Adiós a la princesa Leia Organa

A la edad de 60 años murió la actriz estadounidense Carrie Fisher después de haber sido remitida a cuidados intensivos por sufrir un infarto en un vuelo que iba de Londres a Los Ángeles.

Un día se definió a sí misma como “un producto de la endogamia hollywoodiense. Cuando dos celebrities se aparean, alguien como yo es el resultado”. Carrie Fisher, quien murió ayer a los 60 años en Los Ángeles, California, tuvo que lidiar con el peso de la fama heredada. Desde pequeña sus padres la mantuvieron ligada a todo lo que tenía que ver con el espectáculo y las luces. Hija del cantante Eddie Fisher y la actriz Debbie Reynolds, Fisher no alcanzó, siquiera, a ver a sus padres juntos: ambos se separaron cuando ella tenía apenas dos años.

Hubo versiones que suponían que sus condiciones psicológicas se debían a la turbulenta relación que tuvo con su familia. Luchó durante años contra un trastorno de bipolaridad y su adicción a las drogas y el alcohol.

Todo comenzó en 1977. Carrie Fisher haría el papel que marcaría por siempre su vida: la princesa Leia Organa. Tenía 21 años, había comenzado a acercarse al cine en producciones junto a su mamá y quería comerse el mundo: “Tenía toda la energía para hacer algo grande. Nunca imaginé que sería algo estelar”, comentó un día Fisher. Un día de mayo, Fisher fue a un casting para dos producciones: una de la que no sabía, siquiera, cómo la harían y otra más tradicional.

Para convertirse en la princesa, Fisher tuvo que hacer un casting frente a George Lucas y Brian de Palma que preparaba su largometraje Carrie (basado en la novela homónima de Stephen King). Fue escogida junto a Sissy Spacek.

El resto se sabe: éxito total, boletería agotada, el nacimiento de una leyenda. Vinieron las secuelas de la cinta El Imperio contraataca (1980), El retorno del Jedi (1983) y, 32 años más tarde, El despertar de la fuerza (2015).

Su salto a la fama con Star Wars le permitió aparecer en Broadway, trabajar con directores de la talla de Woody Allen y acercarse a las drogas: lo que había comenzado por la marihuana a los 13, pasó a la cocaína a los 19. Su adicción llegó hasta tal punto que su madre, Reynolds, se vio obligada a pedir a sus amigos que intervinieran. Cary Grant fue el encargado de darle la charla a la joven Fisher sobre por qué debía admitir que tenía un problema con las drogas.

En una de sus entrevistas más recientes y reveladoras en octubre de 2010, mientras se encontraba en Sídney, Australia, confesó su fuerte adicción a la cocaína durante el rodaje de Star Wars: el Imperio contraataca (1980) y que sobrevivió a una sobredosis. “Poco a poco me di cuenta de que estaba usando las drogas un poco más que otras personas y que estaba perdiendo mi control sobre ellas (...). Le di tanto a la cocaína en Star Wars que incluso John Belushi me dijo que tenía un problema”.

Ayer, en horas de la tarde, la familia de Fisher confirmó su deceso en un comunicado enviado a la revista People. El portavoz de la familia, Simon Halls, asegura: “Con gran tristeza, Billie Lourd confirma que su querida madre, Carrie Fisher, ha fallecido a las 08:55 de esta mañana. El mundo la amaba y se le echará profundamente de menos. Nuestra familia al completo les da las gracias por sus pensamientos y sus oraciones”.

Fisher estuvo ingresada en el centro médico de la UCLA, en Los Angeles, tras sufrir un paro cardíaco el pasado viernes mientras volaba de Londres a la ciudad californiana. El infarto le sobrevino minutos antes del aterrizaje y, pese a la atención inmediata, la actriz llegó al centro médico en estado crítico y horas más tarde fue trasladada de urgencias a la unidad de cuidados intensivos.

Carrie Fisher se encontraba en Londres promocionando su último libro, The Pricess Diarist. Como gran parte de sus obras, esta también es semiautobiográfica, basada en los diarios de sus comienzos como actriz en una saga que la lanzó al estrellato con sólo 19 años y de la que nunca pudo librarse.