colombianos Cristóbal Pérez (3º), Herrera (4º) y Rafael Acevedo (6º). Herrera fue subcampeón de montaña detrás de LeMond, quien ganó tres etapas, y Colombia triunfó por equipos.

Nacían dos estrellas que pronto volverían a encontrarse. Mientras tanto, el ciclismo colombiano tenía una carta de presentación victoriosa con pergaminos de primer nivel para el máximo reto.

La aventura del Tour de Francia

Aunque Martín Emilio Cochise Rodríguez había sido en 1975 el primer colombiano en participar en el Tour de Francia (terminó 27 y fue el tercer integrante del equipo italiano Bianchi-Campagnolo, del campeón del Giro en 1965, Felice Gimondi), la verdadera llegada de Colombia ocurrió en los años 80, compitiendo con escuadras completas, primero aficionados, luego profesionales y posteriormente integrando los principales equipos de la élite del ciclismo mundial.

En 1983 comenzó la participación casi ininterrumpida de escarabajos (2010 es el único año en que no hubo ninguno en la partida), cuando la dirección del Tour invitó a equipos aficionados de la Cortina de Hierro y otros países con el espíritu de mundializar el ciclismo. Sólo Colombia y Portugal presentaron su candidatura y, al final, Portugal desistió.

En la edición 70 del Tour (1983) tomaron la partida el 1° de julio en Fontenay 14 equipos de 10 ciclistas, entre ellos Colombia-Pilas Varta. Aunque se pagó la novatada, los escarabajos brillaron con fuerza. En las etapas planas se perdió mucho tiempo; más de 10 minutos en la tercera (una contra-reloj por equipos de 100 kilómetros) y otros más en la cuarta de 300 kilómetros que terminó en el Puerto de Le Havre.

El Tour había sido diseñado para desgastar al máximo a los colombianos y que perdieran tiempo en el plano, temerosos de su poder en las montañas. Esa era la táctica del “caníbal” Eddie Merckx, quien dijo que el estilo de carrera de los escaladores con grandes escapadas en solitario no sería fuerte después de las previas etapas planas a alta velocidad en que habrían mermado sus fuerzas.

Tuvo razón. Cuando las montañas aparecieron en la décima etapa, entre Pau y Bagneres de Luchon, la suerte cambió.

En la primera y única gran jornada de montaña en los Pirineos el 11 de julio, el veterano de 30 años José Patrocinio Jiménez (lo llamaban ya “el viejo Patro”) dinamitó la carrera.

La 10a etapa tenía cuatro cimas de postín: el temible Tourmalet, el Col de Aspin, el Aubisque y Peyresourde, y el escarabajo pasó primero el Tourmalet y Aspin, llevando a su rueda al joven escocés (24 años) Robert Millar del equipo Peugeot, quien a la postre ganaría la etapa. Patrocinio fue cuarto y el juvenil boyacense de 23 años Édgar “Condorito” Corredor llegó quinto. Los franceses no creían lo ocurrido y los noticieros de televisión destacaron la gesta.

Esa avanzada de pioneros tuvo grandes pedalistas. De los 140 que iniciaron, sólo 88 –el 62%– terminaron en París, entre ellos cinco colombianos. El novato Corredor fue el mejor escarabajo; llegó entre los 10 primeros en cinco etapas y se destacó en la tercera semana, en los Alpes, siendo tercero en las que concluyeron en el Alpe d’Huez (18 de julio) y en Morzine (20 de Julio). Al final, en París, finalizó 16 en la general a 26 minutos del campeón y novato Laurent Fignon, y detrás de futuros campeones como Stephen Roche (13) y Pedro Delgado (15). Además, fue sexto entre los debutantes y octavo en la clasificación de montaña.

Patrocinio Jiménez lo escoltó en el puesto 17 y fue subcampeón de montaña tras haber sido líder de las cumbres durante 18 etapas. Lo venció el astuto y veterano belga Lucien Van Impe, quien conseguía los puntos en las cimas de tercera y segunda categoría y no en las cumbres difíciles en las que sobresalían los colombianos. Abelardo Ríos finalizó 44, Samuel Cabrera 57 y Alfonso “El Pollo” López 64.

“Patro” sufrió la inexperiencia del equipo. Recuerda con nostalgia que lideró la montaña pero que en una etapa se le rompió la bicicleta y tuvo que esperar más de cinco minutos por el auxilio mecánico. Además, que, como no tenían neveras en los vehículos acompañantes, mientras subían las cuestas les pasaban el agua de panela caliente y bocadillos, al tiempo que los europeos consumían gran cantidad de suplementos alimenticios frescos.

La conquista imposible: el Dauphiné Liberé 1984

El ciclismo colombiano había dado el primer paso y pagado el derecho de volver al Tour. Invitado nuevamente en 1984, los pedalistas de Colombia-Pilas Varta se preparaban esta vez en Europa.

Además, Édgar Corredor y Patrocinio Jiménez habían sido contratados por el equipo profesional español Teka y llegaban al Tour después de correr brillantemente la Vuelta a España entre el 17 de abril y el 6 de mayo. Gracias al 5º lugar de “Condorito”, consagrado además campeón neo-profesional, y al 7º puesto de “Patro”, Teka fue campeón por equipos en la Vuelta.

Otros tres colombianos llegarían al Tour a última hora: Martín Ramírez, Francisco “Pacho” Rodríguez y Pablo Wilches, gracias a su sensacional presentación en el Dauphiné Libéré, donde, como parte de un desconocido grupo de escarabajos aficionados colombianos, derrotaron a los grandes ciclistas del momento: Bernard Hinault, Greg LeMond, Phil Anderson, Pascal Simon, Stephen Roche, Peter Winnen y Stephen Rooks, entre otros.

