24 Ene 2013 - 11:23 pm

A raíz del error cometido por ‘El País’

La cara de la primicia

El diario español publicó una foto de Hugo Chávez, presidente venezolano, que resultó ser falsa. Debate acerca del oficio periodístico.

Por: Santiago La Rotta
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    http://www.elespectador.com/diario-el-pais/cara-de-primicia-articulo-398656
    http://tinyurl.com/bb9e6uq
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Una voceadora de prensa vende un ejemplar del periódico español ‘El País’ en República Dominicana. / EFE

La foto del presidente venezolano Hugo Chávez intubado estuvo 30 minutos al aire. Media hora para que el diario El País, de España, la sacara de su página web y diera inicio a todo un proceso para tratar de retirarla de la mayor parte de su edición impresa.

Durante esa media hora, el periódico español recibió una paliza en redes sociales porque la imagen, más que una exclusiva mundial, aparecía como un fragmento de un video subido a Youtube que nada tenía que ver con Chávez y su larga y oscura enfermedad. Oscura por la escasez de información alrededor de cuál es el estado real del mandatario venezolano.

En cierto sentido, una de las tareas del periodismo podría ser la de arrojar cierta luz en escenarios sombríos, que ocultan algo que el público reclama como un bien de interés general.

La carrera hacia la exclusiva, hacia la chiva, resulta muchas veces una ruta traicionera, por decir lo menos: un camino plagado de incertidumbre que en el mejor de los casos conduce desde la duda hasta la historia, quizá. También es una senda por la que varios periodistas y medios se despeñan hacia el error.

Los ejemplos abundan: Judith Miller, reportera de The New York Times, se echó al hombro la responsabilidad histórica de reportar que Irak albergaba armas de destrucción masiva. Esta premisa fue uno de los principales motores de la segunda invasión de los Estados Unidos a ese país, liderada por el hijo del presidente que realizó la primera. La foto del diario El Mundo, de España, que mostraba a Osama Bin Laden después de ser abatido por fuerzas especiales estadounidenses en Pakistán. Una entrevista publicada por El Espectador en 2003, en la que un supuesto piloto militar venezolano aseguraba haber llevado al extinto líder guerrillero Raúl Reyes a Venezuela. Los tres casos, no hace falta decirlo, resultaron ser falsos.

Tiempo después del escándalo, con la guerra ya bien entrada en años y muertos, Miller se defendió diciendo: “Yo estaba reportando correctamente acerca de información que resultó ser falsa. Supongo que si tus fuentes se equivocan, tú también te equivocarás”.

Dudar es tal vez el verbo clave, una suerte de mantra en un oficio que diariamente atraviesa los intereses y egos de fuentes, gobiernos, corporaciones, anunciantes, y de los periodistas mismos.

Después de la tormenta mediática, El País explicó que la foto provino de Gtres Online, una agencia informativa con la que el periódico “trabaja hace varios años y que representa en España a otras agencias internacionales”.

Sin crucificar o hacer apologías, el caso de El País pone de relieve los retos siempre presentes en el manejo de la información. El periódico español asegura que en el texto que acompañaba la imagen (por la que supuestamente el diario habría pagado una suma considerable de dinero) “se afirmaba que El País no había logrado verificar de forma independiente las circunstancias, el lugar o la fecha en la que se había realizado la fotografía”.

“Una de las cosas más graves de este caso es la ausencia de una persona, un editor, que hubiera verificado la autenticidad de la información. La exclusiva sigue siendo un asunto importante en el periodismo, pero eso no justifica que no se haya comprobado si la fotografía era real, de dónde provenía; más aún para un medio impreso que puede dar marcha atrás, como eventualmente tuvo que hacerlo”, asegura Mario Morales, columnista de El Espectador y analista de medios.

Morales también pone de relieve el interés político que hay detrás de toda la información que rodea a la enfermedad de Chávez. En este sentido, la consecución de datos a cualquier precio es una práctica que pertenece más al mundo de la farándula y los paparazzi: la satisfacción de un anhelo público con información falsa termina por ir en contra del interés general, que se supone está en el corazón mismo del oficio.

A medida que el escándalo se sigue desarrollando circulan versiones acerca de la supuesta autoría de la imagen, que, al parecer, sería de Tomasso Debenedetti, un italiano que ha ganado fama por incrustar entrevistas y decesos falsos en medios de comunicación de todo el planeta.

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