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Tenis 21 Ene 2013 - 10:00 pm

Este martes en la noche se jugarán el paso a las semifinales de dobles en el Australian Open

Las segundas partes sí son buenas

Los vallecaucanos Juan Sebastián Cabal y Robert Farah tienen historias similares: estuvieron por fuera del circuito profesional por varios años y regresaron sin mayores expectativas.

Por: Juan Diego Ramírez C.
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En tercera ronda, Farah y Cabal vencieron 7-6 y 7-6 al chipriota Marcos Baghdatis y el ruso Grygor Dimitrov. / AFP

Cuando Juan Sebastián Cabal, entonces de 19 años, volvió de un torneo en México en donde había sufrido una rotura de ligamentos en su rodilla izquierda, un periodista con ínfulas de inmortal abordó en el aeropuerto de Cali a su papá Darío Cabal y le dijo: “Lástima, hubiera tenido una prometedora carrera como tenista”. El señor Cabal no aguantó el llanto y sólo le pidió que se uniera a la esperanza: “Encomendémoslo”. Luego de someterse a una reconstrucción total de rodilla en Bogotá, la familia Cabal (Darío, su esposa Lidia y su primer hijo Daniel) visitaron en varias ocasiones la Basílica de Buga para pedir por la recuperación de Juan Sebastián. Se lesionó mientras devolvía un saque de su rival, pero la rodilla no giró como su pie y cayó tendido. El diagnóstico era más dramático: dos años de terapias y fuera de las canchas significaba para todos el retiro prematuro. Para todos menos para él, quien tanto tiempo había invertido en tenis, ese deporte que hace 20 años le enseñó su hermano y luego el entrenador Hernán Herrera en el Club Tequendama de Cali. Se trataba de renunciar a la vida, pero prefirió confiar. De haberles hecho caso a los médicos, Colombia hubiese perdido al mejor doblista histórico, el mejor ubicado en el escalafón (20, tras obtener el subtítulo en Roland Garros 2011) y el más dúctil en la red.

***

Robert Farah (canadiense, de padres libaneses y radicado en Cali desde que tenía un año) estaba fastidiado del tenis. O eso dice. Con 19 años no veía capacidades en él para triunfar en el circuito de la ATP y decidió aceptarle a la Universidad de California la propuesta de que lo becaran por su nivel de tenis. La verdadera razón por la que se fue a Estados Unidos, dicen sus entrenadores, fue por su novia Belén Mozo, una golfista profesional que se había radicado allí. Por cinco años Robert Farah debió asistir a las clases de economía por la mañana, entrenar por la tarde y, luego, regresar a su apartamento a seguir estudiando. En los veranos trabajaba de 10 a 11 horas en una academia como entrenador. Además, se convirtió en el número uno del tenis universitario de ese país y se le volvió a ocurrir jugar en la ATP. ¿Por qué no?, pensó. “Si me va mal, me dedico a mi carrera”, concluyó, aunque ese plan B no fuera necesario a fin de cuentas. Luego de volver en 2010 alcanzó en un año el puesto 163 del escalafón, además ganó los títulos del Seguros Bolívar Open 2011 y las dos medallas de oro —las primeras en la historia del tenis nacional— en los recientes Juegos Panamericanos de Guadalajara, una de sencillos y la otra en dobles, haciendo pareja con Cabal.

***

Cabal y Farah, que hoy disputarán ante los italianos Simone Bolelli y Fabio Fognini las semifinales de dobles del Australian Open, no sólo tienen en común que en alguna época el sueño del tenis profesional se desvanecía. Ambos se conocen desde los siete años por torneos departamentales y nacionales, y hace 12 temporadas Colsánitas los reclutó junto con Santiago Giraldo y Alejandro Falla para conformar un equipo que entonces dirigía Felipe Berón.

“Por eso se entienden tan bien, porque primero que compañeros son amigos y se entienden con sólo mirarse”, cuenta Berón, quien sostiene que Farah-Cabal son la mejor dupla colombiana de la historia, “por encima de Iván Molina-Jairo Velasco y de Mauricio Hadad-Miguel Tobón”.

Sus temperamentos son diferentes. Mientras Farah grita por no concebir perder ningún punto, Cabal luce algo más tranquilo y sus entrenadores lo regañaban por abusar de su muñeca (“hacer muchos drops o dar pasto, diríamos en el mundo del tenis”, asegura Berón). Son de esencias opuestas. De hecho, cuando iniciaba Colsánitas, Santiago Giraldo compartía habitación con Farah, ambos explosivos. Y Cabal se relacionaba más con Alejandro Falla, los más abstraídos. Y, finalmente, sus diferencias en la cancha terminan por hacer un complemento ideal: las fortalezas de Farah son el servicio y el revés. Las de Cabal son la volea y la versatilidad de su devolución: con slice, top o plano.

Por eso ambos corren a la red como en un avance sincronizado de la tropa. Y no suelen especular desde el fondo. No es su estilo.

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