El pequeño equipo local Leche La Gran Vía inició el Dauphiné el 28 de mayo con el mínimo de 6 integrantes (el cupo era de 9), bicicletas armadas a último momento y uniformes de color púrpura comprados en un almacén de ropa deportiva. Al llegar la montaña en la cuarta etapa el jueves 31 de mayo –Día de la Ascensión–, que concluyó en Saint Julien en Genevois, Francisco Rodríguez “despegó” en el Monte Salève (conocido como el balcón de Ginebra) y llegó triunfador a Saint Julien en Genevois.

Al día siguiente “Pacho” volvió a atacar en los Alpes y se vistió de líder aventajando a Roche, Gallopin, Martín Ramírez y Pablo Wilches, mientras el gran favorito Hinault se ubicaba séptimo a más de 2 minutos. Y el sábado, en la etapa reina en los Alpes entre Chambery y Fontanil-Cornichon, Rodríguez volvió a triunfar tras pasar primero en el Col de la Charmette con una pendiente máxima de 12 grados, y aumentó su ventaja a 3m 52s sobre Hinault, 4m 12s sobre Ramírez y 6:04 sobre Wilches.

Pero a dos días del final en la etapa hacia el Col de la Cruzette y liderando la prueba, Rodríguez abandonó por un problema de rodilla tras dos etapas bajo inclemente lluvia y frío. El desafío lo heredó entonces su compañero Martín Ramírez, quien secundado por Pablo Wilches (fueron los dos sobrevivientes del equipo) se defendió con éxito en la apocalíptica etapa y terminó quinto bajo la nieve, pero con 50 segundos de ventaja sobre el “monstruo” Bernard Hinault, con lo cual asumió el liderato por 22 segundos.

El último día de carrera, el lunes 4 de junio, tenía dos etapas: una de 100 kilómetros en línea y una contrarreloj individual entre Privas y Vals Les Bains de 32 km, de los cuales los 10 primeros eran ascendiendo, 16 bajando y 6 en plano.

“El Negro”, como siempre se le llamó cariñosamente a Ramírez, se mantuvo en la primera posición a pesar de insultos y ataques físicos de Hinault y su equipo para sacarlo de la ruta. Y en la contrarreloj respondió con su casta y le aumentó otros 5 segundos de ventaja a Hinault para –curiosamente sin haber ganado ninguna etapa– conseguir un triunfo inolvidable que el famoso diario deportivo francés “L’Equipe” tituló “Ramírez: La victoria increíble”.

Como consecuencia de ese triunfo épico, ya legendario, jamás imaginado y que se merece un filme de Hollywood, Martín Ramírez fue contratado de emergencia por el equipo francés System U, liderado por el veterano francés Jean-René Bernaudeau, y debutó en el Tour de Francia de 1984 como neoprofesional a los 23 años.

A su vez, “Pacho” Rodríguez fue contactado por el equipo belga Splendor- Mondial Moquette, que tenía como jefe a Claude Criquelion (falleció el 18 de febrero de este año) y se integró como neo-profesional con la condición de que contrataran también a su compañero Pablo Wilches. Ambos también debutaron en el Tour.

“Lucho” Herrera, Alpe d’Huez y la leyenda

Por primera vez el Tour de Francia tenía a 15 pedalistas colombianos inscritos en la largada que tomaron 170 corredores de 17 equipos en Montreuil, es decir, el 9% del pelotón.

De nuevo Colombia-Pilas Varta generaba expectativas y también resquemores en un sector del pelotón (encabezado por los campeones franceses Laurent Fignon y Bernard Hinault), que no apreciaba a los escarabajos y temía que después de haber pagado la novatada y ahora mejor asesorados, pudieran hacer estragos. Además, el referente de la victoria en el Dauphiné estaba muy fresco e inquietaba.

Y tenían razón. Esta vez la presentación fue honrosa e histórica. Con un equipo más sólido, integrado por cuatro veteranos del 83 (Flórez, Cabrera, Abelardo Ríos y José Alfonso López) y seis debutantes, entre ellos el menudo pero ágil y combativo escalador “Lucho” Herrera, llegó la anhelada primera victoria.

Herrera era la principal carta del grupo que capitaneó el experimentado Alfonso Flórez. Pero de nuevo el equipo volvió a perder tiempo (más de 5 minutos) en la contrarreloj del 2 de julio sobre 51 km (3a etapa), en la que terminó último.

Al llegar a los Pirineos una semana después, Herrera empezó a destacarse en las cumbres –igual que un año atrás su compatriota Patrocinio Jiménez– y finalizó segundo en Guzet-Neige, a 41” del escocés Robert Millar, ¡tras 226 kilómetros y más de 7 horas de carrera! Esa distancia nunca la había hecho el novato colombiano, pues entonces la etapa más larga de una Vuelta a Colombia, Ibagué-Bogotá, duraba máximo 6 horas.

Empezaba la leyenda del “Jardinerito” de Fusagasugá y al llegar la temible tercera semana en los Alpes, “Lucho” nuevamente se hizo sentir. En la contrarreloj individual de montaña el domingo 15 de julio sobre 22 km entre Les Echelles y La Ruchère, terminó otra vez segundo, a 25” del campeón Laurent Fignon, pero se le adjudicó la victoria en la cima de la prueba a 1.407 m en La Ruchere en Chartreuse, por haber hecho la ascensión más rápida a ese puerto de montaña fuera de categoría en aquella única ocasión en que se ha corrido en el Tour.

Herrera superó a Delgado, Hinault, Kelly y Millar, las estrellas del momento, pero quedó con “la espina clavada”. Y al día siguiente, lunes, en el mítico Alpe d’Huez, se consagró y se convirtió en el primer ciclista aficionado en ganar una etapa del Tour de Francia y el primer latinoamericano en conseguirlo.

De la gloria al infierno

Tras un esfuerzo brutal en el que además pasó primero por la cima de primera categoría del Côte de Laffrey, más de 68 kilómetros antes de las rampas violentas del Alpe d’Huez, al final del día Herrera le sacó 49” a Fignon (2º) y más de 3 minutos a Millar (3º), Rafael Acevedo (5º), Greg LeMond (6º), Bernard Hinault (7º), Pascal Simon (8º) y más de 4 a Pablo Wilches (9º).

Tres colombianos terminaron entre los diez primeros, y como colofón, “Lucho” se colocó 9º en la clasificación general, a 11 minutos de Fignon y a 4” del noveno, el australiano nacido en Londres Phil Anderson.

Esa tarde francesa (mañana colombiana), el himno se escuchó más fuerte y la alegría desbordada puso a soñar al país con un podio en París porque quedaban tres días más de montaña en los Alpes, en una semana fuertísima que tiene cierto parecido con la última de este Tour 2015, que contempla cuatro intensas jornadas de montaña.

Pero luego de más de 3.000 km de carrera casi llana con veloces jornadas y cuatro etapas contra reloj, el esfuerzo y el desgaste acumulado le pasaron cruel factura al menudo y juvenil escarabajo.

No se debe olvidar que como preparación “Lucho” había corrido y ganado el Clásico RCN (22-29 abril) contra Fignon, LeMond, Pascal Simon, Millar, Marc Madiot y Charly Mottet, quienes fueron a Colombia a enfrentar a los escarabajos y prepararse en altura para el Tour. Fueron nueve etapas y un prólogo. Luego, del 7 al 20 de mayo, corrió y triunfó en la Vuelta a Colombia. Sumando ambas pruebas, había hecho la distancia y exigencia de un Tour.

Entonces, al día siguiente de la gloria en el Alpe de Huez, desfalleció en el gigante Galibier y en el Col de la Madeleine, y llegó a la meta en La Plagne a 20 minutos de Fignon en una etapa de más de seis horas. Se esfumaron las ilusiones. Y para rematar, volvió a perder tiempo el miércoles 18 en la etapa con final en el siempre apreciado Morzine, luego de pasar los Cols de la Colombière y de Joux-Plane.

Los colombianos resurgieron el 19 de julio en la etapa entre Morzine y la estación suiza de esquí de Crans Montana en el cantón del Valais, donde Pablo Wilches terminó tercero a 17” de Fignon y Antonio “Tomate” Agudelo 7º, a 1.08”. Gracias a esas dos victorias seguidas, Fignon sentenció el Tour antes de la extenuante etapa del viernes 20 de julio entre Crans Montana y Villefranche en Beaujolais sobre 320 kilómetros, que duró 9 horas y 28 minutos y en la que desafortunadamente Wilches llegó fuera del límite de tiempo.

A París llegaron apenas 124 de los 170 ciclistas que largaron y el balance colombiano fue superior al del accidentado debut un año antes. Diez de los quince terminaron y el equipo nacional finalizó con ocho de sus integrantes, siendo el mejor ubicado Rafael Acevedo (12), seguido de Alfonso Flórez (18) y Antonio Agudelo (19). Además, Acevedo y Agudelo fueron cuarto y quinto entre los debutantes.

Herrera terminó 27, a casi una hora del campeón (58m 30s), y Samuel Cabrera 32. Aunque “Lucho” no ganó la montaña, gracias a su triunfo en l’Alpe de Huez finalizó cuarto en esa clasificación, delante de Patrocinio Jiménez, quien además terminó 15º en la general corriendo para el equipo Teka. Su compatriota Édgar Corredor abandonó en la undécima etapa.

También abandonó Martín Ramírez (System U), en la etapa 14, y su líder cinco días después. Al año siguiente, integrado al nuevo equipo profesional colombiano Café de Colombia-Pilas Varta, Martín ganaría el Tour de l’Avenir con triunfo en la 9a etapa entre Saint-Girons y Superbagnères, en los Pirineos, derrotando a figuras nacientes como el español Miguel Induraín (luego vencedor en 1986) y el francés Charly Mottet. Con Samuel Cabrera (3º y campeón de la montaña) y José Antonio Agudelo (5º), completarían una nueva “barrida”.

De los colombianos del equipo belga Splendor, Francisco “Pacho” Rodríguez finalizó 45, mientras que Pablo Wilches fue eliminado por llegar fuera de tiempo en la extenuante antepenúltima etapa de 320 kilómetros. El líder de la escuadra, Claude Criquelion, terminó 9º en el Tour y luego ganó el 1º de septiembre en Barcelona el Campeonato Mundial de Ruta, venciendo por 14 segundos al italiano Claudio Corti, actual gerente del equipo Profesional Continental Colombia.

El Tour 71 de 1984, con un prólogo y 23 etapas –incluida una de 338 km y cinco contrarreloj–, es uno de los más largos de la historia: 4.020 kilómetros en total. En comparación, el de 2015 tiene 3.360 kilómetros y 21 etapas, la más larga de ellas que terminó en Cambrai y se corrió el 7 de julio sobre 223 kilómetros.

14 victorias en el Tour, 9 en los Alpes

La senda de los triunfos colombianos en el Tour que inició Luis Herrera en 1984 en el Alpe de Huez, se extiende hasta el 20 de julio de 2013, cuando Nairo Quintana triunfó solitario en la inédita cumbre fuera de categoría de la estación de esquí de Semnoz, una montaña encima de la ciudad de Annecy desde la que en un día claro se divisa la mayor cumbre de Europa, el Mont Blanc.

