Publicidad
Cine 21 Abr 2013 - 12:02 pm

Segundo Festival Internacional de Cine de Panamá

El poder del otro cine

Bajo el sol implacable del sol panameño al mediodía, la presencia de Geraldine Chaplin, sentada en una terraza del hotel Trump, traza un arco entre el antes y el después del cine; entre la imagen legendaria de su padre –¡Charles Chaplin que estás en el cielo de la pantalla!-, y el presente en el que Madame Geraldine, a sus 68 años de edad, se expresa con vigor sobre un arte que fue hecho a su medida.

Por: Hugo Chaparro Valderrama
  • 0Compartido
    http://www.elespectador.com/entretenimiento/agenda/cine/articulo-417366-el-poder-del-otro-cine
    http://tinyurl.com/lhbbve7
  • 0
Geraldine Chaplin. /EFE

Sus zapatos blancos, estampados con un perro en el pie derecho y un gato en el izquierdo, calzan su cuerpo delgado, revestido con la gracia de un arcoiris: calcetines decorados con corazones anaranjados y rosados; un pantalón negro que acentúa la sensación del calor tropical; dos gafas colgadas de su cuello con monturas verde y roja; una camiseta dibujada en toda su extensión con los huesos del tórax; un anillo del tamaño de un estadio adornando uno de sus dedos con una piedra que podría ser un jade azul; aretes luminosos como resplandores de vidrio; brazaletes de colores y un prendedor engarzado en su pelo.

La confianza que sintió años atrás por el cine –cuando trabajó bajo las órdenes de directores tan creativos como Robert Altman, Martin Scorsese, Carlos Saura, Pedro Almodóvar o su padre-, ha cambiado. Entonces pensaba que el cine podía transformar el mundo; ahora cree que el cine, si transforma el concepto sobre el mundo, aunque sea de una persona, ha cumplido su misión.

Su actitud es compartida por los organizadores del Festival Internacional de Cine de Panamá, que invitaron a la actriz para demostrar cómo el tiempo y sus límites se desdibujan en la pantalla –sucediendo la ilusión cuando Geraldine Chaplin vio una vez más a su padre actuando en The Kid (1921)-, y para reafirmar el criterio que define al festival, resumido en una frase que es su declaración de principios.

"El poder del otro cine" demostró en Panamá su capacidad de reinvención cinematográfica desde el 11 al 17 de abril pasados, con películas arriesgadas, filmadas al otro lado de la luna que define un rótulo –"Hollywood"- como la esencia del cine comercial en clave rutinaria.

"Una mafia en su organización y en su forma de distribuir películas", según como lo definió Geraldine Chaplin. Hollywood como el titán opulento que logra una estatura de magnitudes paquidérmicas en la taquilla vs. el cine independiente, realizado al margen de los grandes presupuestos. Por ejemplo: el cine iberoamericano financiado por la coproducción de varios países; el cine documental que expresa la dimensión humana de sus personajes sin importarle que su exhibición sea en 3D o en cualquier otra invención para uso y abuso tecnológicos; las “pequeñas historias” que pueden ser grandiosas cuando su humildad se enaltece por la comprensión y la riqueza de la experiencia vivida en la pantalla.

La colaboración de Pituka Ortega Heilbron, directora del festival, con Diana Sánchez, programadora del Festival de Cine de Toronto y directora artística del Festival de Panamá, además de un vasto equipo de colaboradores que sostienen el evento, comprobaron la ansiedad de un público, ubicado en el privilegio de una geografía estratégica que conecta el Caribe con Centroamérica, Latinoamérica y otras fronteras, asistiendo de manera infatigable a las salas para descubrir otra forma de narrar historias en términos visuales.

El director y cofundador del evento, Henk Van der Kolk, también cofundador del Festival Internacional de Cine de Toronto, jubilado desde hace un par de años en Panamá, hizo realidad en el 2012 el sueño del festival. La carambola del billar cinematográfico fue entonces efectiva. La pantalla como ventana al mundo estimula la creatividad del país donde se realiza un festival. Este año, los matices de un país obsesionado con la belleza femenina en clave de registros monárquicos a la manera de hadas madrinas populares –Reinas (Endara, 2013)-; la presentación de un documental realizado en el 2010 sobre el trabajo de las mujeres que trabajan aseando casas de famila, aguantando la tiranía de “las señoras” –Empleadas y patrones (Abner Benaim)-; el canibalismo de la urbanización sin límites en el archipiélago de Bocas del Toro –Paraíso for Sale (Prado, 2012)-, sirvieron como muestras de un cine que ha tenido una historia intermitente y no quiere sucumbir a los riesgos económicos para continuar filmando la memoria del país; para rebasar el legado de la dificultad que registró en los años 50 un largometraje como la totalidad de la producción durante la década cuando se realizó El misterio de la Pasión, filmada como un milagro que utilizó el sacerdote Ramón María Condomines, aprovechando el repertorio de la Biblia como garantía creativa.

Mientras las carteleras más rutinarias empobrecen el ojo del espectador avasallado por fenómenos modelo Avatar, reciclando el espectáculo de la ficción sin un riesgo distinto que la tecnología como efecto para la distracción, las trincheras del cine interesadas por su renovación –formal y humana- son los festivales.

El poder del otro cine se reveló en Panamá. La herencia de los Chaplin no se redujo a los años 20, ni a los gloriosos 60 y 70 en los que Geraldine Chaplin trabajó con Carlos Saura. Las enseñanzas del cine clásico y mudo subieron otro escalón con películas premiadas en su tránsito por los festivales como Blancanieves (Berger, 2012) o Tabú (Gomes, 2012). Un español y un portugués atreviéndose en el umbral del siglo XXI a realizar películas mudas, filmadas en blanco y negro, enfatizando en las pasiones desmesuradas del melodrama, seduciendo de manera sorprendente a un espectador capaz de disfrutar la audacia. Una variación a lo habitual hecho excepcional demostrando que mientras el público observa la pantalla, la pantalla también observa al público y lo moldea, como sucedió por segunda vez este año en un festival que mejora la realidad a través del cine.

  • 0
  • Enviar
  • Imprimir
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio