¿Si hay menos inmigrantes habrá más trabajo? Los economistas no lo creen

Algunos expertos argumentan que imponer restricciones a la inmigración termina lesionando más el mercado laboral local.

Un guardia patrulla la frontera entre Estados Unidos y México.Bloomberg

Cuando el gobierno federal prohibió contratar a trabajadores agrícolas mexicanos en 1964, los productores de tomate de California no contrataron a ciudadanos estadounidenses para realizar la delicada tarea de recolectarlos. Remplazaron a los trabajadores que habían perdido con máquinas recolectoras.

La administración de Trump expresó este miércoles su respaldo a una propuesta que prevé una reducción drástica en la inmigración legal, con base en el mismo argumento que utilizaron las administraciones de Kennedy y Johnson hace medio siglo: esta medida contribuirá a conservar empleos y a que aumenten los salarios. (Lea "Silicon Valley en contra de Trump por sus medidas contra los inmigrantes")

Sin embargo, algunos economistas citan la experiencia del tomate, además de otros casos parecidos, como prueba de que nada garantiza que al reducir la inmigración habrá más empleos para los estadounidenses. Por el contrario, el consenso entre los economistas es que la inmigración favorece el crecimiento económico, pues no solo mejora la vida de los inmigrantes sino también la de quienes ya viven en el lugar.

“Es más probable que el trabajador estadounidense promedio salga perdiendo si se imponen restricciones a la inmigración”, señaló Giovanni Peri, un economista de la Universidad de California en Davis.

La administración de Trump propone reducciones drásticas en el número de trabajadores aceptados como residentes permanentes, además de recortar a la mitad las cifras de inmigración anual, que en la actualidad ascienden aproximadamente a un millón de personas al año.

“Esta legislación demuestra nuestro interés por las familias estadounidenses que atraviesan momentos difíciles, pues se merecen un sistema migratorio que dé prioridad a sus necesidades”, subrayó Trump.

La propuesta retoma elementos que ya había planteado el presidente George W. Bush para reformar la legislación migratoria federal en 2007, y al parecer no es muy probable que se apruebe. Ya ha provocado un notorio rechazo entre los demócratas y algunos senadores republicanos.

De acuerdo con los economistas, es evidente que los trabajadores inmigrantes calificados son positivos para la economía estadounidense. Estados Unidos podría importar computadoras; pero si importa ingenieros en sistemas computacionales, no solo pagarán impuestos sobre su sueldo, sino que gastarán ese dinero dentro del país. A estas ventajas puede sumársele que algunos de ellos inventarán productos nuevos, o quizá incluso tecnologías nuevas.

La administración sostiene que sí quiere recibir a los trabajadores altamente calificados, y aclaró que los recortes se concentrarán en los inmigrantes poco calificados. Planea emitir todavía unas 140.000 tarjetas de residencia permanente (green cards) cada año con base en méritos, pero reducirá drásticamente el número de personas admitidas por ser familiares de residentes actuales.

No obstante, según recalca Peri, cerca de una tercera parte de los familiares que recibieron su tarjeta de residencia permanente después de 2000 tenían un título universitario. También enfatiza que la imagen que se tiene de la inmigración legal es anticuada, pues “la mayoría de las personas que vienen a ocupar puestos de nivel medio y alto son de origen asiático, indio y chino”.

George J. Borjas, un economista de Harvard especializado en inmigración y autor de la única fuente que la administración ha citado para justificar sus propuestas, declaró durante una entrevista el miércoles que no existe ningún fundamento económico que justifique una reducción en los inmigrantes calificados.

“Se trata de una decisión política”, opinó. “No es una decisión económica”.

El tema del efecto que tienen los inmigrantes poco calificados en la economía suscita discusiones más acaloradas. Borjas es el principal defensor de la idea de que los inmigrantes poco calificados hacen que se reduzca el ingreso de los trabajadores estadounidenses que no terminaron la preparatoria. Calcula que, en total, ese efecto ha sido de entre el tres y el cinco por ciento del ingreso en los últimos 20 años.

Los economistas coinciden en que otros factores, en particular los avances tecnológicos, son los principales responsables del deterioro generalizado que experimenta la clase trabajadora en Estados Unidos.

Borjas también argumenta que los inmigrantes poco calificados no producen beneficios claros a la economía en su conjunto. Opina que el beneficio de la mano de obra barata apenas compensa, si acaso, el costo de prestar servicios públicos a los inmigrantes. 

De acuerdo con Borjas, quien más se beneficia con la inmigración es el inmigrante

“Si solo se considera el aspecto económico, la decisión es muy clara”, afirmó. “¿Pero queremos vivir en un país al que solo le interesa el dinero, o en uno al que se reconoce por su generosidad con los inmigrantes? Quizá prefiramos hacer concesiones”. 

Sin embargo, otros economistas cuestionan seriamente la investigación de Borjas. Según afirma Peri, la mayoría de los estudios calculan que el efecto negativo de los salarios de los trabajadores poco calificados es casi nulo. (Lea "Los inmigrantes: la raíz de todos los males")

Uno de los motivos clave es que por lo regular los inmigrantes desempeñan trabajos que solo existen porque hay mano de obra barata disponible. La cosecha del tomate es un buen ejemplo. En California, durante la década de 1950 y a principios de la de 1960, los granjeros contrataban a trabajadores mexicanos aunque ya había máquinas que podían hacer ese trabajo. En 1964, el 97 por ciento de los tomates de California se recolectaban a mano. 

El gobierno estadounidense permitía a los granjeros contratar a trabajadores mexicanos mediante permisos temporales, como parte de un programa que arrancó en respuesta a la escasez de mano de obra durante la Segunda Guerra Mundial. A principios de la década de 1960, ese programa se volvió políticamente insostenible. En 1962 el presidente John F. Kennedy declaró: “Afecta los salarios, las condiciones de trabajo y las oportunidades de empleo de nuestros trabajadores agrícolas”. Así que el presidente Lyndon B. Johnson suspendió el programa en 1964. 

Para 1966, el 90 por ciento de los tomates producidos en California se recolectaban con máquinas. 

“El cuento de que ‘si baja la oferta de mano de obra suben los salarios’ es pura falacia”, indicó Michael A. Clemens, un economista del Centro para el

Desarrollo Global que ha estudiado las condiciones en que se eliminó el programa de trabajadores invitados mexicanos, conocido como el programa Bracero. 

Ahora, algunos ganaderos estadounidenses dedicados a la producción de lácteos se encuentran en una situación similar y advierten que el país necesita seguir importando trabajadores para estas granjas, o terminará importando leche. 

Los inmigrantes poco calificados también pueden impulsar el resto de la economía

Un estudio realizado en 2011 reveló que es más probable que las mujeres altamente calificadas trabajen en ciudades con niveles altos de inmigrantes, porque es más fácil para las familias pagar a empleados que cuiden a los ancianos o los niños. 

La Academia Nacional de Ciencias emprendió el ambicioso proyecto de evaluar los resultados del ejercicio 2016. Concluyó que el inmigrante promedio le costó a los gobiernos estatal y local unos 1600 dólares al año entre 2011 y 2013, aunque los hijos y nietos de los inmigrantes pagaban mucho más impuestos de lo que consumían en servicios públicos. 

En general, la conclusión de este estudio fue que la inmigración beneficiaba a la economía. 

Un análisis que realizaron hace poco algunos economistas de JPMorgan Chase concluyó que si se bloqueara por completo la inmigración, el crecimiento económico anual se reduciría en un 0,3 por ciento. 

La propuesta migratoria de la administración de Trump incluye cambiar las normas a un sistema basado en méritos. Su intención es crear un sistema de puntos que dé prioridad a los solicitantes con base en factores como su edad, aptitudes laborales y capacidad de hablar inglés. 

Canadá y Australia aplican sistemas similares basados en puntos para seleccionar a los inmigrantes. (Lea "¿Qué necesita un refugiado después de haber cruzado desiertos y mares?")

Algunos economistas consideran que sería mejor dejar que el mercado dé la pauta para estas decisiones, por ejemplo mediante un sistema como el programa de visas H-1B que permite a las empresas pedir permisos para que sus trabajadores ingresen a Estados Unidos por un periodo determinado. 

Clemens añadió que los sistemas basados en puntos tienden a dar prioridad a la educación, por lo que es posible que ese esquema no sea conveniente para la economía, pues los patrones en realidad también necesitan trabajadores menos calificados. Destacó que, de acuerdo con algunas proyecciones del Departamento de Comercio, la demanda de trabajadores sin estudios universitarios superará significativamente el crecimiento de la población en edad de trabajar. 

“Es un mito político que necesitemos más trabajadores altamente calificados”, aseveró. 

The New York Times 2017