Entre “Lucho” y Nairo hay 29 años de intervalo, con catorce victorias colombianas en el Tour de Francia, de las cuales doce fueron en las montañas, nueve de ellas en los Alpes.

Los escarabajos han sido cuatro veces campeones de montaña en el Tour (Herrera 1985 y 1987, Santiago Botero 2000 y Mauricio Soler 2007), y los mejores siempre triunfaron en los Alpes: José Patrocinio Jiménez, Luis Herrera, Fabio Parra, Santiago Botero, Mauricio Soler y Nairo Quintana.

El año más brillante y recordado fue 1985, cuando “Lucho” Herrera y Fabio Parra dominaron los Alpes en la segunda semana del Tour, ganando tres etapas:

- Julio 9 (lunes), Luis Herrera triunfó en Morzine-Avoriaz, después de llevar a rueda a Bernard Hinault. Parra fue cuarto.
- Julio 10 (martes), en la etapa más larga del Tour, sobre 269 kilómetros entre Morzine y Lans-en-Vercors, Parra y Herrera llegaron juntos a la meta e hicieron un 1-2 inolvidable e icónico tras pedalear durante 8 horas y 25 minutos y cruzar siete cimas, entre ellas el Col de la Colombière, el Plainpalais, Granier y Montaud.
- Julio 12 (jueves), “Lucho” atacó, se despegó y pasó primero el Col de L’Oeillon, pero en la bajada hacia Saint Etienne se cayó. Golpeado y ensangrentado, el colombiano se levantó volvió a la carretera y triunfó. Es otra de las imágenes históricas del Tour. Parra fue 9º a 49” y se colocó noveno en la general. Ese día también se cayó Bernard Hinault, quien igualmente llegó ensangrentado a la meta.

Al concluir la carrera, Herrera se clasificó 7º y fue campeón de montaña, mientras que Fabio Parra fue 8º y mejor neoprofesional. Pero los escuderos llegaron lejos: Reynel Montoya fue 41 y Rafael Acevedo 43.

Como dato curioso, el periodista holandés Jean Nelissen estableció con un estudio de tiempos que si se descontaran los resultados de las pruebas contra-reloj, Luis Herrera habría sido el campeón del Tour con ventaja de 16” sobre Pedro Delgado, mientras que Fabio Parra quedaría cuarto detrás de Greg LeMond. El campeón Bernard Hinault habría terminado apenas octavo, a 4:47 de Herrera. Pero son simples cálculos matemáticos.

Lo que sí es cierto es que en 1986 el Tour tuvo 23 etapas y un prólogo y redujo la montaña al mínimo porque recibía a un segundo equipo colombiano, Postobón, encabezado por Ómar Hernández. Y además, en el equipo francés Fagor estaban Martín Ramírez y Argemiro “El Polaco” Bohórquez, mientras que Samuel Cabrera integraba el Reynolds de España. Junto a la escuadra de Café de Colombia, sumaban 23 escarabajos en total.

Pero la presentación de los equipos colombianos fue regular, debido a la cantidad de abandonos en las etapas iniciales. De Café de Colombia se retiraron en la primera semana antes de la montaña cinco de sus miembros, entre ellos los fundamentales Fabio Parra y Rafael Acevedo. Sólo terminaron cuatro ciclistas en París: Patrocinio Jiménez (21), Herrera (22), Alfonso Flórez (27) y Marco Antonio León (44). Y de Postobón abandonó su líder y concluyeron sólo cinco. Su mejor representante fue Reynel Montoya (15).

El primero de todos los escarabajos, Samuel Cabrera, terminó 11 en la general y fue el mejor ciclista del equipo Reynolds, dirigido por Eusebio Unzué, quien es hoy el gerente general del Movistar de Nairo Quintana y ha Ganado el Tour con Pedro Delgado (1988), Miguel Induraín (1991, 92, 93, 94, 95) y Óscar Pereiro en 2006 (tras la descalificación por dopaje del estadounidense Floyd Landis). De los otros “europeos”, Bohórquez abandonó y Martín Ramírez concluyó 42.

A pesar de la magra actuación, se rescata que “Lucho” Herrera fue subcampeón de montaña detrás de Bernard Hinault, terminó cuarto en dos etapas y además el lunes 21 de julio pasó primero en el techo del Tour, el Col du Galibier. A su vez, Patrocinio también consiguió otra cima alpina, el Côte de Saint Pierre de Chartreuse el 16 de julio.

Favoritos sin victoria

El año 1987 ha sido tal vez el mejor del ciclismo colombiano. Luis Herrera ganó la Vuelta a España (3.920 kilómetros) el 15 de mayo en Madrid, y también se coronó campeón de montaña. Además, se ganaron tres etapas, el segundo equipo profesional Ryalcao-Postobón fue la mejor escuadra y cuatro pedalistas nacionales finalizaron entre los diez primeros de la clasificación: Herrera campeón, Óscar de Jesús Vargas (5º), Henry Cárdenas (9º) y Ómar Hernández (10 º).

Los colombianos llegaban pedaleando fuerte al Tour de Francia y por primera vez con dos equipos: Café de Colombia encabezado por Herrera y Ryalcao Postobón liderado ahora por Pablo Wilches. Además, Samuel Cabrera volvía con el Reynolds y Francisco “Pacho” Rodríguez en el BH, ambos españoles.

El Tour había cambiado: 25 etapas, 4.231 km y 23 equipos de nueve ciclistas (se abandonaba el formato de 10). La prueba se mundializaba, comenzó en Berlín y terminó en París. Largaron 207 pedalistas, 20 de ellos colombianos.

