Colombia consume cerca de 250 unidades per cápita al año

Gallinas libres de jaulas: El debate de productores y consumidores de huevo

En el mundo, sobre todo en Norteamérica, hay una fuerte tendencia de exigir que este alimento haya sido producido por animales que puedan moverse con libertad.

Cortesía "Tengo huevo".

A finales de 2015, una sanción impuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) resultó ser asunto de risa. En las redes sociales empezaron a circular memes —imágenes difundidas a través de internet, casi siempre cómicas— que lamentaban un hecho develado por la SIC: que el caldo Doña Gallina Criolla no era 100 % de gallinas criollas y que éstas, además, no “tienen amplios espacios y todos los días salen al sol”. La entidad señaló: “Ello no obedece a la realidad”.

Imaginar gallinas plácidas recorriendo el campo abierto, o por lo menos habitando espacios amplios para su movilidad, más que un tema que puede sonar simpático es un asunto complejo que está interesando a algunos consumidores y productores, particularmente de huevo, alrededor del mundo, y cuya discusión, por supuesto, está siendo alentada por organizaciones protectoras de los animales. El encierro en jaulas en el que las gallinas ponedoras viven cerca de 70 semanas de su existencia es una realidad que algunos están repensando.

En Estados Unidos, por ejemplo, el Wall Street Journal (WSJ) reportó que, en enero de 2015, California “comenzó a exigir que cada huevo vendido en el estado, que cuenta con la mayor población del país, sea puesto por un ave que haya tenido suficiente espacio para sentarse, dar una vuelta y extender sus alas”. Ese mismo año, McDonald’s anunció que se había trazado la meta de que en 2025 todos los huevos que se sirven en sus restaurantes en EE. UU. y Canadá sean de gallinas libres de jaulas. En un sentido similar se han pronunciado otros, como Starbucks, Nestlé y Walmart.

Elissa Lane, directora adjunta de Humane Society International (HSI), una organización global de protección animal, asegura que los sistemas de producción de huevos libres de jaulas tecnificados son “un tema de competitividad. Las empresas —como las mencionadas— están exigiendo este producto, y para mantenerse competitivas, las productoras de huevo se están adaptando a esta demanda del mercado”. Según ella, es un asunto de responsabilidad social empresarial, resultado también de una creciente conciencia del consumidor, que se pregunta por el origen de su alimento.

En EE. UU., en donde el tema ha sido materia de estudio, universidades como la de California han llegado a un estimado de que la producción libre de jaulas puede significar un costo adicional de 15 centavos de dólar por docena. Entre los costos que pueden variar, están los de mano de obra o la cantidad de alimento. En Colombia, según Andrés Valencia, presidente de la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi), “la tendencia de libre de jaula, por el lado de la demanda, en este momento es mínima, porque no hay empresas que hayan tomado la decisión de cambiar su proveeduría de huevo por uno que se produzca en un sistema como ese. Hay una tendencia en Estados Unidos y Europa”.

Lane, por su lado, afirma que, en jaulas, durante uno o dos años, las gallinas ponedoras no pueden caminar ni extender sus alas. Pero en sistemas libres, con “ambientes controlados, comerciales e industrializados, hay mayor bienestar para los animales, porque pueden expresar sus comportamientos naturales, pueden percharse, darse baños de tierra, poner sus huevos en nidos o estirar sus alas”. Valencia, por otra parte, sostiene que el sistema en jaulas no implica una afectación del bienestar de estos animales.

“Si hay un animal bien alimentado son las aves: tienen su dosis precisa de proteína, de agua, no pasan calor ni frío porque están en ambientes controlados, hay sistemas de densidad, pero eso no afecta la expresión del ave de poner huevos”, explica. Fenavi, que en 2016 registró una producción total de huevo en el país de 12.817 millones de unidades —unos 35,6 millones al día— y proyectó un crecimiento de 5,9 % para este año, calcula, además, que en Colombia cerca del 75 % de la producción de huevo se realiza en jaulas. El resto, en sistemas libres de ellas.

