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El otro lado del concierto

Mientras se realizaba ‘Paz sin fronteras’, muchos de los asistentes estaban más pendientes de comprar algo para tomar, que de los mismos artistas. Otros trataban de recuperarse para poder ver a los artistas que durante tantas horas habían esperado.

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Lilian Contreras
17 de marzo de 2008 - 11:41 a. m.
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Laura Díaz se levantó a las 4 de la mañana del domingo para asistir a ‘Paz sin fronteras’. Desde las nueve de la mañana entró al sitio para coger un buen puesto. Ella, a sus 13 años fue porque esperaba ver en vivo a Miguel Bosé, cantante que conoce gracias a las emisoras radiales románticas. Aunque quería que el español cantara Morena Mía, Laura cantó y bailó con él todas las canciones, sobre todo Amante Bandido, tema que con todas sus fuerzas había pedido.

Al lado de Laura estaba Gloria, una señora que como todos los cucuteños asistentes estaba esperando la presentación de Juanes. Para ella, cualquier canción que él interpretara estaría bien.

Para los colombianos que viven cerca de la frontera, Juanes es “un verdadero colombiano que quiere la paz” tal cual lo define Yolanda Daza. Para ella, como para otros muchos, este concierto sí tuvo una función social más que musical. Para ellos, Juanes es uno de los pocos colombianos que se acuerda de los problemas fronterizos, los mismos que a veces olvida el resto del país y que hace para ellos una vida más complicada, debido a la dependencia que tienen de las ciudades vecinas venezolanas.

Y es por ese compromiso con la paz de Colombia que Juanes fue catalogado por The New York Times como el Bono latinoamericano. Sin embargo, a pesar de haber realizado con éxito ‘Paz sin fronteras’, Juanes le dijo a Elespectador.com que el camino de Bono es muy diferente al de él y que los separa una brecha grande. Bono es el vocalista de U2 y desde hace dos décadas ha trabajado para ayudar a África y para que las grandes potencias rebajen las deudas externas a los países tercermundistas.

El callejón de las ventas

Mientras se realizaba el concierto muchos de los asistentes estaban más pendientes de comprar algo para tomar, que de los mismos artistas. En medio del público no se conseguía nada para comprar y el sol generaba cada vez más calor en Cúcuta. 

Por esta razón, las personas querían estar en primera fila, cerca de las vallas de seguridad, pero no con la intensión de ver cerca a su artista preferido. Estar cerca de la valla era tener la posibilidad de comprar algo para tomar y así evitar el dolor de cabeza, un mayor desgaste físico y un posible desmayo.

Marina Flórez es vendedora de jabones, pero el domingo 16 de marzo, decidió aprovechar el concierto y vender. “Toca aprovechar la oportunidad de trabajo, no tuve tiempo de ir a la alcaldía para sacar el permiso y poder vender dentro del concierto”, razón por la cual Marina estaba debajo del puente de Simón Bolívar. Allí, en medio de la suciedad que no se logró limpiar, ella vendía bolsas de agua a mil pesos, bolsas que generalmente, se conseguían por la mitad del precio. 

A los espectadores del concierto y a los vendedores ambulantes los separaba un corredor donde estaban ubicados algunos policías, entonces, la misión de los últimos fue de intermediarios. “Dos bolsas de agua” pedía alguien que con su mano estirada soportaba un billete de dos mil pesos. El billete era recibido por un policía o por alguna persona que en ese momento pasara, lo entregaba al vendedor, recibía las bolsas y las entregaba al destinatario. Esta situación se repitió todo el tiempo, mientras Sanz, Bosé o Juanes brindaban un espectáculo histórico. 

Mas atrás de los vendedores estaban varios niños que no entendían muy bien quiénes estaban cantando, pero para ellos ‘Paz sin fronteras’ también era todo un espectáculo para vivir porque por primera vez veían medianamente limpia la ribera del río Táchira. Entonces ahí aprovecharon para jugar con los claveles blancos que sobraron de los arreglos del puente Simón Bolívar.

El lugar de los desmayados

En la parte de abajo del puente, al frente de la tarima estaba un callejón disponible para los periodistas que fueron al evento. Ese callejón antes de comenzar el concierto, se convirtió en el sitio donde los miembros de la Defensa Civil y la Cruz Roja evacuaban a las personas desmayadas, que en su mayoría eran mujeres adolescentes.

El lugar escogido como zona de rehabilitación fue nada mas y nada menos que debajo del puente Simón Bolívar, situación que dejaba a los accidentados exactamente debajo de la tarima del concierto.

Finalizando la tarde

Poco después de las cinco de la tarde se acabó el concierto. El proceso de retorno a la ciudad se demoró porque las vías estaban cerradas para los carros, por lo cual a los espectadores les tocó caminar más de una hora para poder conseguir transporte.

Nuevamente la Autopista Internacional se convirtió en un río humano que siguiendo los consejos de los organizadores del concierto, estaban vestidos con camisetas blancas.

La opinión general sobre ‘Paz sin fronteras’ es que fue todo un éxito y que pasará mucho tiempo para que Cúcuta vuelva a vivir un concierto como ese. Luisa, una caleña que asistió al evento piensa que “a los presidentes les debe importar lo que el pueblo piensa. Si antes no les importaba, ahora si. Después de hoy no pueden volver a pelear, les tocará pensar más las cosas, pues se dieron cuenta el poder que tuvo la iniciativa de Juanes”.

No importó la demora, ni el calor intenso, ni la falta de agua o de comida. ‘Paz sin fronteras’ partió la historia de Cúcuta en dos.

Por Lilian Contreras

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