Además, la clasificación de los neoprofesionales, que de 1983 a 1986 se consideró para los debutantes, cambió a ciclistas menores de 25 años el primero de enero del año del Tour, que en la práctica son 24 años y 6 meses, dado que la prueba se inicia normalmente en los primeros días de julio.

No se ganaron etapas, pero colectivamente es la mejor actuación. El equipo Café de Colombia fue subcampeón gracias a Herrera (5º), Parra (6º) y Martín Ramírez (13).

Y Luis Herrera volvió a dominar las montañas. En los Pirineos fue segundo en la cima de Luz Ardiden el martes 14 de julio y el día anterior había llegado cuarto a Pau después de ganar el Col de Marie-Blanque. Luego brilló en una tercera semana brutal en los Alpes: el domingo 19 de julio fue 2º en la contrarreloj al Mont Ventoux, el lunes 20 llegó 6º en Vilars de Lans, el martes terminó 5º en el Alpe de Huez (Ramírez fue 4º), el miércoles llegó 8º en La Plagne (Parra fue 3º) y el jueves 23 en Morzine fue 11º, mientras que Fabio Parra concluyó sexto y aseguró ese lugar en la clasificación final por delante del bicampeón francés Laurent Fignon. La regularidad de Herrera en las cimas le dio por segunda vez el título de campeón de montaña.

Primer podio, adiós de “Lucho”, nuevos triunfos

La segunda fase del ciclismo colombiano en el Tour de Francia había comenzado con la diáspora de pedalistas nacionales a equipos europeos en busca de mejores condiciones profesionales y ciertamente económicas.

Los escarabajos habían pasado a nutrir distintas escuadras, fundamentalmente españolas por la facilidad del idioma, pero también francesas y luego italianas, belgas, alemanas, portuguesas y estadounidenses.

Fabio Parra se integró en 1988 como líder de la escuadra española Kelme. Y de inmediato brilló. Concluyó quinto en la Vuelta a España y ganó la etapa 13 con final en la estación de esquí de Cerler, en los Pirineos.

Y en el Tour de Francia brilló en la segunda semana, de nuevo en los Alpes. Herrera volvió como jefe de filas de Café de Colombia, escoltado por Samuel Cabrera, de vuelta al equipo luego de su paso por Reynolds.

Pero mientras Herrera no era el mismo del 85, Parra iba en ascenso deportivo y táctico. El miércoles 13 de julio ganó solitario la undécima etapa sobre 232 km (la más larga de la prueba) entre Besançon y Morzine, después de haber pasado primero por la cima del Col du Corbier.

Al día siguiente, en la etapa al Alpe d’Huez, Parra atacó a dos kilómetros de la cima y alcanzó a los punteros, el holandés Steven Rooks y el español Pedro Delgado. Desafortunadamente, cuando lanzó varios ataques para ganar la etapa fue frenado por las motos de la organización del Tour, que no podían avanzar por la cantidad de aficionados apostados en la vía. Terminaría cuarto, a 27” de Rooks pero ascendió al tercer puesto general.

El tercer puesto en el podio en París detrás del controvertido campeón Pedro “Perico” Delgado y del segundo Steven Rooks (campeón de montaña), fue la recompensa para Fabio Parra, mientras que Herrera consiguió un honroso 6º lugar en un Tour en el que quedaron muchas dudas.

El campeón Delgado dio positivo por dopaje con probenecid, en la durísima etapa 15 del lunes 18 de julio que recorrió las cimas de Portet d’Aspet, Peyresourde, le Col d’Aspin y el Tourmalet con final en Luz Ardiden. Ese día el español fue tercero, Rooks 5º y Parra 9º, separados por 38”.

El probenecid estaba prohibido por el Comité Olímpico Internacional, pero no por la Unión Ciclística (lo hizo a partir de 1990), y por ese motivo de legislaciones Delgado no fue suspendido. Pero su triunfo aún es cuestionado en Francia. Además, años después, Rooks, reconoció en un programa de la televisión holandesa haberse dopado con anfetaminas durante su carrera, pero a diferencia de Delgado, nunca dio positivo en un control.

De “Cacaíto” a Botero y Soler

Con la caída de los precios internacionales del café y la desaparición de los equipos profesionales Café de Colombia y Postobón a principios de los años 90, la diáspora aumentó. Además, el retiro de Herrera y Parra dejó al ciclismo colombiano huérfano de grandes ídolos y el fútbol volvió a ser la imagen del deporte nacional.

Los Alpes tuvieron que esperar seis años para a ver triunfar de nuevo un colombiano, en 1994, gracias a Nelson “Cacaíto” Rodríguez, que después de haber corrido con el equipo español Kelme (1989-90) se fue a la escuadra italiana ZG-Mobili, dirigida por Gianni Savio, quien desde entonces ha promovido a ciclistas colombianos y venezolanos.

Luego de terminar 6º en el Giro de Italia, el pequeño escalador de Manizales estaba bien preparado. El 20 de julio (miércoles), día nacional de Colombia, Rodríguez ganó la etapa 17 del Tour con final en la estación de esquí de Val Thorens, a 2.340 m en los Alpes franceses, en la única ocasión en que el Tour ha llegado a esta cima fuera de categoría.

“Cacaíto” terminaría el Tour en el puesto 16, muy cerca del controvertido danés Bjarne Riis, quien luego admitió públicamente haber ganado el Tour de 1996 gracias al dopaje con EPO y quien hasta marzo de este año estuvo vinculado al ciclismo profesional como dueño del equipo Saxo Bank (hoy Tinkoff), en el que compite Alberto Contador.

Y pasaron otros seis años hasta una nueva victoria colombiana con la aparición en el pelotón internacional del antioqueño Santiago Botero, corriendo para el equipo español Kelme, escuadra que estaba acostumbrada desde la época de Parra a tener colombianos en sus filas y que además durante varios años tuvo patrocinio de la línea aérea nacional Avianca.