Nacionalmente, no hay claridad en cifras como el promedio de gallinas por metro cuadrado en los sistemas con jaula. En el mundo se habla de que tradicionalmente han ocupado un espacio del tamaño de un iPad o una hoja de papel. Tampoco hay normas colombianas que regulen este asunto en particular. En 2007, por ejemplo, se expidió el decreto 1500, una norma sanitaria que toca a ganaderos, porcicultores y avicultores, pero que se ocupa solamente de “métodos humanitarios de sacrificio”.

El presidente del gremio aseguró que “Fenavi y los productores de huevo, tanto de piso como de jaula, estamos trabajando en estándares de bienestar animal para las aves ponedoras”, y agregó que, en diálogo con Humane Society International, le explicó a esa organización que, al agremiar a productores con distintos sistemas, Fenavi debe ser neutral y no “casarse” con una modalidad que vaya en contra de otra.

Sin embargo, no cabe duda de que hay personas que ven en esta situación un problema que no da espera. Tengo Huevo es el nombre de la empresa de Anabelle Vargas, una diseñadora gráfica que, en Guatavita (Cundinamarca), decidió criar gallinas  “respetuosamente” —es decir, respetando los comportamientos naturales—, después de que un día tuvo una desagradable experiencia al romper un huevo: “Fue su consistencia. Se desbarató cuando lo quebré y olía como a aspirina. Era un huevo muy barato”, cuenta.

Actualmente, produce alrededor de 80 huevos por día, que vende todos los domingos a domicilio, en empaques amigables con el medioambiente, a $650 cada uno. La promesa es que los huevos en la mesa del consumidor son el resultado de gallinas que andan libres, no son sobreexplotadas y son alimentadas naturalmente con cáscaras, tallos y, de vez en cuando, maíz, pues Vargas es consciente de que el origen de esos cereales puede no ser 100 % orgánico.

Julián Parra es otro joven interesado en el tema. En Cite, corregimiento de Barbosa (Santander), tiene cerca de 400 gallinas alimentadas con residuos orgánicos y cuya producción es comercializada también en Bogotá semanalmente. “Las tenemos en dos corrales, amplios, y por las noches en uno más pequeño. Ahí duermen y ponen (dos veces al día), para evitar problemas con faras o perros que las quieran matar. En el día salen al corral amplio”. Cada cubeta de huevos, es decir, 30 unidades, puede tener un costo de $13.000 en Bogotá o $9.000 en Barbosa, dependiendo del peso.

Los beneficios de un sistema u otro aún son tema de discrepancia. Mientras quienes defienden las jaulas aseguran que hay mayor control sanitario para que, por ejemplo, los animales no entren en contacto con materia fecal u otros animales —como los roedores—, los que apoyan la libertad afirman que incluso hay mayor contenido vitamínico por cuenta de factores como el acceso a la luz del sol. En el medio están los sistemas tecnificados libres de jaulas o incluso las “colonias enriquecidas”, que son jaulas, pero más grandes. Quienes defienden estas últimas “sostienen que son mejores que los sistemas libres de jaulas porque hay menos contacto entre las aves, su materia fecal y los huevos”, según el WSJ.

Lo cierto es que Colombia se acerca a un consumo per cápita de huevo de casi 300 unidades al año. Al ser una proteína asequible, muchas veces forma parte de más de una comida al día, con la suerte de que fue un producto que se salvó de ser gravado en la más reciente reforma tributaria. Son niveles de consumo nada despreciables. Quizá, por lo mismo, HSI es consciente de que hay comensales a quienes no les interesa ser vegetarianos o veganos, pero sí saber que sus alimentos tienen una procedencia amigable con los animales o incluso más adecuada para el organismo humano. Para muchos es cierto eso que dicen: somos lo que comemos.