18 Mayo 2013 - 9:00 pm

Eva Hughes, un referente de la moda

La responsabilidad del poder

Directora de la revista ‘Vogue’ para Latinoamérica durante 10 años, estuvo en Colombia como jurado del Premio de Diseño Mario Hernández y aseguró que hoy la moda es para ella un placer.

Por: Rocío Arias Hofman
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Eva Hughes defiende la relación íntima que existe entre la moda y la mujer. / EFE

La actual CEO de la empresa editorial Condé Nast y quien fuera directora de Vogue para México y Latinoamérica durante diez años, Eva Hughes, estuvo en Bogotá como jurado del Premio de Diseño Mario Hernández.

Aunque inició su carrera periodística en el canal de televisión PBS, la vida profesional de Eva Hughes (San Sebastián, España, 1973) ha estado apuntalada por un factor geográfico —la parte central y sur del continente americano— y el ejercicio del periodismo de moda en un medio concreto —las revistas especializadas, su gran pasión—. Dos elementos sostenidos en su vertiginosa carrera. Quizá por eso resulte moldeada de manera tan impecable como lo suelen ser los vestidos que ajusta sin pliegues, salvo los de la seda, sobre su cuerpo.

Habla con precisión de cirujana y se reserva el derecho de no nombrar en público a los diseñadores que están marcando la temporada. Su labor editorial ha consistido durante años en saber observar e intuir. Por eso desde las ediciones mensuales de Vogue para México y Latinoamérica han pasado por sus manos suplementos de la misma revista y el libro retrospectivo La mirada de Vogue: dos siglos de moda, convertido también en una exposición itinerante por varios países de la región. Eva Hughes está radicada en México D.F. y es viajera de muchas ciudades, sin perder nunca la noción de que ella es simplemente Eva. Ahora está enfocada “en los números” —como afirma riendo—, para adelantar operaciones estratégicas de la afamada casa editorial neoyorquina. Sin embargo, su nueva responsabilidad no ha desdibujado tres esenciales, los famosos must: adora los bolsos, conserva el delantal con el que hizo labores sociales en un hospital para niños en el sur de la Florida y disfruta reviviendo prendas de otras épocas.

Se declara devota de la alta costura por cuenta de la calidad intrínseca en cada prenda. Por eso devela el abismo al que se asoma una mujer cuando tiene oportunidad de llevar y gozar un traje impecablemente cortado de alguna reconocida casa de modas. Admite que ahí no hay marcha atrás, aunque la industria ofrezca marcas que logran acercar de manera masiva la moda al público.

Antes que nada, quisiera saber qué norte se fijó durante los diez años que ejerció como directora de ‘Vogue’ para darle un rumbo editorial propio a la revista.

Fue un desafío muy importante, por definir una línea editorial y un lenguaje dirigido a mujeres de culturas muy diferentes. En Miami tuve la fortuna de absorber justamente esa mezcla: conversando, almorzando, departiendo con personas de tantos países distintos. Todo eso fue fundamental para hacerme caer en cuenta de cuál debía ser la voz de Vogue. Ahora, por ejemplo, vamos a hacer una edición especial dirigida a Colombia, para fortalecer nuestra relación con el consumidor final. Será realidad en septiembre de 2013. Esperamos tener una relación mucho más cercana, aunque ya habíamos estado presentes con un stand en Colombiamoda. Deseamos hacer algo mucho más amplio y preciso, con un equipo periodístico propio. Incluso me acaban de entregar las llaves de la oficina que acabamos de abrir en Bogotá.

¿Cuál es la mejor preparación que deberían tener los periodistas para abordar los temas relacionados con la industria de la moda?

Es cierto que tengo que manejar muchas revistas y debo acercarme a variados equipos editoriales. La responsabilidad periodística es enorme. Eso significa tener respeto por los lectores. Nuestra obligación es dar la mejor calidad. Si no lo logramos, es mejor retirarnos. Hay mucha gente que dice que es experta en moda, pero a la que no le gusta la moda. Eso nos ha llevado a buscar gente que se instruya sobre la moda y en español. La influencia anglosajona es tan fuerte que se requiere mucho trabajo para formar. Mi frase favorita es del Hombre Araña: “Con un gran poder viene una gran responsabilidad”.

¿Dónde está el mayor obstáculo, la trampa que no vemos y que puede convertir una propuesta buena en una noticia inocua?

Eso sucede cuando te cierras a una idea, cuando crees que tu punto de vista es mejor. Hay que estar abiertos a lo diferente porque, si no, te pierdes las mejores oportunidades. El día que crees que eres el mejor periodista de moda, estás perdido. Recuerdo la manera en que, siendo directora, molestaba mucho a mi jefe de arte sobre las polémicas que me parecía convenientes suscitar alrededor de nuestras portadas del mes con personas ajenas al mundo de la moda, del área administrativa, por ejemplo. Es fundamental saber escuchar.

La mirada sobre el pasado es algo que reivindica el lenguaje de ‘Vogue’. Basta adentrarse en la más reciente portada de mayo, con la actriz Carey Mulligan en su papel de protagonista de la película ‘El gran Gatsby’, todo un recorrido de moda por los años 20. ¿Cómo valora usted esa vuelta permanente al pasado?

Valoro mucho el pasado, cada vez que puedo retorno a él. Dice un proverbio chino que “no se puede mirar al futuro sin entender el pasado ni vivir el presente”. Me gusta promover la idea de hacer guiones para trazar un vínculo entre épocas pasadas y la actualidad. Trajes sastres, minifaldas, el estilo punk, todos ellos han marcado nuestra sociedad a lo largo de la historia.

Desde la atalaya que le da su responsabilidad ejecutiva en Condé Nast, ¿cómo le gusta definir la moda?

Desde mi nuevo puesto vivo la moda, pero estoy alejada de ella. La siento desde una perspectiva diferente, pero la disfruto mucho más. Resulta una paradoja, pero ahora ya no recibo la extraordinaria presión editorial que tenía. En este momento me divierto con la moda. Para mí, la moda es sobre todo un placer. Me gusta comprar y seguirla. La moda es también un arte y cada día la valoro más como tal, aunque sea claramente un objeto de consumo. La mujer y la moda tenemos una relación más profunda y emocional de lo que podamos imaginar.

En cuanto a los retos que tengo por delante, se trata, sobre todo, de llegar a posiciones de liderazgo y expansión en países claves que están experimentando gran desarrollo, como Chile, Colombia y Perú. Tenemos que traer nuestros sitios web a la región y plataformas de eventos claves como los premios de GQ, los Premios de Belleza de Glamour, etc. No podemos estar en todas partes, pero sí tener el foco puesto en cinco objetivos. Eso lo puedo lograr con un equipo maravilloso, integrado y muy leal.

¿Cómo se llega a un estilo propio teniendo en cuenta que las prendas son accesibles para muchas mujeres, no para una sola?

Le voy a contar una anécdota personal. Hace unos años fui a una fiesta en una embajada en México. Era un vestido estampado de Diane von Furstenberg, imposible pasar inadvertida. Y de pronto llegó una invitada con el mismo vestido que yo llevaba. Me di cuenta de que todo se trataba de cómo lo portas y lo que proyectas. Esa vez, yo había añadido unos leggings y una chaqueta muy particular. Ella había elegido una chaqueta completamente distinta. Cada una lo presentaba de una manera diferente. El valor está en cómo lo combinamos, cómo manifiestas tu personalidad a través de la moda. La moda es una cuestión de interpretación. Mi estilo está claro: no llevo vestidos por encima de la rodilla, por ejemplo.

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