Botero debutó tarde, con más de 27 años, en el Tour de Francia del milenio, como el segundo del equipo liderado por el veterano español Fernando Escartín. Kelme no tenía un cupo fijo y había llegado por invitación.

Botero era reconocido como un rodador (sin la tipología de un escarabajo, pues mide 1,75 y pesa 75 kilos) y deslumbró llegando 5º en el Mont Ventoux el jueves 13 de julio, detrás de Marco Pantani, Lance Armstrong y Jan Ullrich (todos ellos serían luego descubiertos como ciclistas dopados de la época del EPO). Dos días después, el sábado, ganó la etapa 14 –la primera en los Alpes y la más larga de las de montaña–, sobre 249.5 km, entre Draguignan y Briançon, tras coronar primero el puerto fuera de categoría del Col de L’Izoard a 2.361 metros. Ese 15 de julio Santiago Botero se metió 8º en la clasificación general.

Al día siguiente fue 6º en Courchevel, después de pasar segundo en la cima del Galibier, y el martes 18, luego de la jornada de descanso, llegó décimo en Morzine y avanzó hasta el séptimo puesto en la general, que conservaría hasta París, donde subió al podio como campeón de montaña. Su equipo fue además el campeón, al ubicar a tres de sus ciclistas entre los diez primeros: Roberto Heras (5º), Botero (7) y Escartín (8).

En 2002 Santiago Botero repetiría triunfo en los Alpes el martes 23 de julio, pero previamente el lunes 15 había logrado el triunfo más inesperado y sorprendente: la contrarreloj individual sobre 52 kilómetros en Bretaña (la tierra de Bernard Hinault) entre Lanester y el puerto de Lorient en Bretaña, venciendo a Lance Armstrong.

La victoria alpina de Botero se produjo en una etapa ondulada de media montaña con siete premios de segunda y tercera categorías, pero de 226 kilómetros de larga y casi seis horas de pedalazos, que terminó en la cima de primer nivel de Les Deux Alpes.

El antioqueño también conquistó otras cimas históricas fuera de categoría: el Galibier al día siguiente (julio 24) y el Col de la Madeleine, pero tres años después, el 13 de julio de 2005, cuando corrió para el equipo suizo Phonak en los últimos de su carrera profesional en Europa.

Santiago Botero tuvo el pico de su carrera en ese 2002, pues terminó 4º en el Tour de Francia, ganado por Lance Amstrong (posteriormente desposeído del título), y en septiembre se coronaría en Zolder (Bélgica) campeón mundial de la prueba contrarreloj individual.

Cinco años después, en el Tour de Francia 2007, otro colombiano volvió a brillar en las montañas y en su primera participación: el boyacense Mauricio Soler, el ídolo de infancia de Nairo Quintana, nacido en Ramiriquí, igual que el primer gran escarabajo colombiano José Patrocinio Jiménez.

Soler es el más atípico de los escarabajos colombianos. Empezó tarde en el ciclismo, a los 17 años. En 2005 ganó una etapa de la Vuelta a Colombia y al siguiente, con 23, se unió al equipo Profesional Continental italiano Aqua & Sapone, dirigido por Claudio Corti. En su primera temporada en Europa ganó una etapa y el Circuito Lorraine en Francia, de categoría continental.

Cuando Corti formó en 2007 la escuadra sudafricana Barloworld –con licencia británica–, lo llevó como líder. Mauricio era un ciclista longilíneo de 1,90m y 70 kilos (más alto que Chris Froome), con un violento golpe de pedal y unas aceleraciones en subida similares a las de la estrella del equipo Sky. De hecho, fueron compañeros en 2008 en Barloworld, antes de que Froome reclamara la ciudadanía británica y tuviera la evolución actual.

Soler debutó en 2007 en el Tour de Francia “del escándalo” y sorprendió a todos. El primer aviso lo dio el sábado 14 de julio en la primera etapa de montaña, cuando llegó cuarto a la meta en Le Grand Bornand después de pasar el Col de la Colombière de primera categoría.

Y el triunfo llegó el martes 17 de Julio –al día siguiente de la primera jornada de descanso– en la novena etapa, la más dura de los Alpes, con los techos del Tour en las cimas fuera de categoría del Col de l’Iseran y del Galibier (2.646), que coronó primero. Soler venció en Briançon con 38” de ventaja sobre Alejandro Valverde, Cadel Evans, Alberto Contador y el líder danés Michael Rasmussen.

Empezó a portar la camiseta de la montaña a pesar de ser segundo detrás de Rasmussen, porque este era además el líder del Tour. Pero al estallar los escándalos de dopaje del kazajo Alexandre Vinokourov y del equipo Astana y posteriormente cuando Rasmussen fue retirado por su propio equipo Rabobank debido a dopaje, Soler tuvo en propiedad la camiseta de la montaña hasta París. Fue el mejor novato, pero la camiseta del mejor joven la recibió el campeón, el español Alberto Contador, quien a pesar de correr su segundo Tour, es 39 días menor que el colombiano.

La trayectoria de Mauricio Soler hubiera podido ser inmensa, pero los accidentes se atravesaron en su ruta en 2008 y 2009 en Barloworld y luego en 2010 cuando pasó al Caisse d’Epargne (hoy Movistar) contratado por Eusebio Unzúe, que confiaba en desarrollar su potencial. Determinado a triunfar, el ciclista vivía en Pamplona y compartía residencia con Rigoberto Urán.

