La calma después de la tempestad

El tenista pereirano, operado hace tres semanas por una peritonitis, habla con El Espectador sobre su recuperación. Dice que ya pasó la crisis.

Giraldo, que se perderá el resto de temporada, cumplirá 25 años el 27 de noviembre. / AFP
Giraldo, que se perderá el resto de temporada, cumplirá 25 años el 27 de noviembre. / AFP

Una infección abdominal que le causó una peritonitis hace casi un mes obligó a Santiago Giraldo a hacer un cambio de velocidades. O a frenar la turbulenta vida que significa jugar en el circuito de la ATP, por lo menos hasta el 15 de noviembre, el día en que el mejor tenista de la historia de Colombia podrá volver a sostener una raqueta. Mientras, se recupera en su casa a las afueras de Pereira, vía al Valle del Cauca y enfrente del Club Campestre, donde aprendió este deporte a los cuatro años.

Su enfermedad supone suspender por un tiempo los viajes, eventos y entrenamientos. Ahora lo despierta el sonido de los pájaros y grillos de las áreas verdes que rodean su casa, camina por los alrededores y saca a pasear a Limón y Miel, dos pastores escoceses que amenizan su inactividad y encierro. Ha aprovechado para depurar papeles, organizar documentos, revisar correos, meterse de cabeza en la lectura (la novela actual es Chico de ojos azules, de Joanne Harris). Este fin de semana comenzará a caminar en la piscina de su casa y en las próximas (unos 15 días más) correrá hasta al Campestre para retomar trabajos físicos y buscar recuperar su peso, pues está ocho kilos por debajo del ideal.

Al menos los dolores han ido desapareciendo. La angustia y el desespero que sintió entre una operación y otra, también.

“Han sido días difíciles. Primero, me empezaron los dolores en Cali (durante el Seguros Bolívar Open). Si los hubiese sentido días después en un avión rumbo a Malasia no estaría contando el cuento. Luego me operaron y al día siguiente me dijeron que tenían que volverme a limpiar. Nos preocupamos. El ánimo flaqueó, estaba muy ansioso, preocupado, porque hace treinta años el 90% de los que padecían peritonitis morían (hoy es entre un 20 y 40%). Fue terrible”, narra Santiago, que duró casi dos semanas sin contestar mensajes ni llamadas (“No me provocaba hablar con nadie”, dice).

En rigor, toda su familia vivió como propio el dolor, pues Santiago es el menor de la casa y acaso el orgullo de ella. Su madre, Elsa, y su hermana, Carmiña, no aguantaron el llanto en más de una ocasión; el papá, Eduardo, y el hermano, Daniel, se mostraron fuertes ante la preocupación, y su novia viajó desde Nueva York a visitarlo.

“A mí —dice Eduardo— me tocaba básicamente absorber como un secante y estar fuerte. Hablar con los médicos y con la familia sin demostrar preocupación. Fueron días difíciles. Pero ya pasó la crisis, desde hace unos tres días está más tranquilo, sin los efectos de antibióticos. Ahora sólo queda recuperarse bien y volver a tener el tenis de siempre”.

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