Mariana Pajón, nuestra reina olímpica

La antioqueña, de 24 años, repitió el triunfo de hace cuatro años en Londres y confirmó la gran actuación de la delegación nacional en Río de Janeiro.

La antioqueña Mariana Pajón muestra orgullosa su medalla de oro, la segunda olímpica en su cuenta personal. / EFE
La antioqueña Mariana Pajón muestra orgullosa su medalla de oro, la segunda olímpica en su cuenta personal. / EFE

Tres mil quinientos colombianos cantando a viva voz el Himno nacional lograron que Río de Janeiro pareciera Medellín. Y como si estuviera en su casa, Mariana Pajón hizo lo que le dio la gana.

Este viernes, como hace cuatro años en Londres, la antioqueña conquistó la medalla de oro en el bicicrós y cerró con broche de oro la mejor actuación de la historia olímpica de Colombia, cada vez más grande y exitosa, pues los deportistas, vengan de la región, raza y estrato que sea, no se cansan de demostrar que son nuestros mejores embajadores.

Mariana, esa pequeña paisita que lleva 17 de sus 24 años de vida ganando títulos corriendo en bicicleta, asumió el favoritismo con responsabilidad y madurez. Convirtió la presión en motivación y en la pista del BMX de Deodoro, a unos 25 minutos del Parque Olímpico, les pasó por encima a sus rivales.

Fue la más rápida en la contrarreloj del miércoles. Ganó con autoridad las tres series semifinales. Y manejó con clase la última carrera, esa que le dio el bicampeonato olímpico al superar en la meta a la estadounidense Alice Post y la venezolana Stefany Hernández, plata y bronce, respectivamente.

“Me había preparado muy bien para esto, al igual que hace cuatro años, pero ahora lo asumí con mayor tranquilidad. Lo había visualizado miles de veces. Estaba lista con mis piernas, mi mente y mi corazón. Además, sentía el impulso y la energía de todos”, aseguró la pedalista, que le dio al país la tercera presea de oro en Río, luego de la del pesista Óscar Figueroa y la de la saltadora Caterine Ibargüen.

Como supercampeona que es, Mariana no se olvidó, en su momento de gloria, de sus compañeros de delegación, de los que se subieron al podio como ella, de los que estuvieron cerca de hacerlo y, sobre todo, de quienes no pudieron brillar: “Yo tengo la medalla, pero todos hemos dejado el alma por nuestro país, hemos dado lo mejor, todos somos ganadores”, señaló antes de subirse al podio a recibir su merecido premio.

Después recorrió de lado a lado la preciosa pista de asfalto, pintada de verde y ocre, con bordes de grama artificial. Entre ires y venires pasó nuevamente por las seis colinas del recorrido, los 26 morros y las tres rampas que la llevaron a la gloria. Y varias veces dejó escapar un par de lágrimas.

Al costado oriental estaban los hinchas colombianos, a quienes ella quería saludar y agradecer. Había banderas tricolores con letreros de Putumayo, Ibagué, Popayán, Villavicencio y, claro, Medellín.

Con su familia y su novio, el francés Vincent Peluard, ya había acordado que en caso de victoria celebrarían después, aunque fue y los saludó al final de la prueba, así como a su técnico, Germán Medina, quien fue el único que se atrevió a pronosticar que en minutos vendría una nueva medalla, el bronce de Carlos Ramírez. “Estamos felices, emocionados, pero esto no acaba acá, nos falta una prueba”, dijo afanado antes de salir a darle las últimas instrucciones al antioqueño, que luego quedó tercero en la prueba masculina y cerró maravillosamente la cosecha colombiana en Río.

“La gente solamente ve lo que pasa en la pista, pero no se imagina todo el trabajo, esfuerzo y sacrificio que hay detrás. Por fortuna ha valido la pena, he sido bendecida y afortunada en mi carrera. Lo que he logrado es mucho más de lo que soñé”, le dijo la campeona a El Espectador en la zona mixta, en la que el trabajo de los periodistas se dificultaba por la cantidad de aficionados y amigos que trataban de acceder a la deportista, que hora y media después de su hazaña, seguía tomándose fotos con la gente.

“Esto es impresionante”, agregó. Lo de Medellín en el mundial, en mi casa, en mi pista, fue una locura, pero lo de hoy también. No importa la distancia, ni nada, me han hecho sentir en casa, me han empujado para ganar esa medalla, que no es mía, sino de todo el país”.

Mariana reconoció que el bicicrós es un deporte de supervivencia en el que hay que estar muy atentos para no sufrir alguna caída que acabe con la preparación de muchos años. “Eso les pasó a algunas de mis compañeras aquí, y a mí en los Panamericanos y en algunas copas del mundo. Traté desde la primera carrera de ganar la línea de carrera, coger mejor los peraltes y luego mantener la punta sin cometer errores”.

Sobre las sensaciones que tiene luego de convertirse en bicampeona olímpica, la antioqueña admitió que “la primera medalla en Londres fue coronar un sueño mío y de mi país, pero mantenerme, repetir conociendo ya la magnitud de unos Juegos como estos, la cantidad de gente que convocan, es una verdadera locura”.

Luego, Mariana, la Bolt del bicicrós, se fue a celebrar con su familia, mientras miles de personas coreaban, al paso del auto que la transportaba: “Y ya lo ven, y ya lo ven, somos campeones otra vez”.

Colombia llegó así a siete medallas en Río: tres de oro, dos de plata y tres de bronce, tras la oficialización este viernes del tercer lugar del pesista Luis Javier Mosquera.