En junio de 2010, cuando había recuperado su nivel, en una caída en el Dauphiné Liberé se lesionó una rodilla y no pudo correr el Tour de Francia, para el cual estaba anunciado. Tuvo que esperar un año para volver a ganar, el domingo 12 de junio en la segunda etapa de la Vuelta a Suiza, que terminó en la estación de esquí de Crans Montana, en los Alpes, donde además se enfundó la camiseta de líder. La espera había dado frutos y la rebautizada escuadra Movistar encontraba de nuevo un líder, porque su jefe natural Alejandro Valverde cumplía una suspensión por dopaje hasta enero de 2012.

Pero el jueves 16 de junio de 2011, en la sexta etapa –previa a la jornada reina de montaña en el Tirol austriaco– y cuando era segundo en la general, Mauricio Soler chocó en pleno descenso a 80 km/hora, voló por los aires y cayó contra un muro, se fracturó el cráneo y sufrió un edema cerebral. Se le puso en coma inducido y luego de despertar inició una lenta reeducación motriz, pero no recuperó sus condiciones y a los 28 años debió abandonar su vida en el ciclismo.

Antes del accidente, Soler ya había conocido a su coterráneo Nairo Quintana, sabía de sus victorias, se habían encontrado y compartido en Pamplona y pensaban correr juntos. Para Nairo, Mauricio era su ídolo. Hoy es su relevo y la continuidad de los escarabajos.

Nairo y su amor con los Alpes

Extrañamente, aunque muchos ciclistas colombianos han corrido para equipos españoles y entrenado continuamente en los Pirineos, es en los Alpes (franceses, suizos e italianos) donde han conseguido las grandes victorias y escrito en letras doradas el nombre de los escarabajos.

Patrocinio Jiménez y Fabio Parra fueron los primeros en emigrar, pero Nairo Quintana es hoy el ejemplo más ilustre. Partió muy joven y muy pronto es el líder de Movistar. Se forjó primero en los Andes boyacenses y luego inició su camino a la consagración en los Alpes.

Fue en Risoul donde consiguió, a los 20 años, su primer triunfo internacional: el 11 de septiembre en la sexta etapa del Tour del Porvenir 2010. Y al día siguiente lo refrendaría venciendo en la contra-rreloj de montaña y consiguiendo el título de campeón, delante del estadounidense Andrew Talasnky y su compatriota Jarlinson Pantano. 30 años después del triunfo de Alfonso Flórez, se iniciaba una nueva leyenda.

La transición la vivió Nairo en 2011 compitiendo en pruebas UCI World Tour (en la Vuelta a Cataluña fue campeón de montaña) con la escuadra profesional Continental Colombia es Pasión-Café de Colombia, que integraron además Pantano, Darwin Atapuma, Sergio Luis Henao, Carlos Betancur y Esteban Chaves (ganador del Tour del Porvenir en 2011), entre otros. Todos ellos despuntaron y ahora son integrantes de escuadras de primer nivel mundial. Seis victorias como neoprofesional a los 22 años le abrieron las puertas de la élite.

Y en 2012, como nuevo corredor profesional en el equipo español Movistar, el “Águila de Cómbita” despegó. Primero extendió sus alas en la Vuelta a Murcia y en la Ruta del Sur con victorias de etapa y triunfo general, y luego conoció a sus presas y empezó a estudiarlas.

El 9 de junio ganó con un contundente ataque en solitario la sexta etapa del Dauphiné Liberé, en los Alpes, entre Saint-Alban-Leysse y Morzine, en su primer enfrentamiento directo con la aceitada “maquinaria” del Sky, integrada entonces por Bradley Wiggins, Chris Froome, Richie Porte y Michael Rogers, hoy en el Saxo-Tinkoff de Alberto Contador.

Ese día Nairo voló subiendo el Col de Joux Plane, y luego descendió como los dioses, sin caídas y sin temor, pero con la sabiduría de arriesgar lo preciso... Y Froome supo cuál sería su enemigo para el futuro. Para redondear la presentación colombiana en esos Alpes, su coterráneo Cayetano Sarmiento, del Liquigás-Cannondale (hoy Garmin-Cannondale), fue campeón de montaña del Dauphiné.

Nairo se volvería a ver las caras ese año con Froome en la Vuelta a España, donde el británico no pudo contra el tridente español Contador-Valverde-Purito y donde el colombiano hizo tarea de “demolición” en las montañas como fiel escudero de su líder y amigo en Movistar, quien a la postre fue subcampeón.

La siguiente cita fue un año después, en el Tour de Francia 2013, al que el británico llegó como líder y al final sufrió resistiendo el embate del novato y gregario que en el camino se erigió en líder y terminó subcampeón, dominando las cumbres y conquistando otra vez los Alpes.

En la última y definitiva semana en los Alpes del Tour, con cuatro etapas de montaña, Froome llegó con 5:47” de ventaja sobre Nairo, y aunque quedaron mano a mano en victorias, el escarabajo fue el único que le descontó tiempo al líder del Sky, a quien su escudero Richie Porte le salvó de la crisis en el Alpe de Huez el 18 de julio, gracias a una alimentación fuera de reglamento –por la que sólo tuvo 10” de sanción– y al final de la etapa sólo perdió 1:06” con el escarabajo.

Ese día la mítica cumbre se ascendió por dos caras y en el final de los 172,5 km de la etapa, el “Águila de Cómbita” realizó la escalada más rápida del pelotón en 39:48” para los 21,6 km (Luis Herrera lo hizo en 41:50”). En la etapa anterior al Alpe de Huez, una contrarreloj individual de media montaña sobre 32 km posterior al último descanso, Froome le había sacado 1:11” a Nairo. Estaban a mano.

