Un financiero contra los Intermediarios o creadores de dinero

La historia de Hernando Martínez Arias, un experto en finanzas y negocios internacionales que ahora busca que despojen a los bancos de la facultad de “crear dinero”. A través de un derecho de petición pidió al Gobierno tomar decisiones.

Hernando Martínez Arias, experto en asuntos económicos internacionales que cuestiona la forma como funciona el sistema financiero. / Óscar Pérez

A la Presidencia de la República y el Ministerio de Hacienda llegó a finales del pasado mes de enero un inusual derecho de petición. En seis páginas, el ciudadano Hernando Martínez Arias les pidió sujetarse al mandato de la Constitución respecto a los establecimientos de crédito como intermediarios financieros, prohibiéndoles que su opción de captar recursos en cuentas corrientes bancarias se siga convirtiendo en una forma de crear dinero. Según Martínez, esta práctica constituye hoy la fuente principal de inestabilidad económica de muchas sociedades en el mundo.

En su escrito de seis páginas, Martínez sostiene que el Estatuto Orgánico del Sistema Financiero habilitó a los bancos a captar recursos en cuenta corriente, excediendo lo dispuesto en la Carta. Acompañó su petición con un texto de Martín Wolf, acreditado comentarista del periódico británico Financial Times, y un estudio publicado en la revista Finanzas & Desarrollo por Michael Kumhof y Zoltán Jakab, el primero asesor del Centro de Investigación del Banco de Inglaterra y el segundo economista del Fondo Monetario Internacional (FMI), todos con idéntica inquietud: la creación de dinero a través de los préstamos.

El Ministerio de Hacienda contestó con una formal defensa de la actividad bancaria. La Presidencia de la República remitió el escrito a un inesperado destinatario: la Fiscalía. Hasta el momento, el ente investigador permanece en silencio. En diciembre de 2015, Hernando Martínez ya había demandado ante la Corte Constitucional el Estatuto, pero el alto tribunal rechazó su demanda porque su carga argumentativa estaba basada en “apreciaciones subjetivas”. Él replicó diciendo que lleva un cuarto de siglo estudiando el asunto y que por eso sabe que su alegato recoge una preocupación mundial.

Nacido en El Cairo (Valle) y formado en el seminario de los padres carmelitas en Medellín, antes de los 20 años Hernando Martínez Arias migró a Montreal (Canadá) a estudiar ciencias políticas en la Universidad de Quebec. Luego se fue a Inglaterra y se graduó en la Universidad de Essex. A mediados de los años 70 regresó a Norteamérica, a seguir estudiando, esta vez sociología y desarrollo económico, y para constituir una familia en Canadá junto con la profesora de inglés Melinda Prowse. De ese hogar nacieron sus hijas mayores, Natasha y Flora, sus aliadas en medio del trajín por convertirse en un experto en negocios internacionales.

Primero como jefe de exportaciones de una empresa en Montreal y luego a través de una alianza estratégica con un socio de lujo: Rodrigo Llorente Martínez, por varios años asesor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y exministro de Fomento y Hacienda en los gobiernos de Alberto Lleras y Misael Pastrana. Desde 1977 a 1991, en calidad de socio y consultor de Rodrigo Llorente & Asociados, Martínez compartió múltiples proyectos con el economista que fue clave para la implementación de nuevas técnicas de financiamiento en Colombia y que, de hecho, fue reconocido como el pionero en la difusión de las tarjetas de crédito.

Durante catorce años, junto a sus socios, Hernando Martínez estuvo en estrecho contacto con el mundo financiero y la gestión de los bancos internacionales. En Canadá, Estados Unidos, Francia e Inglaterra apoyó estudios de factibilidad o estructuró incontables negocios. Hasta que en mayo de 1991, cuando ajustaba un plan comercial con ocasión de los 500 años del descubrimiento de América, un pintor amigo le sugirió leer el libro La síntesis del yoga, del maestro hindú Aurobindo Ghose, precursor de la filosofía de la no violencia. Esa lectura en París fue el comienzo de su transformación personal.

Su encuentro con la obra de Aurobindo lo llevó a consolidar un “nuevo instrumental de navegación para la vida”. En su criterio, porque coincidió con el autor hindú en la reinterpretación del mundo material como un universo “poblado de poderosas sombras y espectros de cosas muertas”, es decir, de fantasmas llamados a desaparecer, como algunas teorías económicas. Entonces se radicó en Colombia y se fue a vivir a una montaña cercana al municipio de La Calera, donde lleva 26 años dedicado a estudiar, con ojo de experto, cómo funcionan las instituciones crediticias para controlarlo todo.

