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Música 8 Nov 2012 - 9:00 pm

Los sonidos de la tempestad

Bob Dylan y su última obra: 'Tempest'

Alusiones bíblicas, historias de pueblos perdidos y el hundimiento del ‘Titanic’ son algunos de los temas de las canciones del disco.

Por: Juan Felipe Gómez *
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Bob Dylan ha tenido que aclarar que Tempest (Columbia Records, 2012) no es el último álbum de su carrera. Lo anterior debido a los rumores que relacionan el título del trabajo número 35 del cantautor con la última obra escrita por Shakespeare (La tempestad). Son dos títulos diferentes, ha dicho Dylan, dejando sin fundamento cualquier presagio.

Hecha esta aclaración, los devotos del poeta de Duluth pueden entregarse al deleite de escuchar una a una las diez canciones que componen el disco y encontrarse con un Dylan vital como compositor y que no teme seguir mirando hacia atrás para hacer la música que quiere.

Es posible que madurez no sea la palabra precisa para calificar el momento al que ha llegado Dylan con su música. No bastaría para describir la complejidad de una obra llena de matices y que en pleno siglo XXI puede volver a las raíces sin sonar anacrónica.

El nuevo álbum aparece cuando se cumplen cincuenta años de su debut, con setenta y uno vividos y ya convertido en una leyenda, motivos más que suficientes para conmocionar el panorama musical y dar de qué hablar a sus fieles seguidores y, claro, también a sus detractores.

En estas diez nuevas canciones, Dylan aplica toda su capacidad poética y narrativa para contar historias completas con el tono acompasado y la voz desgarrada que evocan el blues clásico del que siempre se ha nutrido, sin que las melodías y las letras sean necesariamente melancólicas.

Abre el disco la jovial Duquesne Whistle, primer sencillo con video en el que vemos una conquista infructuosa con tintes tragicómicos y donde aparece Dylan recorriendo las calles de una ciudad a la cabeza de una pandilla singular. Se trata de un inicio entusiasta y cálido para un disco que la crítica ya ha calificado como el más “oscuro” de los realizados por el señor Zimmerman en los últimos años.

Soon After Midnight aparece como una balada breve y honesta donde todavía no cuajan las virtudes generales del conjunto. Tendremos que llegar hasta los cortes tres y cuatro para encontrarnos con el narrador hipnótico que nos conduce por el desierto en Narrow Way, y el desarraigado que evoca un amor perdido y mejores tiempos en Long and Wasted Years.

Se suceden entonces los mejores momentos del álbum con la furiosa Pay In Blood, declaración en contra de toda corriente moralizadora, y Scarlet Town, una joya de siete minutos que retrata un enigmático pueblo ubicado bajo una colina.

Con claras alusiones bíblicas, Early Roman Kings nos muestra el lado más blues del álbum, con un sonido que recuerda a Mannish Boy de Muddy Waters. La muerte también aparece y al final de la muy bien lograda historia de Tin Angel se hace a la vida de tres amantes.

Cierran el álbum las dos canciones con mayor carga histórica y simbólica, y que funcionan como minuciosas crónicas de un momento y un personaje que marcaron el siglo XX. Cien años después del hundimiento del Titanic, Dylan evoca magistralmente el hecho en la canción que le da título al disco. A lo largo de casi catorce minutos y cuarenta y cinco estrofas brilla todo el talento poético del cantautor acompañado de un grupo de cuerdas que por momentos nos ubica en la cubierta del gran barco al lado de la orquesta que toca hasta el final.

No menos emotivo es el homenaje ofrecido a John Lennon en Roll On John, una canción que treinta años después del asesinato del beatle alude a momentos fundamentales de su vida como la formación de The Quarrymen, su primer grupo, y hace referencias a algunas de sus grandes canciones con el cuarteto como Come Together y A Day In The Life.

Aunque la imagen de portada (fotografía rojiza de una estatua en Viena tomada por Alexander Längauer) resulte algo apocalíptica, sabemos que en el universo musical de Dylan aún no hay atisbos del final, por muy recia que se vea la tempestad.

 

* Colaborador de El Magazín.

‘Tempest’ y la crítica

Tempest es el trigésimo quinto álbum de estudio del músico estadounidense Bob Dylan. Igual que los álbumes Together Through Life y Christmas in the Heart, ambos publicados en 2009, Tempest se grabó con el respaldo de los músicos habituales en su gira, en los estudios de grabación Groove Master de Santa Mónica (California), propiedad de Jackson Browne, y con la colaboración del músico David Hidalgo, de Los Lobos. Desde su publicación, la mayoría de la crítica musical describió Tempest como una de sus mejores obras. En su reseña para la revista Rolling Stone, Will Hermes describió el sonido como “el álbum más oscuro del catálogo de Dylan”. Randall Roberts destacó la lírica de Dylan en Los Angeles Times, diciendo: “Pocos escritores americanos, salvo Mark Twain, han hablado con tanta elocuencia y consistencia a un ritmo tan rápido y honesto, y la evidencia continúa en Tempest”.

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