En la penúltima etapa, con llegada en Le Grand Bonand, los dos favoritos no se atacaron, mantuvieron el statu quo y tras 204 km cruzando cinco cimas de primer nivel (dos primeras fuera de categoría, Col de Glandon y Col de La Madeleine) y lluvia en el ascenso final al Col de la Croix Fry, reservaron sus fuerzas para el 20 de julio y el inédito ascenso a Semnoz, al que Froome llegó con 5:32” de ventaja sobre Nairo (3º en la general) y de 5:11” sobre el segundo, Contador.

Y el himno de Colombia volvió a retumbar en los Alpes al día siguiente con el primer gran triunfo de Nairo en el Tour, con los brazos al cielo (el águila desplegó sus alas en la cumbre) al cruzar la meta con 29” de ventaja sobre Froome, logrados en el último kilómetro, cuando hizo su ataque final.

Al día siguiente en París sería coronado campeón de montaña, subcampeón de la prueba, mejor joven debutante, revelación y la nueva cara del ciclismo mundial. La historia de ese final de infarto se repite esta semana, pero esta vez la diferencia es mucho menor: 3:10”.

De “Lucho” a Nairo

Cuando Herrera dejó el ciclismo en junio de 1992, tras concluir 8º el Giro de Italia, tenía 31 años. Estaba relativamente joven y hubiera podido seguir otro par de años pedaleando. Nairo Quintana apenas tenía dos años y medio.

Entre ambos hay una generación de diferencia, tanto en tiempo físico como en evolución técnica; escaladores consumados, explosivos, similares en su fisiología (1,67mts y 57 kilos ambos), en cadencia y en ritmo, pero de épocas y contextos distintos.

Lucho se formó en Colombia y no corrió con un equipo europeo. Nairo creció en Colombia pero se formó en Europa, donde ha conseguido todas sus victorias. Nairo es un ciclista racional, analítico y líder en el pelotón europeo. Herrera era la explosividad, la pasión y el esfuerzo sin cálculo. El Jardinerito dominó las cumbres, pero no tuvo la orientación correcta.

Nairo domina la estrategia, no lo vence la lluvia o la nieve o el viento, es un líder natural que no hace esfuerzos en vano y un corredor formado para ganar carreras de tres semanas. Lucho ganó la Vuelta a España, Nairo –por ahora– ya subió al segundo escalón del podio ciclístico mundial: el Giro de Italia que ganó el año pasado con una magistral lección de estrategia en los Alpes italianos, en la Cima Coppi, el “Stelvio”, a 2.757 metros, que es la segunda cumbre ciclística de los Alpes tras el Col de l’Iseran en Francia (2.770 m).

Sin discusión y por resultados, Lucho Herrera es el más grande escalador que ha dado el ciclismo colombiano. Ganó la Vuelta a España (1987), dos veces el Dauphiné Liberé (1988 y 1991), y las principales cumbres de Europa. Junto al español Federico Martín Bahamontes, conocido como el “Águila de Toledo” y vencedor del Tour de Francia en 1959, es el único pedalista en la historia que ha conseguido ser campeón de montaña en las tres más importantes pruebas del mundo: el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España.

Pero Bahamontes, seis veces campeón de montaña del Tour, bendijo el 7 de julio hace dos años a su ave homóloga, el “Águila de Cómbita”, en la llegada en Bagnères-de-Bigorre en los Pirineos. Le dijo que era su heredero y que tenía las condiciones para ser el mejor. Y ello tiene mucho significado.

Mientras Bahamontes coronó de primero 54 cumbres del Tour de Francia en 10 participaciones, Herrera consiguió 24 cimas en 7 presentaciones.

Nairo Quintana, en su primera participación en 2013, ganó dos premios de montaña (Col de Pailhères en los Pirineos y Semnoz en los Alpes) y se coronó subcampeón y el mejor de los jóvenes. Su carrera apenas está comenzando y los Alpes lo esperan desde este miércoles.

Semana de pasión

Tanto Nairo como Froome han conseguido sus principales victorias en los Alpes y sus rutas y cimas no les son extrañas. Cuatro etapas violentas de montaña….

La batalla de los dos gigantes empieza este miércoles en el Col d’Allos, a 2.250 m, y luego el ascenso final a Pra Loup. El violento ascenso al Col de Glandon, una cima fuera de categoría, puede hacer estragos serios y es la etapa alpina más larga, sobre 186,5 kmts.

El viernes, el Col de Glandon se repetirá poco antes del Col de la Croix de Fer a 2.067 metros. El director del Tour, Christian Prudhomme, ha dicho que esta corta etapa de 138 kilómetros puede ser la jornada que defina el Tour, porque comienza en ascenso, los ataques pueden ocurrir en todo momento y después del kilómetro 54 no hay derecho al descanso.

Y el sábado, con dos cimas fuera de categoría, serán 110 km de drama, ascendiendo nuevamente la Croix de Fer y concluyendo en el mítico Alpe de Huez, que coronará al campeón. Esta vez no habrá 150 kilómetros antes de ese ascenso y se puede imponer un nuevo récord de escalada. El registro de Marco Pantani de 36:50” (pero con dopaje comprobado) podría caer.

Exactamente 40 años después de la participación pionera del excampeón mundial de pista (persecución individual) Martín Cochise Rodríguez, el ciclismo colombiano está por primera vez en la antesala de graduarse con honores en el Tour.

El inolvidable Luis Alberto Lucho Herrera abrió la senda del triunfo el 16 de julio de 1984 en el Alpe de Huez. El próximo sábado 25, 31 años después, en las mismas pendientes infernales y tras cuatro exigentes jornadas alpinas, Nairo Alexander Quintana Rojas, el “Águila de Cómbita”, puede iniciar su propia leyenda y alcanzar su mayor cima del ciclismo mundial: campeón del Tour de Francia.


(*) Grimpeurs: escaladores, trepadores.