Un reto para descifrar la evolución del sistema financiero internacional durante los últimos 250 años, que empezó evaluando la obra del estadounidense Eustace Mullins, promotor del trabajo Los secretos de la Reserva Federal. Luego identificó la génesis de buena parte del problema con la dinastía europea de origen judeo-alemán conocida como la casa Rothschild, a finales del siglo XVIII. “Este grupo reinante entre los prestamistas se erigió en autoridad monetaria global. Asumir cómo se impuso en Europa y llegó a América es entender por qué fue el verdadero vencedor de todas las guerras”, comenta Martínez.

En su minucioso rastreo por los caminos de la historia económica de los últimos tiempos, refiere cómo la casa Rothschild intervino en la guerra de independencia de Estados Unidos, de qué forma aportó instrucciones y recursos para que los gobiernos de Europa y Estados Unidos se enredaran en la Primera Guerra Mundial o cómo hizo para hacerse al control de importantes empresas industriales, mineras, tecnológicas o de transporte hasta consolidarse como una especie de gobierno supranacional, remarcado por el modelo internacional de la Sociedad de las Naciones.

Al tiempo que ha seguido la pista del modelo Rothschild en los estados republicanos desde el siglo XVIII al presente, Martínez ha extendido sus estudios al desarrollo de la banca en Colombia. Por eso, con la misma propiedad con la que une los cabos sueltos del mundo crediticio internacional, explica, por ejemplo, el papel cumplido por Francisco José Urrutia —firmante del tratado Urrutia-Thompson, que restableció las relaciones con Estados Unidos con indemnización incluida— o por el presidente Pedro Nel Ospina en los desarrollos de la banca estatal y privada en el siglo XX.

Su perspectiva es histórica y la resalta manifestando que el negocio bancario en Colombia está asociado a varias familias y que incluso el asunto se puede documentar a través de una genealogía que se remonta al capitán sevillano Juan del Toro, uno de los pioneros de la explotación del oro en Remedios (Antioquia), que a finales del siglo XVI llegó a ser el pueblo más rico en las Indias. Hernando Martínez asegura que es tan poderoso ese legado familiar que ha aportado 17 primeras damas. En consecuencia, sostiene que detrás de las crisis hay siempre un sistema financiero que las explica en detalle.

Es la convicción que ahora lo induce a buscar tres respuestas específicas de las autoridades económicas del Estado colombiano frente al tema crediticio: ¿deben revisar el límite que la Constitución de 1991 impuso a los bancos como intermediarios financieros? Si es cierto que la figura de captar recursos en cuenta corriente no es otra cosa que crear dinero nuevo, como sostiene Martínez, ¿se debe despojar a los bancos de esa prerrogativa? Y finalmente, ¿debe ser convocada la nación a que se exprese públicamente sobre este espinoso asunto, como él lo plantea abiertamente?

Martínez insiste en que la función que cumplen hoy los bancos no es la de intermediarios de fondos prestables, sino la de creadores de dinero nuevo, como el capital-cheque, la tarjeta debito/crédito o la transferencia electrónica. En su opinión, este camino crea inestabilidad y el círculo vicioso de las hipotecas, los pagarés y los intereses. Por eso plantea al Estado que imponga un crédito justo que contribuya a erradicar la pobreza y que las crisis creadas por el sistema financiero con la consecuente socialización de sus pérdidas no se resuelvan más a costa de la asfixia de los ahorradores.

Recalca que, después de 50 años estudiando el tema, tiene bases para solicitar que su derecho de petición obtenga respuestas específicas. De cualquier manera, ya prepara también una minuciosa demanda contra el Estatuto Orgánico del Sistema Financiero (decreto 663 de 1993) y un libro para que su familia, amigos e interesados sepan por qué se volvió aurobindiano, es decir, cómo leyendo al gestor de la doctrina de la resistencia pacífica en India llegó a la conclusión de que se debe desarticular el actual modelo financiero como el punto de partida para la integración de un mundo solidario.

Una sensata utopía que nunca puso en riesgo su amistad con Rodrigo Llorente hasta sus deceso en abril de 2016 en Bogotá. Con respeto diario por su memoria, pero también convencido de su nueva misión vital, Hernando Martínez pasa los días estudiando en su casa de la montaña, acompañado de su gata Tao y en permanente contacto con sus tres hijas. Natasha, hoy en Canadá; Flora, a quien ayuda en su exitosa carrera de artista con el mismo ímpetu con el que algún día le inculcó que no volviera al colegio y se dedicara al teatro, y Adriana, hoy dedicada a la sanación pránica.