"Nuestro himno volverá a sonar"

La saltadora colombiana fue la responsable de que la bandera tricolor se izara en Moscú.

La colombiana por fin pudo lucir orgullosa su medalla de oro.  / EFE
La colombiana por fin pudo lucir orgullosa su medalla de oro. / EFE

Casi 24 horas después de haber ganado la prueba del salto triple en el Mundial de Atletismo de Moscú, Caterine Ibargüen volvió a paralizar a Colombia.

A las 10:45 a.m. nuestro himno nacional sonó por los altoparlantes del estadio Luzhniki como homenaje a la antioqueña de 29 años, que le dio a Latinoamérica la primera medalla de oro en la presente edición de la cita mundialista.

Con el cabello suelto y alisado, completamente de rojo, Caterine subió a lo más alto del podio y recibió la ovación de cerca de 50 mil personas, entre ellas todos los miembros de la delegación colombiana, quienes no pudieron evitar las lágrimas cuando se izó la bandera tricolor escoltada por las de Rusia y Ucrania.

Caterine estaba serena, tranquila. Y eso que durmió muy poco. Hasta la madrugada estuvo dando entrevistas y recibiendo llamadas de felicitación. Luego, cuando trató de conciliar el sueño, no pudo hacerlo. Las imágenes del triunfo no se apartaban de su mente, por lo que estuvo varias horas charlando con Eliecith Palacios, su compañera de habitación en el noveno piso del hotel Cosmos de la capital rusa.

Durante la ceremonia la colombiana volvió a lucir su espectacular sonrisa. Posaba para los fotógrafos, saludaba a los aficionados y de vez en cuando miraba, aún incrédula, nuevamente la medalla.

A pesar de que desde muy niña se acostumbró a ganar y celebrar, a ser el centro de atracción, lo que ha vivido en los últimos días es completamente nuevo, porque hasta sus colegas le manifiestan su admiración.

“Estar allá arriba es algo indescriptible. Estaba más nerviosa que en la competencia, pero lo disfruté mucho. Fue muy emocionante. Estoy segura de que nuestro himno volverá a sonar en unos Mundiales”, dijo la antioqueña al pasar por la zona mixta.

Su técnico, Ubaldo Duany, también estaba dichoso. El cubano, que ya completa más de 10 años trabajando en Colombia, asegura que “pocos atletas en el mundo han trabajado con tanta dedicación y disciplina como ella, especialmente desde su bronce en Daegu 2011, cuando realmente nos dimos cuenta de lo que era capaz”.

Juntos no dejan de comentar una y otra vez lo que fue la competencia. Aunque para los 48 millones de colombianos la prueba terminó y lo importante, más allá de la marca, fue la medalla, para ellos la competencia dejó muchas enseñanzas, así como la de Londres, el año pasado, en donde sólo se logró la plata.

A Duany no le satisfizo la manera como Caterine tomó vuelo, especialmente en los dos últimos saltos. Él cree que corrigiendo algunos aspectos técnicos la antioqueña debe mejorar ese 14,85 que le dio la gloria.

Hoy, Ibargüen planea ir a visitar la Plaza Roja y cerca de allí una tienda de Nike en la que hay un afiche gigante de ella. Después regresará al estadio Olímpico para ver las finales del relevó femenino 4x100 y los 200 metros masculinos, porque al fin y al cabo eso es lo que la apasiona.

Seguramente, tras una semana tan agitada, tendrá algunos días de descanso activo antes de viajar a Estocolmo, Suecia, en donde participará el sábado en la décima cuarta parada de la Liga de Diamante.

Regresará a Colombia apenas a mediados de septiembre, una vez finalice su temporada, aunque no permanecerá mucho tiempo en el país porque debe retomar sus estudios en Puerto Rico, en donde acaba de comenzar una maestría en enfermería.

Y luego retomará sus entrenamientos con miras al nuevo ciclo olímpico, que culminará en Río-2016 y con el que Caterine sueña cerrar con broche dorado una espectacular carrera.